El embajador argentino en Alemania, Edgardo Malaroda, y su esposa Verónica Albanesi fueron denunciados por corrupción y maltrato laboral por parte de un chofer, una mucama y un mozo de la sede diplomática. "Esta es mi casa, y acá se hace lo que yo diga", le habría advertido a los empleados la mujer.

"Por la presente me gustaría dejar en claro los actos no propios de una relación laboral que estoy sufriendo desde la asunción de funciones del nuevo Embajador Edgardo Mario Malaroda, específicamente desde la llegada de su señora esposa a la Residencia Oficial, cuyas acciones han creado repetidas complicaciones cotidianas y dificultan y hasta imposibilitan mi normal desempeño", señala unas de las denuncias que fue presentada por el chofer Darío Rabilero Campos, que trabaja desde hace 14 años en la embajada.

Además del uso del vehículo oficial para llevar a los hijos del embajador al colegio, el escrito asegura que Rabilero Campos fue obligado "en reiteradas oportunidades a cargar el auto particular del Embajador con la tarjeta de cuenta corriente de la empresa Shell de la Embajada". Esto, según la presentación, "puede ser fácilmente comprobable en los estados de cuenta de dicha empresa, ya que la totalidad de la flota automotor de la embajada funciona a diésel y el auto privado del embajador, a nafta".

El texto también sugiere que podría haber irregularidades en los gastos por comida, ya que "ningún miembro del personal de servicio tenemos la oportunidad de recibir algún tipo de comida o alimento durante nuestra jornada laboral. Llegaron a prohibirnos hasta recoger una manzana del árbol del parque de la casa. Eso no coincide con los cientos de euros que he oído se contabilizan mensualmente en la administración bajo el rubro 'Comida exclusivamente para el personal de servicio'. Si ninguno de nosotros recibe esa comida, ¿quién se beneficia usando nuestros nombres?", declaró el chofer según Infobae.

En cuanto al "hostigamiento psicológico hacia todo el personal", la denuncia apunta fundamentalmente contra la esposa del embajador y el jefe de personal, Eduardo Lorenzo, quien sería amigo de Malaroda. La presentación habla de "gritar y tratar de manera ofensiva al personal de inferior jerarquía", "extensión de horario laboral por motivos infundado o arbitrarios, como conducir a la señora Albanesi a turnos médicos en días feriados""amenazas repetidas con despidos infundados" o la prohibición de caminar por el jardín de la Residencia.

"Un día subí desde el subsuelo a la cocina a buscar un vaso con agua. La señora Albanesi estaba allí y me miró con cara de reproche. Ese mismo día, al llegar a la embajada, me citó el Jefe de Personal y me ordenó no subir nunca más a la cocina de la residencia oficial y sólo permanecer en el sótano. Le contesté que para cumplir esa orden al menos deberían colocar vasos, cubiertos y/o platos en el subsuelo para la 'servidumbre', como nos llaman ellos", sostuvo el chofer.

Los escritos del chofer, la mucama y el mozo fueron enviados al Director General de Recursos Humanos del Ministerio de Relaciones Exteriores y el canciller Jorge Faurie ya estaría al tanto de las mismas, en medio del marco de elecciones de embajadores que el ministro debe enviar al Senado. Malaroda es uno de los candidatos, y a diferencia de otros nunca estudió en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación. Su carrera en Cancillería comenzó al fusionarse una parte del Ministerio de Economía, que después Cristina Kirchner le quitó para conferirle más poderes al ex supersecretario de comercio Guillermo Moreno