Luego de cerrar sus puertas en los tiempos crudos de la pandemia, las milongas tangueras nuevamente están recuperando su esencia, la cual radica en ser un espacio cultural, pero principalmente de encuentro, con una importante concurrencia, que semana a semana se acerca a las registradas en las épocas prepandemia del Covid.

El 11 de marzo de 2020, representantes de la Asociación de Organizadores de Milongas y de la Asociación de Maestros, Bailarines y Coreógrafos del Tango Argentino determinaron el cierre de las milongas por el coronavirus.

Sin embargo, a partir de los tres meses siguientes, comenzaron a desarrollarse “las milongas clandestinas”. En este sentido, Pablo Etcheverry Boneo, organizador de la milonga Sans Souci, detalló que “el escenario de la pandemia fue con mucha actividad clandestina en cada plaza donde el espacio permitiera bailar”.

Milongas Capital Federal
Aprender de los maestros. Números en vivo en la milonga Sans Succi.

Una alternativa que se extendió durante muchos meses, según Etcheverry, “por dos razones: una económica y otra emocional, porque la gente prefería en un momento contagiarse a quedarse encerrado en su casa y deprimirse”.

Silvia Rojas, directora de la revista La Milonga Yumba, reveló que “muchos milongueros fallecieron, y en gran parte por tristeza, y hoy se sienten sus ausencias”.

La reapertura de las milongas tangueras en el país

En tanto, en el segundo semestre del mismo año empezó a gestarse el pedido de reapertura de las milongas por parte de organizadores y trabajadores, que se acentuó con las habilitaciones de los gimnasios y los hoteles alojamiento.

Bajo esta exigencia, en diciembre se llevó a cabo una milonga pública en el Obelisco. No obstante, a fines de marzo de 2021, producto de lo que se conoció como “la segunda ola de Covid”, las expectativas de volver a bailar tango parecieron esfumarse.

Pero en junio de dicho año el retorno de los centros culturales marcó el punto de reinicio para las milongas, puesto que ocho de ellas regresaron, aunque bajo el modo de cena-show. Fue en septiembre pasado cuando la actividad experimentó el resurgir con el 100% de presencialidad.

Sin embargo, “en las últimas dos o tres semanas la gente se volcó de nuevo a las milongas, advirtió que la cantidad de contagios se estabilizó, y es muy parecida a la prepandemia”, señaló Marcela, mentora de la milonga Nuevo Chique.

Por su parte, Pablo Etcheverry remarcó que “los sábados, de a poco, concurre más gente. Al principio, cuando se llenaba uno, el otro estaba vacío, y cada vez más se llena simultáneamente”. A su vez, Graciela, impulsora de La Milonguita, reconoció que “cuando empezamos éramos veinte personas, y ahora somos doscientas. Una cantidad que pudimos comenzar a recuperar hace tres semanas, pero tardamos un montón, porque la gente tenía miedo o se había deshabituado a desarrollar otras actividades”.

Superada la cuarentena y sus restricciones, un centenar de milongas funcionan todos los días, con propuestas diferentes, y en parte ello se debe a la gran concurrencia de bailarines, que buscan recuperar las emociones perdidas durante mucho tiempo.

Milonga Tanguera
Así se viven las jornadas de tango en las milongas.

Fue tan triste y complejo sobrellevar la ausencia de dichos espacios para sus visitantes que muchos suelen frecuentar tres salones diferentes el mismo día, es decir, comienzan bailando en un recinto a las 16 y culminan a las 3 en otro establecimiento.

La explicación de semejante fenómeno Marcela Pazos la encuentra en que “el tango es una pasión”. “El que viene a la milonga es amante de este género, y en muchos casos se trata de gente que está sola y en la milonga se relaciona con otros. Para ellos es muy importante”.

Por M. R.

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