Por Roberto Di Sandro
El Decano 70 años en la Casa Rosada
rdisandro@cronica.com.ar

Está cumpliendo 99 años. Nació un 7 de mayo de 1919. Su nombre, Eva Perón. Le dijeron, le dicen y le seguirán diciendo Evita.

La conocí personalmente en 1947, cuando ingresé a trabajar como cronista a la Casa Rosada. Tenía un despacho al lado de su esposo y Presidente de la Nación: Juan Domingo Perón. A su lado, en un gabinete más pequeño, se ubicaba su hermano: Juan Duarte. Le decía Juancito y una vez que fuimos convidados con una copa por fin de año. Juan Perón se aproximó y lo pude conocer. Evita le decía “cuidate” y añadía “salís todas las noches, tenés que cuidarte”. La primera dama se movilizaba dentro de la Casa Rosada -me refiero al primer momento en que la vi, con mis propios ojos- y se trasladaba de un despacho a otro que le habían instalado donde después estuvo la Vicepresidencia. Junto al balcón presidencial, en el cual hablaba siempre el líder de los trabajadores.

Los “grasitas”
Después ya pasó a trabajar directamente donde estaban las instalaciones del Concejo Deliberante porteño. Allí fuimos algunas veces. No siempre. Pero en la Casa Rosada también recibía gente. Venían de todos lados del país. Hasta el propio Oraldo Britos, años más tarde ferviente militante del peronismo puro y de Evita, se vino en bicicleta desde Santiago del Estero para conocerlos. Muchos hicieron lo mismo. La Casa Rosada se llenaba de visitantes que traían sus problemas, sus conflictos y salían aliviados. Evita les entregaba -después lo hizo desde el Concejo- las máquinas de coser para que pudieran trabajar en sus casas. Era una mujer muy bonita. Con piel de terciopelo. Tenía mucha cordialidad con la prensa, pero era irrefrenable en sus discursos defendiendo con verdadero fervor al general Perón. En sus luchas, alguna vez, enfrentó al gremio de ferroviarios diciéndole, palabras más palabras menos: “Ustedes le quieren hacer una huelga cuando el general les dio todo para que tuvieran dignidad y trabajo”. Se arrepintieron. De todas maneras su lucha mayor fue por los desvalidos y sus “grasitas”, como ella llamaba a los que no tenían nada y les daba todo el apoyo que necesitaban. Una madrugada, a eso de las 4, Perón se quedó en la Casa de Gobierno. Los periodistas quedamos sorprendidos, porque el mandatario terminaba su labor a las 21 o 22 y volvía al edificio rosado a las 6.20 todos los días. En esa jornada nos anunciaron que debíamos ir hasta el Concejo Deliberante. ¿Por qué?. Bueno: Perón iba a buscar a Evita a esa hora: las 4 de la madrugada. Cruzamos la Plaza de Mayo totalmente despejada y llegamos al lugar.

Entramos al gran recinto donde ella atendía, había millares de personas: chicos, jóvenes, mujeres, hombres de todas las edades. Buscaban trabajo y ayuda. Recibía a todos. Incansable. Perón se acercó y le dijo -es lo que recuerdo porque estábamos cerca y nos permitieron llegar hasta cierto límite- “Chinita” (otras veces le decía “Negrita”), “son las 4 de la mañana. Vamos a descansar”. Una respuesta impactó: “No Juan. Me quedo. Tengo que atenderlos, vienen de todos lados”.

Esto que cuento lo viví y lo vi. Es real. El Presidente esperó y no hubo nada que hacer. Solo escuchó este agregado: “Decile al cocinero que me deje las milanesas en la heladera”. Le gustaba mucho ese plato. Perón se fue y los periodistas, no todos, también. Los que nos quedamos vimos entonces lo que sucedía. Uno a uno los atendía. Los besaba y a los chicos más pequeños los hacía pasar a algún lugar para darles un vaso de leche. Nélida de Miguel la acompañaba y Ema Nicolini también. A nuestro querido lector: ellas viven y ustedes si quieren saber más aún de esta mujer, Evita, que dejó su vida por los demás y los que menos tienen, pueden consultarlas.

Después, la tristeza
Los años fueron recorriendo el calendario. Nunca arrugó. Evita estaba en todos los eventos populares. Nada de violencia. Solo palabras fuertes en defensa de Juan Perón. Le dijeron de todo. La insultaron muchas veces pero nunca amenazó a nadie. Solo en algunos discursos el fervor de su fuerza interna y carácter mostraba esa reciedumbre de una mujer que había sufrido mucho de pequeña. Vino muy joven a Buenos Aires y se convirtió luego en una excelente actriz.

En Radio Belgrano, a las 22.30, caracterizaba figuras como Eleonora Duncan, una estrella de gran nivel en el teatro mundial. También de otras que habían tenido un papel preponderante dentro del teatro y el cine. Actuó junto a Hugo del Carril en la película “La Cabalgata del Circo”, donde se produjo aquel conocido encontronazo con Libertad Lamarque. Siempre estaba dispuesta a ayudar. Más adelante llegó el dolor de su enfermedad. Se debilitó. Enflaqueció y a pesar de todo se inyectaba a través de sus médicos y nunca quiso operarse. Hasta le pegó un cachetazo a un gran ministro -médico Oscar Ivanisevich- que le aconsejaba la intervención. Se enojó y le dio una cachetada diciéndole “déjeme en paz, yo no me opero”.

El ministro la tomó del hombro y se emocionó muchísimo. Pudo ser vicepresidenta de la Nación, pero la enfermedad no se lo permitió. Tampoco los militares querían que alcanzara ese cargo. Pero si no hubiese sufrido ese mal incurable seguramente hubiera llegado a la Vicepresidencia.

El pueblo se lo pidió en un Cabildo Abierto realizado en la Avenida 9 de Julio donde, ante más de dos millones de personas al grito de Evita Vicepresidenta, debió contestar días más tarde que no aceptaba. Ella presidió la Fundación Eva Perón. Junto a ella estaba uno de los hombres más relevantes del peronismo: Rodolfo Decker. Hoy con sus 97 años y en plenitud recuerda todo lo que hizo Eva Perón por el bien de los trabajadores argentinos. Otro hombre que la recuerda con sensibilidad y un afecto muy especial, Lorenzo Pepe, actual titular del Instituto Juan Domingo Perón.

Eva Perón murió un 26 de julio de 1952. Antes pudo ver a su marido que asumía por segunda vez la Presidencia de la Nación. Subió al auto presidencial junto a Juan Perón con un tapado que cubría una estructura especial gracias a la la cual podía permanecer de pie.

Hoy, Evita nace y -como señalamos al principio de este recuerdo- “está cumpliendo 99 años”, porque pasó a la inmortalidad y siempre estará vigente en el alma y el corazón del pueblo Argentino, y de todos, porque muchos de aquellos que alguna vez no estuvieron de acuerdo con ella hoy la recuerdan con verdadero respeto. Quizás falten algunos otros eventos relevantes en los que ella participó, pero los que he mencionado en esta descripción muestran lo que uno vio -como se diría hoy, “en vivo y en directo”- de una figura inolvidable que luchó por los descamisados y se fue de esta tierra después de una lucha férrea por defender la dignidad del trabajador.

En conclusión, Evita fue una luchadora que nadie pudo igualar. Gran carácter Evita tenía mucha cordialidad con la prensa, pero era irrefrenable en sus discursos defendiendo con verdadero fervor a su esposo y presidente, el general Juan Domingo Perón. Llegó a enfrentarse con el gremio ferroviario que quería ir a un paro.