Por Gabriel Calisto
@gcalisto

Polémica. Histriónica. Showwoman. Diputada. Rosquera. Tótem contra la corrupción. Denunciadora serial. Todo eso y mucho más puede decirse de Elisa Carrió, la mujer que construyó desde su banca legislativa un poder inédito en el país.

Durante su paso por el Congreso, redactó algunas de las iniciativas más destacadas en el campo social y judicial, como la asignación universal que el kirchnerismo transformaría en ley, o proyectos para eliminar los decretos de obediencia debida y punto final. También firmó el texto del 82% móvil para jubilados, que se aprobó y fue vetado a fines del 2010, formó parte de la Asamblea Constituyente que reformó la Constitución en 1994, y lideró la comisión antilavado de fines de los 90, que involucró a grandes empresarios y banqueros en delitos. Fue amiga de Cristina Kirchner en el Parlamento y enemiga acérrima de su gobierno.

Durante 25 años, Lilita formó parte del juego grande de la política, con creciente protagonismo. La presidencia fue el gran objetivo que no pudo lograr en ninguno de sus cuatro intentos, y recién en sus últimos años saboreó el formar parte de un oficialismo, siendo la "aliada incómoda" de Mauricio Macri, que criticaba medidas y tildaba de imbéciles a sus ministros, pero supo poner el pecho para respaldarlo en los peores momentos de una gestión plagada de problemas y errores.

Su perfil crítico incluso hacia su propia conducción partidaria y sus planteos sociales la convirtieron en una referente de la centro-izquierda, desde donde comenzó un lento giro hacia la centro-derecha, terminando como aliada del hombre al que tantas veces había denunciado.

En 1995 llegó al Congreso de la Nación, apadrinada nada menos que por don Raúl Alfonsín, amigo de su padre. Seis años después dio un portazo de la Unión Cívica Radical para lanzar su propio espacio: "Argentina República de Iguales", el famoso ARI, un espacio que creció de su mano para luego extinguirse por su decisión. Años después el partido sería la Coalición Cívica, con el instituto Anna Harendt como think tank.

En el 2003, cuando era visible por el inmenso crucifijo que colgaba de su cuello, tuvo su primer intento por el sillón de Rivadavia, aunque terminó quinta con un 14%. Cuatro años más tarde, aliada al socialismo -que conquistaba Santa Fe y Tierra del Fuego- logró el segundo lugar, detrás de Cristina Kirchner. En el 2011 fue su peor performance: el 1,82% la jubiló de la política. Centró su campaña en las críticas a la presidenta, pero también a quien asomaba como posible contrincante desde la ciudad: Mauricio Macri. Cuatro años más tarde disputó la interna de Cambiemos, quedando relegada una vez más.

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