De Guatemala a Guatepeor, pasando por Aruba
El jefe de Gabinete está ensanguchado entre dos fiscales que escudriñan hasta el último detalle de sus movimientos financieros y la cosa se pone espesa
Gerardo Pollicita, Carlos Stornelli y Ariel Lijo, un tridente que uno tranquilamente podría ver compartiendo un partido de futbol en la Bombonera, gritando enardecidos algún gol de Adam Bareiro o quejándose del mal momento de Edinson Cavani. Son dos fiscales y un juez federal, frente a los cuales la situación de Manuel Adorni y la de su esposa, Bettina Angeletti, se agrava día a día.
Los primeros dos por ahora son los que investigan, sugieren medidas y el magistrado las habilita y avanza. Pollicita es quien mas ha desarrollado la investigación. En su fiscalía dan por probado el delito de dádivas, algo de lo que ya no se habla en los medios por la avalancha de noticias diarias que genera el jefe de Gabinete: todos los días aparece un nuevo dato sobre su desarrollo patrimonial.
Pero al momento en que el juez convoque al funcionario a ejercer su derecho de defensa, algo que ocurrirá sin mucho margen temporal por delante, una de las imputaciones será la dádiva pasiva, en la que el rol activo lo habrá cumplido su amigo, Marcelo Grandío, considerado por la Justicia como el pagador del avión privado a Punta del Este, de ida y de vuelta.
Pero "el Polilla" no se conforma con eso, claro. El eventual enriquecimiento ilícito es hoy, su objetivo cotidiano. Cada día, ante cada nueva declaración de testigos, crece la semiplena prueba que el fiscal esta construyendo. Departamentos comprados sospechosamente con prestamos hipotecarios sin interés, jubiladas de por medio, viajes de costos impagables para el bolsillo del funcionario, refacciones de altísimo precio en dólares y viajes en primera al Caribe dignos de un pachá.
La suma del fiscal está hoy así: Adorni gastó 30 mil dólares en efectivo en el departamento de Miró y no menos de 50 mil dólares en refacciones. Además, invirtió 20 mil dólares en la casa de Indio Cuá y otros 50 mil en refacciones. El viaje a Aruba costó entre 18 y 20 mil dólares (pasajes en primera mas estadías), el pasaje de su esposa de vuelta desde Nueva York, otros 5 mil. Eso hasta ahora. La suma: 173 mil dólares. Seguramente cuando sea convocado a declarar se lo consultará como piensa solventar los 270 mil dólares extras que se comprometió a pagar antes de fin de año a las diversas ancianas que fungen como prestamistas.
A Pollicita podemos llamarlo Guatemala, pero ayer se activó Stornelli, al que podemos denominar Guatepeor. Lo que investiga este tercer fana del xeneize, son las posibles negociaciones incompatibles con la función pública, por la cuales, empresas que prestan servicios al estado o que compiten en licitaciones pública, han contratado los sustanciales servicios que toda empresa que se precie necesita, de la consultora de Angeletti, cuyo nombre de fantasía es +BE, pero cuyo giro comercial se da en torno a una sociedad llamada As Innovation, que posee junto a su marido, el jefe de Gabinete.
Las contrataciones existen, la licenciada Angeletti promociona a sus clientes en la página web de la empresa, como en el caso de Pollicita lo que el representante del Ministerio Público busca en la prueba legal, que existan constancias en el expediente que permitan dar por probada la negociación incompatible.
Estas dos causas generan un efecto tijera. Si Adorni pensaba justificar los ingresos mediante la consultora de su esposa, hoy va tener el problema de que la facturación de la misma parece exclusivamente dirigida a tres empresas que tienen relación con el Estado cuya administración general esta a su cargo.
La agenda por delante es profusa. Si con un solo fiscal investigando todos los días se sumaba un escándalo nuevo, cuando empiece a producirse la prueba solicitada por Stornelli, la lluvia de problemas para el matrimonio ya no será diaria, sino hora a hora. Adorni-Angeletti, de Guatemala a Guatepeor, pasando por Aruba.

