Por Alicia Barrios 
abarrios@cronica.com.ar 

El 8 de diciembre, el Día de la Virgen, se producirá un milagro: Mauricio Macri y Alberto Fernández irán juntos a la ceremonia. La celebración estará a cargo de monseñor Oscar Ojea y el arzobispo de Mercedes-Luján, monseñor Eduardo Schering. Una señal de armonía, que no solo le hará bien a Bergoglio sino a todos los argentinos que están invitados.

La Virgen de Luján es una de las devociones del papa Francisco, quien no sólo le rezaba aquí sino que lo hace en la intimidad de Santa Marta. Siempre puso en sus manos a la Patria. Su última homilia, antes de irse a Roma el 8 de diciembre de 2012, fue ante una multitud que había caminado 60 kilómetros para llegar, de la cual participaron más de un millón de jóvenes.

La Virgen de Luján es una de las devociones del papa Francisco, quien no sólo le rezaba aquí sino que lo hace en la intimidad de Santa Marta.

En esa oportunidad pidió "aprendamos todos a trabajar por la justicia y para esto que siempre tengamos un corazón abierto". "No nos sueltes la mano", murmuraba una y otra vez. "Madre, queremos una patria para todos, que todos tengamos cabida. Que no haya sobrantes, ni excluidos, ni explotados". Sin que le tiemble la voz dijo: "Sabemos en quien ponemos nuestra confianza".

Su devoción por Luján fue un amor a primera vista cuando era alumno de una escuela salesiana, a la que entró cuando tenía 12 años, "de ahí mi fe en ella". Siempre le ofrendaba flores. Se ha llegado a postrar a sus pies concentrados en la oración: "Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea. Pues todo en Dios se recrea en tan grandiosa belleza. A ti, celestial princesa, Virgen Sagrada Maria, yo te ofrezco en este día, alma vida y corazón. Mirame con compasión, no me dejes madre mía".

Parece que fue ayer. Argentina, levántate y camina.