En un mensaje con críticas pero sin provocaciones, Alberto Fernández desplegó su agenda política de acercamiento hacia la oposición. Autodefinido como el presidente post grieta, el núcleo de su mensaje podría resumirse en una idea: airear a la democracia.

De ahí que uno de los cuatro dirigentes políticos que haya citado haya sido Raúl Alfonsín, a quien admiró y con quien ve coincidencias. Fernández está convencido que el país hizo demasiadas cosas mal durante demasiado tiempo, y aspira a ser parte de un nuevo camino. En ese contexto su referencia a “abrir nuevos cauces y desplegarlos” en la administración pública toma otro valor.

En esa línea también se pueden entender los Concejos que anunció: el Económico y Social el más grande, con presencia de empresarios y sindicalistas. Es un espacio que todos los presidentes anunciaron durante sus campañas y en sus primeros discursos, pero de díficil realización. Quizás el proyecto de ley y su sanción lo transformen en una realidad, necesaria. El de la administración del Estado en otro plano, apelando a optimizar los recursos. Y el de Malvinas, como una política irrenunciable más allá del partido que gobierne.

Sobre esa base de airear a la democracia se puede leer que hubo críticas a la administración saliente, pero sin chicanas. Fue duro con la deuda y el estado de la economía, a tono con la realidad, y marcó sus diferencias con el manejo de la Seguridad, otro sector clave. Más allá de eso, se tomó el tiempo para agradecer a los gobernadores por derogar el consenso fiscal (algo que pidieron los propios jefes provinciales, por cierto) y a los legisladores por aprobar la emergencia y otros proyectos enviados por el Ejecutivo. Les adelantó que necesitará “más respaldo en el futuro”, casi como un pedido.

Quizás en ese marco la preanunciada reforma a la Justicia pueda ser leído también como una ofrenda: así como desarmará los juzgados que encarcelaron a funcionarios kirchneristas, ese hecho al concretarse permitirá respirar aliviados a los que ahora son ex funcionarios, y saben que Comodoro Py los tiene en la mira. Ante la presión interna para liberar a los detenidos y el temor opositor de sumarse a esa listado, Fernández sale del laberinto por arriba, y promete terminar con una práctica que sólo ofrece satisfacción temporal al gobierno actual -sea cual sea-: la de investigar exclusivamente a los que ya perdieron el poder.

“En democracia, la mentira es la mayor perversión en la que puede caer la política. Gobernar no es mentir ni es ocultarle la verdad al pueblo. Gobernar es admitir la realidad y transmitirla tal cual es para poder transformarla en favor de una sociedad que se desarolle en condiciones de mayor igualdad”, dijo el presidente. Minutos más tarde diría “basta de secretos y oscurantismos” al destacar su enfrentamiento con “los sótanos de la democracia” y transparentar el rol de la ex SIDE, en otro gesto hacia la política judicial. La desclasificación de todos los documentos respecto del atentado a la AMIA es una demostración de ese compromiso.

El proyecto para legalizar, finalmente, al aborto fue también una demostración de la voluntad de honrar la palabra empeñada en la campaña, otro de los ejes de su discurso, atendiendo a uno de los reclamos más fuertes del presente que no elude la polémica.

El discurso, por último, tuvo mínimas menciones al FMI y dedicó las críticas más duras a los empresarios que remarcan precios -algo que compartió con todos los que lo precedieron en ese sillón-.

El cierre fue el resúmen de su intención: convocar a todos a cambiar las reglas del juego político que definió los destinos del país en los últimos años. “Como decía Manuel Belgrano, solo la unidad del pueblo “es capaz de sacar a las naciones del estado de opresión”. Y agregaba: “La unión es un valor inestimable en una nación para su general y particular felicidad””, aseguró.

“Entendamos, de una vez y para siempre, que en las crisis las banderías políticas deben ceder. Que todos los argentinos estamos a bordo de un mismo barco y que en la crisis, como supo decir Perón, para un argentino no pude haber nada mejor que otro argentino”.

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