“No queremos ser una menos”, se titula la carta que Emiliana Gónzalez decidió hacer pública y comienza de manera contundente: “Mi hija y yo somos víctimas de violencia de género”.

En la carta la mujer de 33 años relata con detalles todo lo que le tocó vivir desde que decidió cortar la relación hasta hoy. Y su historia tiene dos caminos en la justicia: por un lado, las denuncias penales y las órdenes de restricción y por otro, la marcha de la Justicia de Familia que intenta sostener la relación de padre e hija.

“Tomé la decisión de hacerlo público, aprovechando el 8 M para poner en conocimiento a otras mujeres y que no callen este tipo de situaciones. Se crea un circulo vicioso y emocional del cual es difícil salir y hablar, pero hay herramientas por parte del Estado, de amigos y de familiares”, le cuenta Emiliana a 0223“Él ya era alcohólico. Y siempre se imponía fechas límites. Tal fecha comienzo en Alcohólicos Anónimos. Tal fecha arranco el psicólogo”, agrega.

Sin embargo, cuando nació Agustina la situación de violencia se incrementó y pasó al plano físico. “En una ocasión me golpeó, me tiró contra las paredes de mi casa, rompió todo y hasta le tiró una silla encima a nuestra hija que se encontraba durmiendo. Ese día fue un infierno, logré tomar el teléfono y llamar a la policía. Empeoró su furia pero logré que se vaya. No dejan de retumbar en mi mente sus últimas palabras: Vos sos mi mujer y hago lo que quiera con vos y mi hija, las voy a matar”, escribió Emiliana.

Además de las denuncias penales, inició una demanda por régimen de comunicación para que el papá de Agustina pueda mantener el contacto con su hija pero controlado. Así, se llegó a un acuerdo en el Juzgado de Familia 3: un día a la semana la veía con una psicóloga y un día del fin de semana podía llevarla al shopping o un lugar público durante dos horas.

En una de esas visitas, en enero último, tras el encuentro, Emiliana fue a comer con Agustina al Centro Comercial del Puerto. “Él nos ‘encontró’ (ya que no puedo inferir que nos haya perseguido), sin importarle la orden de restricción, se acercó y nuevamente nos amenazó”, dijo la joven.

A partir de ese momento, se suspendieron las visitas asistidas. “No se puede permitir que siendo yo la persona víctima de violencia de género sea yo misma la responsable de garantizar el régimen asistido”, razonó Emiliana, quien está siendo asesorada por el estudio de la doctora Patricia Perelló.

La carta de Emiliana tiene un final claro: “No queremos que está carta se dé a conocer cuando pase una fatalidad, no quiero que mi hija piense que no hice todo lo posible. Ya no sé qué más hacer. Hacerlo público me pareció una buena idea, decirle a las mujeres que están en situaciones similares ‘no están solas’. El lema de mi hija y mío es ‘No queremos ser una menos’”.