El ambiente deportivo es un mundo más que difícil, en el que a veces, un decisión marca la diferencia entre los que triunfan y los que no. Uno de estos casos es el de Juan Barbás, quien en su época supo ser una de las promesas más importantes del fútbol argentino. Sin embargo, un consejo de José Pekerman y su representante cambiaron su carrera para siempre. ¿Quién es este ex jugador que terminó preso?

Llegó al mundo en febrero de 1981 en Villa Zegala (San Martín) con un solo objetivo, jugar a la pelota. En el año 1999, con tan solo 18 años, cumplió su sueño: debutar en primera división. Lo hizo representando la camiseta de Platense, en un partido en el que vencieron a Estudiantes por 2 a 0. Sus buenas apariciones hicieron que rápidamente los grandes pusieran la lupa en él.

Fue "sparring" de la Selección argentina en la Copa América de 1999. La misma en la que Martín Palermo erró tres penales en un mismo partido. Allí se sentó a comer con jugadores de la talla de Juan Sebastián Verón, Juan Román Riquelme y Marcelo Gallardo.

Fue sparring en la Copa América de 1999.

Año nuevo con Jorge Mendes y mirada puesta en Europa

Tras ser dirigido por Gerardo “Tata” Martino en "El Calamar", llamó la atención del Porto, uno de los más grandes de Portugal.

"Yo fui a Porto porque Hernán Bergman, que era mi representante, tenía relación con Mendes. Me vendieron por 400 mil y fijate esto: mi papá y mi mamá ganaban juntos 500 pesos por mes y trabajando todo el día. Y terminé agarrando un contrato por 45 mil dólares y no tenía ni 20 años", comentó en una entrevista realizada por TN.

Cuando se refiere a un tal Mendes, no es nadie menos que Jorge Mendes, el actual representante de Cristiano Ronaldo. Reconoció que también pasó un año nuevo con quien entonces trabajaba con Deco.

Mendes es uno de los representantes más exitosos de los últimos años.

 Todo parecía encaminado, iba a llegar al viejo continente. Sin embargo, aquí empezaron los problemas."Cuando llegué al Porto me senté con Mendes, con el presidente del club y mi representante. Después de haber hecho fútbol, de haber estado muy bien en los entrenamientos, estaban locos conmigo, contentos, me ponen sobre la mesa un contrato en el que decía que me daban un sueldo de 7 mil dólares por mes, con el dólar uno a uno, en el 99, una casa a elegir y un auto BMW a elección", precisó.

Al mismo tiempo, recordó: "Mi representante me toca abajo, lo miro y me dice con un gesto que no, entonces les dice que yo tenía que volver a Argentina para jugar en la Selección porque yo estaba convocado al Sub 20 de Pékerman", declaró.

Se acabó lo que se daba

“Entonces José me dijo que no me fuera porque si me iba no me iban a tener muy en cuenta porque me iban a perder de vista, me dijo que yo era el líder de la futura Sub 20, que me iba a conseguir un club acá”, enfatizó el ex enganche.

Añadió también que quien fuera entrenador de la selección de Colombia, le pidió expresamente que no dejara el fútbol argentino, ya que tenía miedo de que se perdiera y no fuera convocado a la Sub 20. Por lo tanto, optó por irse a Newell's donde no pudo jugar por la cantidad de jugadores. Pasaron los días, luego los meses y más tarde los años, el llamado a las juveniles nunca llegó.

Actualmente su hijo Brandon juega en Platense.

Terminó jugando para el club Acassuso, que fue un quiebre para su carrera deportiva y no en el buen sentido. “En ese momento, si vos no ascendías, morías en esa divisional y yo lo sabía”, aseguró Barbás.

La decadencia

“Fue el año 2001, donde empezaron todos los problemas, Acassuso no pagaba. Pensá que yo vivía con 500 y ganaba 3000 pero no pagaban, entonces estaba al horno. También me quedaron unos cheques adentro con el corralito pero no es excusa, ¿eh?. Yo termino encontrándome con muchos chicos con los que había jugado al baby, habíamos hecho inferiores en Platense y ahí encuentro a Matías Victorica, que es el chico con el que termino cayendo preso”, comenzó sobre el inicio de lo que terminaría siendo un camino al calabozo.

“En ese momento los padres de él estaban bien económicamente, me crié con esta familia y me facilitaba que mis viejos no tuvieran gastos. Un día la madre de este chico muere y mirá esto: cuando la estábamos velando yo le agarro la mano y le digo: “Quedate tranquila que yo voy a cuidar de tu hijo”, relató.

Una vez fuera la carcel, participó en una liga de árbitros.

Robo, calabozo y pulsera electrónica

Las malas juntas fueron el desencadenante de la decisión que lo terminaría de tumbar. “Matías y yo éramos amigos desde los 10 años, entonces falleció la mamá y ellos pasaron de vivir muy bien a vivir mal. Coincide con que en Acassuso no nos pagaban y yo tenía mi novia que vivía cerca de la casa de él, entonces él se llevaba mi auto a su casa, que tenía garage, al otro día me pasaba a buscar y nos íbamos a entrenar a Acassuso, así todos los días. Acassuso no pagaba y se venía el cumpleaños de las hermana de él, y Matías decía que no tenía un sope para hacerle algo y entonces dijo que iba a salir a chorear”, comenzó.

Salió a chorear y yo como… a ver, digo, la esencia que uno tiene de ser compañero y de ser amigo, yo sabía lo que iba a hacer. En ningún momento hice nada porque yo no sirvo para chorear, es la realidad, íbamos caminando, él de repente dijo “acá, acá, acá” y le apuntó a una chica que estaba con el auto y yo salí corriendo… ¿Qué querés que te diga?" continuó.

"No se lo deseo ni a mi peor enemigo estar en una comisaría", confesó.

Si bien se encontraba asustado, parecía que habían zafado, finalmente, no fue así. "A mí se me heló la sangre, el corazón… Yo salgo corriendo, él agarra el auto, le roba a la chica y me levanta a mí, y yo del susto me siento arriba de la cartera de la chica. Él me dice “empezá a revisar que tiene que estar la cartera” y yo le decía que no, que no había nada, no me daba cuenta que estaba sentado encima del susto que tenía. Yo no tenía un arma, él sí”, expresó.

“Yo creo que Dios me llevó el alma en ese momento y cuando dimos toda la vuelta, llegando a Marquez y 9 de Julio había un operativo y él me decía: “Quedate tranquilo que no pasa nada”, pero se ve que había una red de alerta y a media cuadra salió un patrullero de una estación de servicio, tenía las luces apagadas, se bajó un policía que dijo: “Tírense a un costado, tírense a un costado”, y nada… esos fueron los peores momentos de mi vida, sin dudas. No supe cómo reaccionar. Me acuerdo que un policía me apuntaba a la cabeza, fue shockeante”, señaló.

Lo llevaron a la comisaría de Billinghurst, donde sus padres le llevaron comida por los próximos 4 meses, hasta que le colocaron una pulsera electrónica."Cuando me pusieron la pulsera electrónica, supe que no iba a volver a hacer nada para volver a estar en esa situación, en esos lugares. No se lo deseo ni a mi peor enemigo estar en una comisaría", confesó. Tras seis años con este accesorio, por fin se lo quitaron y pudo volver al fútbol.

¿Cómo se encuentra hoy?

Actualmente juega en una liga árbitros y está contento porque su hijo de 20 años, Brandon Barbás, juega en Platense y en el mes de agosto fue citado por primera vez para integrar el banco de suplentes del calamar.

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