Arquitecto diplomado en la UBA, de 67 años, casado y padre de cinco hijos, Julio De Vido se incorporó a la función pública en 1972, como dibujante en la empresa estatal ENTel. Allí fue donde entró en contacto con la Juventud Trabajadora Peronista.

Tras el golpe del 76, la empresa lo envió a Puerto San Julián, en la provincia de Santa Cruz, a donde volvería en 1982 como empleado de una constructora privada. Entonces decidió radicarse con su familia en Río Gallegos, donde trabaría relación con la familia Kirchner.

Si bien su ingreso a las administraciones de Néstor Kirchner como intendente primero y gobernador después fue a mediados de los 80, su mayor gravitación empezó en los 90, desempeñando varios cargos, entre ellos el de ministro de Economía y Obras Públicas.

La afinidad política y personal con Néstor fue determinante para que éste le confiara numerosas funciones. También fue uno de los fundadores del Grupo El Calafate, núcleo promotor de la candidatura presidencial del entonces gobernador.

Cuando éste asume la Presidencia de la Nación en mayo de 2003, a De Vido lo designa ministro de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios. Así, no tardaría en ser el hombre más influyente del gabinete nacional, condición que lo acompañaría también en los 8 años de la presidencia de Cristina Fernández.

Su figura estuvo asociada al vertiginoso despliegue de obras públicas que caracterizó al kirchnerismo, y a la notoria acumulación de poder e influencia. Un poder que acabó desbordándolo.