Celeste Anaiz hizo historia en febrero de 2020, cuando la joven de 24 años que comenzó peleando en las calles de Merlo alcanzó el título argentino de boxeo mosca. Pero ser coronada la primera campeona profesional de su distrito no es suficiente para la luchadora, quien continúa entrenando por su sueño: ser la campeona del mundo.

El fuego detrás de sus ojos lo tiene de chiquita, pero fue cuando se subió al ring que despertó su sueño. Antes de comenzar boxeo, la "Chucky" hacía valer su apodo midiendo su fuerza con el resto de las chicas en el Barrio Rivadavia: “No me importaba nada, no medía que podía haber venido alguna con un cuchillo o con un palo, porque obviamente en la calle no hay reglas”, contó a TN.

Buscando que su hija enfoque esa energía de manera saludable, Leonardo Alaniz y María Moreno llevaron a Celeste a boxeo. Seis meses de entrenamiento después y luego de ganar su propia pelea, Celeste dió un rotundo "si" cuando le preguntaron si quería ser boxeadora. Dejando las peleas callejeras atrás, la Chucky comenzó su camino al escenario nacional.

El sueño de la Chucky: la primera argentina campeona del mundo

En la categoría amateur, Celeste participó de 75 peleas. De la mano de su DT y pareja, Leandro Ledesma, y su promotor, Julio César Ledesma, la oriunda de Merlo trepó paso a paso hasta recibir la llamada que más esperaba. Enfrentándose a las luchadoras más poderosas del país, a los 24 años se colgó el título argentino en la categoría mosca.

En febrero de 2020, la luchadora se colgó el título argentino tras vencer a Anyelén Espinosa.

Pero el triunfo que de afuera parece un logro de vida, para Celeste fue una prueba de fuego, el inicio de su conquista. Con la victoria nacional alentando su sueño, ahora la Chucky busca trepar hasta el título sudamericano, para finalmente tomar la corona mundial en la categoría mosca: "Es algo que sueño desde el día que me puse los guantes: ser la primera argentina campeona del mundo”.

Detrás de la ambición abrasante, la campeona nacional también impulsa una ética deportiva inmaculada: “Yo cambié muchísimo y mi mensaje es este: que siempre estamos a tiempo de cambiar, que no hace falta lastimar a otro", contó a TN, agregando: "Amo todo lo que hago y muchas veces a la noche termino rendida, supercansada pero miro para adelante y digo ’va a valer la pena todo lo que estoy haciendo’”.

La Chucky y la Chuckyta

Celeste junto a su hija, Marly.

El rol de las mujeres en el boxeo es otra motivación para Celeste: “Creo que el boxeo femenino tomó un rol más protagónico desde que yo lo práctico, hay varias campeonas mundiales en nuestro país y más chicas comenzaron a pelear”, explicó al Diario del Oeste. Aunque reconoció que sería un honor entrenar a las jóvenes de Merlo en un futuro, por ahora su imagen inspira a las niñas que visitan su gimnasio, entre las cuales se encuentra su propia hija, Marlyn, de 10 años.

Unos días antes de cumplir mis quince tuve a mi nena", relató la luchadora, que fue madre adolescente. "En ese momento estaba con el papá de ella, que obviamente me acompañó en todo para que pudiera continuar entrenando. También estaba mi familia que siempre me apoyó, por eso también fue que pude avanzar”, agregó en diálogo con TN.

La maternidad no ratelizó su camino en el boxeo, que aprendió a manejar junto a la crianza de su hija. Quedándose a su lado cuando pescaba una fiebre, conteniendo sus llantos y llamando todo el tiempo cuando viajaba por una pelea; Celeste crió a Marlyn y hoy la ve entrenar en el barrio que ella representa a nivel nacional.

Está orgullosa de su mamá y le cuenta a sus compañeras y a las maestras de la escuela. Antes de la pandemia, los directivos del colegio me habían pedido que diera una charla para los alumnos en la que compartiera la importancia de que sigan sus sueños”, agregó la campeona argentina que hoy lucha por el sueño del título mundial.