La insólita historia de una banda narco que protegía la droga con "magia" y cayó por un malabarista
La organización fue desbaratada a partir de un operativo realizado por Gendarmería en en la Ruta Nacional 9, en Jujuy, en el cual se secuestraron 58 paquetes con más de 61 kilos de cocaína.
Un operativo de Gendarmería Nacional en la Ruta Nacional 9, en Jujuy, permitió desbaratar una organización dedicada al tráfico de cocaína que tenía un modus operandi fuera de lo común.
Al requisar un vehículo el 18 de julio pasado, los efectivos de la Unidad de Investigaciones Judiciales Salta encontraron 58 paquetes de droga acompañados de elementos rituales: una foto de un difunto, una pata de gallina, huesos amarrados, una piedra envuelta en un trapo rojo y sangre de animal, todo dispuesto como parte de un amuleto de protección.
La investigación perseguía desde hacía meses los pasos de la banda de El Padrino, un poderoso capo narco de Cochabamba, Bolivia, quien confiaba en que sus cargamentos traspasaran la frontera sin ser detectados gracias a los "trabajos mágicos" que le encargaba a curanderos o brujos locales.
Además, el líder de la banda elegía momentos específicos para realizar los envíos, como días feriados o aquellos en los cuales jugaba la Selección Argentina en la Copa del Mundo 2026, aprovechando que la atención de las personas y de los efectivos de seguridad estaban en la pelotita.
La caída de la estructura delictiva se produjo por un detalle curioso: un malabarista que trabajaba en la zona fue el elemento que permitió a los investigadores conocer los movimientos de la banda, reconstruir la dinámica de los envíos y dar con el vehículo que transportaba la droga, que pesó en total 61,5 kilos.
La "pata" argentina de la organización
La cocaína ingresaba al país a través de pasos no habilitados, desde Casira, en Bolivia, hacia paraje Casira, en Argentina, y para ello se utilizaban mochileros.
Ya en Argentina, la droga se ocultaba en los torpedos y zócalos de la flota de vehículos, integrada por camionetas, autos y camiones, para su traslado, principalmente, al sur del país. En esta instancia también sucedía la "magia": los trabajos de brujos y curanderos para "proteger" las cargas.
Un policía en actividad, otro ya retirado y un interno del Complejo Penitenciario Federal NOA compartían la titularidad de vehículos que se utilizaban para trasladar la cocaína. Algunos familiares de estas personas, hermanos, cuñados, sobrinos y padrastros, tenían cédula azul para conducirlos.
Las escuchas telefónicas realizadas por las autoridades arrojaron que las decisiones sobre fechas de traslado las tomaba el recluso, utilizando códigos como "calendario libre" para referirse a días feriados o partidos de la Selección.
Y aquí es cuando toma especial importancia la participación del malabarista encubierto, quien permitió "atar cabos sueltos" porque las escuchas no daban referencias concretas y resultaron insuficientes.
Este recurso permitió "mapear" el trayecto de los vehículos y un operativo de Gendarmería, en el cual se incautó 45 vehículos en un galpón, dinero en efectivo (pesos y dólares), 24 celulares y armas de fuego. También se detuvo a 5 personas, entre ellos a El Diablo, responsable de la custodia física de los cargamentos.

