Por María Helena Ripetta
@mhripetta

Del otro lado del teléfono ella atiende, pide disculpas por no haberlo hecho antes, no se sentía bien. Su voz es suave, tranquila pero también refleja que está desgarrada. Graciela, la mamá de Fernando Báez Sosa, asesinado el 18 de enero a golpes en Villa Gesell, dice "acá estamos, en la lucha". Con su marido Silvino, se acompañan, se cuidan, se contienen. Al inmenso dolor se sumó la cuarentena. Silvino está dentro del grupo de riesgo porque fue trasplantado de riñón.

En la misma semana en que se cumplieron diez meses del crimen, la Fiscalía hizo el pedido de elevación a juicio para los rugbiers acusados.

"Era lo que veníamos esperando. De la Fiscalía me había comentado lo de los asesinos de Fernando. Pensamos que es un buen inicio para que se haga justicia por nuestro hijo", dice Graciela a Crónica. "Tenemos que estar fuertes para el momento que estemos delante de esos asesinos, vamos a estar presentes en el juicio, va a ser muy duro", dice la mamá.

"Ya estaba muerto y lo seguían pateando. Pasaron diez meses. Pero para nosotros es como si fuera ayer. No hay marcha atrás, tenemos que convivir con el dolor, pero es muy difícil", cuenta Graciela, que volvió a trabajar.

Con su novia Julieta Rossi. Fue el primer novio de ella.

"Cuido a personas adultas y mi marido trabajaba en la construcción, ahora se fue la encargada del edificio y se lo ofreció a él. Me hace bastante bien ir a trabajar. Me despeja un poco la cabeza. Cuando Silvino estaba trabajando y yo no, lloraba todo el tiempo. Ahora vuelvo caminando, tardo una hora y media, puedo dormir sin tener que tomar nada. Estamos pensando en la posibilidad de hacer terapia", sostiene con una voz muy dulce pero atravesada por el dolor.

Y dice: "Nos cuesta mucho, nos preguntamos por qué nos pasa todo esto, qué hicimos mal. Cuando nos sentamos a almorzar nos contamos anécdotas, pero terminamos llorando siempre. Lo entrañamos mucho".

Señala que los fines de semana son aún más difíciles. "Sábado y domingo no trabajamos y era encuentro familiar. Desayunábamos, almorzábamos y cenábamos juntos. Nos quedamos muy solos. En la cuarentena estuvimos encerrados. Nos cuidamos muchísimo. A través de las redes estuvimos comunicados con la familia y los amigos. La mayoría de nuestra familia esta en Paraguay, tal vez después del juicio vayamos unos días", dice la mujer a quien le mataron a su único hijo.

Los ocho acusados del crimen de Fernando Báez Sosa que serán enjuiciados.

Los papás de Fernando no desarmaron su cuarto. "Sigue cada cosa en su lugar. Su cama la arreglo todos los días, está la colcha blanca, que era la que más le gustaba. Venía todo sucio de jugar al fútbol y se tiraba arriba", recuerda y es el único momento en que su voz tiene un tono de alegría, que se va en segundos.

"Lo mataron a traición. Son chicos que estaban preparados para matar. Es una lástima que se hayan cruzado en el camino de mi hijo, que sólo iba a divertirse. Tengo muy presente ese día que se fue, cuando cargaba su bolso. Había desarmado el arbolito antes de irse. Yo le dije 'yo lo saco después'. Pero me respondió 'lo tengo que hacer yo'. Se puso con Julieta (la novia de Fernando) a desarmarlo. No creo que pueda volver a armarlo, me costaría mucho, siempre nos ayudó a hacerlo", recuerda. Hace unos días se encontraron con Julieta para ir al cementerio, "estuvimos juntos ahí".

"Hay momentos que con Silvino podemos recordarlo con una aire de alegría. Pero dura segundos, enseguida pienso que no va a volver, es desgarrador. Éramos tres, después, con Julieta, cuatro. De repente este departamento quedó vacío", sostiene.

Fernando estaba siempre dispuesto a hacer trabajos solidarios.

En ese sentido, continúa: "Es los que nos tocó y va a ser para siempre así. Sólo espero justicia ejemplar. Fernando era un chico solidario, humilde, honesto, estudioso. Era alegre, lleno de vida. Iba a jugar al fútbol, volvía todo lastimado y al día siguiente volvía a ir. El fútbol era su pasión. Era de Boca, pero nunca fue a la chancha, sólo la vio de afuera. Estudiaba para ser abogado. Todos sus sueños fueron truncados".

"Por la fe que tenemos sentimos que nos acompaña y nos da fuerzas para seguir adelante. Tenemos fe en Dios, rezamos para que nos dé fuerza, no nos queda otra que seguir. Que el juicio se haga rápido, sentir un poco de calma, aunque no nos va a devolver a nuestro hijo. Todos son asesinos, todos lo atacaron sin piedad y de manera cobarde. Que los jueces tomen conciencia, que la justicia sea justa y severa. Espero la perpetua y que la cumplan sin beneficios", sostiene.

Y concluyó: "Estamos muertos en vida. Uno vive por vivir, nada tiene sentido. Nuestra única meta en este momento es que los asesinos sean condenados. Más difícil que esto no puede haber, no hay cosa peor que nos pueda pasar. No tengo miedo a nada. Sólo pido fuerzas para enfrentarlos".

Por M.H.R.

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