La ministra de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la provincia de Buenos Aires, Estela Díaz, habló sobre machismo en el fútbol y entre las mujeres. También se refirió a la agresión de Leandro Santoro a Patricia Bullrich y a la necesidad de capacitar a toda la política, entre otras cuestiones.

¿Cómo sigue el trabajo de emergencia por la pandemia?

Estamos trabajando muy fuerte desde la pandemia, en las relaciones y la forma de ayudar a las víctimas de la violencia más directa. No es ninguna novedad además que la provincia ya venía con una necesidad de trabajo muy fuerte de las problemáticas, de hecho parte de la emergencia que fue el primer pedido del gobernador incluía a las cuestiones de género.

Mientras tanto seguimos desarrollando algunas de las líneas que teníamos preparadas, mientras algunas otras están suspendidas hasta poder desarrollarlas con toda la concentración sobre ellas, y con todo el equipo del Estado.

Suele ser difícil para un gobierno nuevo, y más todavía para un ministerio totalmente nuevo, mover los brazos del Estado. Lleva tiempo, ¿la pandemia en ese sentido les permitió instalarse con mayor plazo?

En algún sentido, sí, porque hoy tenemos una red muy desarrollada de llegada con las distintas políticas. Lo más visible es la cuestión de la violencia y la necesidad de evitar femicidios, pero tenemos un equipo muy diverso, y eso fue parte de nuestra misión, que involucra a personas trans, a diversos colectivos que esperaron durante años poder hacer políticas públicas. En ese sentido, tener un equipo de funcionarios que son militantes de sus causas ayuda mucho, porque no los frena nada. En otros aspectos, la pandemia nos complicó como a todos.

Pensá que estamos con el Presupuesto del 2019, donde este Ministerio no existía. Por eso, dependimos de la voluntad de otras áreas, como Justicia y Derechos Humanos que nos fueron haciendo lugar para montar la estructura de un ministerio, con sus direcciones y dependencias. Todo eso en el marco de un Estado que en muchos sentidos no puede trabajar con normalidad, con empleados haciendo trabajo virtual y otras cuestiones. Pero lo importante es que estamos en marcha, como te decía.

Kicillof habló al presentar el plan contra la violencia de género de la necesidad de salir de la deconstrucción personal y pasar al cambio colectivo

Sí, y eso es muy importante. Por eso hay un Ministerio. Es reconocer que el cambio que queremos como sociedad no pasa por el trabajo de una ONG o de la voluntad social, sino que las transformaciones las podemos y debemos impulsar desde quienes tomamos las decisiones y definimos políticas públicas. El programa "Comunidades sin violencias" dispone fondos para que cada municipio nos señale cuál es su área crítica y como trabajarla, desde la prevención a la capacitación. Y una parte también va destinada a dar herramientas para que las mujeres pobres puedan tener una salida laboral, que es fundamental.

Conurbano y fútbol

Y en ese sentido, ¿qué tanto tienen que trabajar hacia adentro del Estado y con los intendentes para abordar un territorio como el conurbano?

Mucho, porque es algo que todavía no se hizo nunca. Hoy tenemos prácticamente llegada a los 135 municipios, que obviamente tienen autonomía con lo cual todo se debe consensuar. Pero hay una gran predisposición de intendentes. De hecho, con las capacitaciones para funcionarios de la ley Micaela –que también es ley provincial, y tenemos el orgullo de contar con el padre de Micaela para dar las charlas- nos enfocamos en los altos mandos de cada dependencia. Porque son ellos quienes van a definir políticas y quienes deben impartir ese mandato a sus funcionarios, a los que llegaremos en una próxima etapa.

También hay muchos intendentes que saben que este tema no fue importante para ellos pero es un reclamo social, y nos piden ayuda con la mejor intención de aprender. Parte del cambio de este tiempo pasa por ese lado también, aquellas personas que convivieron con un esquema patriarcal reconocen que hay una necesidad de cambio y buscan la forma de hacerlo.

La ministra de Género bonaerense Estela Díaz, junto al gobernador Axel Kicillof y la vicegobernadora Verónica Magario.

La frase sobre el cambio colectivo me hizo pensar en las tribunas, donde seguramente muchos de los que van a la cancha ya sienten que las canciones no están bien, pero cantarlas también es parte de una pertenencia y una identidad muy fuerte…

Sí, y es un cambio muy profundo para hacer. Lo más difícil de cambiar en una sociedad son los hábitos, y más aún los colectivos con tan fuerte significado de pertenencia. Esa cultura del barrio, del grupo que hay en las canchas va a llevar mucho tiempo. Pero también estamos trabajando fuerte con muchos clubes, que por decisión propia nos convocan. Hoy muchos tienen su propio departamento de género, y eso está generando un cambio. Se ve con Gimnasia, con Estudiantes, con Boca

¿Dijo Gimnasia primero por alguna razón?

Sí, yo soy del Lobo. Pero acá hay transversalidad, y Estudiantes también está trabajando bien este punto. En eso me saco la camiseta.

Se vio con la denuncia contra Villa, que hubo un grupo de mujeres de Boca que plantearon reparos a como manejaba el club la situación…

Y es muy importante también que los medios lo hayan reflejado, que incluso los especializados hagan lugar a esas voces, porque también marcan ese cambio que decíamos antes: muchos sienten que las canciones que tienen tanta xenofobia, homofobia y tantos insultos ya no coinciden con su forma de ser. Y en algún momento eso se va a cambiar también. Pero también hay que decir que el fútbol es un caso, no el único. Empezamos el año con el asesinato de Fernando Báez Sosa, que llevó a repensar también mucho el rugby. Y eso pasa en otros deportes también. 

La polémica Bullrich-Santoro

En los últimos días hubo un fuerte repudio a Leandro Santoro por decirle “borracha” a Patricia Bullrich, ¿eso cuenta como violencia de género o es simplemente un ataque bajo a lo personal?

Yo con Patricia Bullrich estoy en las antípodas de todo. Quiero discutir todos los días de política con ella. Pero decirle “borracha” es desubicado y es bajo. No discuto políticamente hablando de si toma de más. No está bien. Y la cuestión de género está en que hay muchos borrachos dando vueltas por ahí y nadie les dice “borrachos”. Se lo dicen a una mujer.

Hubo otra polémica, de la tapa de la revista Caras, que usted también criticó. Y lo relaciono también con el mensaje que publicó Oriana Sabatini sobre sus dificultades con la imposición de la belleza femenina estereotipada

Sí. La revista hablando del cuerpo de una adolescente destacando que es “gorda pero feliz” es una forma de reafirmar esa mirada sobre el físico y de marcar cómo deberían ser los cuerpos. Lo de Oriana está en esa línea, porque ella reconoce que le costó. Y es muy importante que lo diga ella porque se ve desde una par para las chicas jóvenes, no es una funcionaria dando una charla. No es un padre, es alguien como ellas que también lo sufre.

Nosotros organizamos charlas con alumnos del secundario y en algunos lugares me contaban que en las escuelas todavía les piden a las mujeres que usen guardapolvos y a los varones no. Con todo lo que implica un guardapolvo como elemento de noramlización social, no tiene sentido. Entonces hablábamos de esa discriminación, de cómo ninguna regla la respaldaba. Por eso también es importante la Educación Sexual Integral, el cambio tiene que venir desde ahí. Desde la educación inicial, incluso.

¿Es cierto que si alguien crece en un hogar con violencia de género tiene muchas chances de reproducir esa violencia en su futura pareja o familia?

No es determinante, pero sí es un hecho que la violencia como forma de imponer poder es algo que se socializa, se aprende. Y si alguien creció con ese tipo de vínculo, puede pasar que después lo aplique a sus propias relaciones. Es muy frecuente. Por eso también una de las propuestas nuestras es que además de darle un botón antipánico a las víctimas de violencia le pongan una tobillera al agresor. Por dos motivos: uno, que si no la carga y la marca social queda en la mujer, y no corresponde; y además, porque si el hombre deja esa pareja y forma otra es probable que repita esa conducta violenta.

Parte del trabajo que tenemos que hacer tiene esos dos ejes: que sea el agresor quien cargue con la tobillera y no la víctima, y también trabajar en las formas de romper esa violencia: para las mujeres, con capacitación laboral, casas albergues y también con talleres colectivos para que sean las propias mujeres que sufrieron violencia quienes les marquen que se puede salir, que esa noción de amor romántico y familia perfecta no es una imposición por la que deban soportar estas cuestiones. Y para los hombres también con capacitación y mucha educación para salir de esa forma de ser.

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