Muchos dicen que los amigos son " la familia que se elige " e incluso hay quienes se consideran " hermanos de la vida ". Si bien hay varios factores que pueden poner a prueba estos lazos, sin dudas hay dos definitorios: el tiempo y la distancia. Tras más de un año de pandemia, aislamiento y restricciones, las relaciones se pusieron a prueba más que nunca en los últimos meses.

Este martes se celebra en la Argentina el Día del Amigo y todavía hay quienes por una cuestión geográfica y sanitaria por la pandemia del coronavirus, no podrán celebrarlo juntos. Crónica.com.ar reunió historias de fraternidad de distintos puntos del país, en un día especial.

Argentina y Austria, con acento colombiano

Giovanna Maratta es Ingeniera Industrial, recibida en plena pandemia. Vive y trabaja en Buenos Aires, pero poco antes de egresarse de la carrera decidió que era momento de tener nuevas experiencias y se fue de intercambio a Colombia . Allí conoció a miles de personas pero hubo una en particular con la que tuvo un click instantáneo y en poco tiempo se convirtió en una hermana. Se llama Eva Binder es oriunda de Austria y también estaba visitando el país centroamericano por cuestiones académicas.

Giovana Maratta y Eva Binder se convirtieron en hermanas de la vida en su viaje de intercambio.

"Nos conocimos en el grupo de intercambio en Ibagué (Colombia). Éramos vecinas, estudiábamos algo similar y nos hicimos muy amigas desde el primer día. A pesar de que no vivíamos en la misma casa estábamos todo el tiempo juntas. Desayunábamos, íbamos al gimnasio, almorzábamos, todo juntas, creo que solo nos separábamos para ir a clases", recordó la argentina.

El idioma no fue una barrera ya que aunque Giovanna no hablaba alemán, Eva tenía un gran dominio del español que terminó por perfeccionar y “ argentinizar ”. Vivieron grandes aventuras en poco tiempo, como viajar hasta una zona selvática, dormir en hamacas y bañarse con jarros de agua en el medio de la nada. " Teníamos costumbres muy distintas. Ella me enseñaba palabras, comidas de Austria y yo de Argentina, y al tiempo aprendíamos de Colombia ", agregó Giovi.

Las dos aventureras emprendieron viaje por el medio de la selva colombiana en lugares en donde no había electricidad ni agua potable.

Eva planeaba venir al país a visitarla, pero la llegada del coronavirus frustró todos sus planes. Ahora nos mantenemos en contacto por whatsapp, aunque es complicado por la diferencia horaria, pero escribimos y la otra responde cuando puede. Estamos seguras de que cuando todo pase nos volveremos a encontrar, de hecho ya teníamos planes, ella iba a venir este año y yo el próximo ", aseguró.

Los que cuidan a quienes nos cuidan

Una vez al año, médicos recién recibidos de todo el país, viajan por la Argentina para rendir rigurosos exámenes e ingresar a alguna institución para comenzar su residencia. Victoria Atencio es sanjuanina y hace seis años llegó a Buenos Aires junto a dos colegas amigos para poder especializarse en Terapia Intensiva.

Uno siempre termina yéndose del lugar que lo vio crecer porque necesita buscar otros proyectos de vida, otra formación, crecer en lo personal y profesional. Con la familia y los amigos es muy difícil el desarraigo, pero en mi caso todos me apoyaron para que pudiera conseguir lo que me propuse. Con muchas lágrimas y con una muy emotiva despedida en la terminal [estación de colectivos] me vine con dos amigos. Me acuerdo de que lloramos todo el viaje hasta Buenos Aires ”, resumen.

Mara, Ceci, Vico y Cande, las cuatro amigas inseparables ni por el tiempo ni la distancia.

Junto con Mara, Ceci y Cande fueron las cuatro mosqueteras casi desde que tienen memoria y de repente había 1.100 kilómetros de distancia entre ellas. Al principio todas las noches eran de nostalgia e incluso hubo muchos momentos con ganas de largar todo y volver, pero siempre están las amigas dispuestas a una videollamada. Tengo amigas de la infancia que todavía mantengo, con las que construimos una amistad de otra manera y que me apoyaron para seguir creciendo. Después de seis años viviendo lejos, cada vez que viajo a San Juan es como si no me había ido. Ya están casadas y tienen hijos, y soy muy feliz de compartir esta nueva etapa con ellas, compartir esos momentos aunque sea a la distancia ”, rememoró Vico.

Previo a la pandemia, cualquier excusa era buena para un viaje de amigas.

Más allá de que ellas sean sus pilares fundamentales junto a su familia, en el camino fue haciendo otras amistades entre sus compañeros de trabajo y sanjuaninos de otras profesiones que también llegaron a la gran ciudad en busca de desarrollo profesional. Si hubo un antes y un después en la vida de quienes trabajan en el sistema de salud fue la llegada del coronavirus y cada amigo que se acuerda de mandarle un mensajito para preguntarle cómo está o aunque sea un meme para sacarle una sonrisa, se volvió fundamental para soportar el agotamiento.

Mika, Flor, Gabi, Vico, Eimi y Peyi, compañeras de la carrera de medicina.

Estoy muy agradecida de la vida porque cuando me caigo siempre encuentro a alguien que me ayude a levantarme. En contexto de pandemia todo se exacerbó bastante porque enfrentar todos los miedos y las cosas que trajo el covid-19 fue muy difícil. Con la tecnología y la facilidad que te dan las videollamadas, terminamos de conseguir un buen vínculo que me siguió ayudando para aliviar un poco la angustia, la carga, el cansancio y por lo menos poder sonreír un rato. La amistad se puede conservar a pesar de la distancia siempre y cuando uno mantenga el contacto y te preocupes genuinamente por el otro”, sentenció.

La amistad es ley

Rafael Lloret es abogado y profesor, pero hace un par de años, mientras todavía era estudiante, también tuvo la posibilidad de participar de un programa de intercambio en Colombia. La Universidad El Bosque, en el centro de Bogotá se encargaría de su hospedaje, lo que no sabía era que al llegar se encontraría con una casa en la que conviviría con otras ocho personas.

Seis meses de experiencias inigualables que forjaron lazos eternos.

"Estuvimos seis meses viviendo juntos en una misma casa que nos asignó la Universidad. Compartimos muchísimos momentos, viajes, comidas. Éramos nueve chicos de distintas partes del mundo, compartíamos habitaciones y espacios comunes. La mayoría tenía alrededor de los 20 años, yo era el más grande de 25 creo", explicó.

María José Flores (Río Negro, Argentina), Pavel Jeziel Ramiro Torres (Veracruz, México), Matheus Vasconcelos Andrade, (Roraima, Brasil), Lucía Massi (Mendoza, Argentina), Katy Alexandra Hidalgo Vilaña (Quito, Ecuador), Isaí Mejía (Guadalajara México), Irving Elizalde (Ciudad de México, México) y Brenda Allendorff (Bahía Blanca, Argentina), integraban el colorido grupo que a fuerza de convivencia se terminaron transformando en grandes amigos.

Vivían, estudiaban y viajaban juntos.

Éramos nueve que teníamos que convivir en una sola casa, era bastante complicado. A uno se le ocurrió que hiciéramos una reunión y ahí nos dividimos los roles. Yo por ser el más grande era el "presidente", pero estaba el que hacía las compras, el que se encargaba de corroborar que no faltara nada, otro que llevaba las finanzas del grupo, otro que se encargaba de las relaciones públicas e incluso teníamos hasta un vocero que era quien hablaba por nosotros en caso de que algún tema que nos involucrara a todos. Lo chistoso es que justamente nuestro vocero era el único que no hablaba en español, le dimos ese rol para que practicara y aunque al principio le costaba, eso le ayudó un montón para aprender ”, rememoró Rafa.

Más allá de que tuviesen cierta organización interna, mantener la limpieza y el orden no era fácil. " Al mes de convivencia llegaron de sorpresa las autoridades de Relaciones Internacionales de la Universidad para realizar una inspección y verificar las instalaciones. Se con todo dado vuelta, incluso habíamos movido las camas y algunos muebles . La casa era un desastre, siempre estaba desordenado porque prácticamente era una vivienda de adolescentes. En el momento estábamos todos asustados pero ahora nos resulta muy chistoso. El reto nos duró una o dos semanas y después volvió el caos ", contó entre risas.

Aunque todos eran amigos, Isaí Mejía, de México, fue con quien Rafael compartía habitación y por lo tanto, su gran apoyo.

Pese a que pasaron los años, todavía mantiene contacto a través de whatsapp. Al principio videollamaban, pero al ser nueve, se volvía algo caótico. Siempre hablamos de volvernos a juntar pero sabemos que es un poco complicado. Igualmente, obtuve una beca para capacitarme en Colombia que tuve que posponer por la llegada de la pandemia, pero si todo sale bien, estaré por allá en los próximos meses ”, sentenció el letrado.

Para los que están cerca, para los que están lejos; para los que escriben siempre, para los que solo se saludan por el cumpleaños; para aquellos que se podrán videollamar y para los que necesitan conseguir la clave del Wi-Fi del cielo; para todos ellos: ¡Feliz día del amigo!.

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