"Parece mentira que llegué tan lejos", reconoce Ofelia, reflejando cierta sorpresa, y al mismo tiempo orgullo y satisfacción por haber llegado a sus 80 años, con tanta plenitud. No obstante, transitó y transita tan largo camino apoyándose en el amor admirable e inconmensurable, en primera instancia hacia a su esposo, luego sus hijos, y posteriormente sus nietos.  Una fórmula para vivir, que la mantiene a sus ocho décadas con la voluntad y el deseo de seguir transmitiendo más cariño a los suyos. Sin embargo, ello no constituye su único secreto, sino también que se aferra a la compañía diaria de Crónica.

Oriunda de Nogoyá, provincia de Entre Ríos, Ofelia llegó a Buenos Aires a sus 20 años. Fue su hermana mayor que la llevó consigo a vivir a Rafael Calzada, sin tener idea alguna que allí su vida experimentaría un giro de 180 grados, cargados de pura felicidad. Puesto que, a sus pocos meses en suelo bonaerense, conoció a Manuel, de quien ya había escuchado hablar por parte de la almacenera del barrio.

Justamente con ella de testigo, se produjo el primer encuentro, del que la octogenaria recuerda sin olvidarse del mínimo detalle. “Había ido comprar harina, porque mi hermana iba amasar pizzas. Cuando llego, veo dos muchachos, uno estaba comprando una aspirina. Yo le eché el ojo y entonces le dije ‘ay, le duele la cabeza’, y se puso colorado”, relató la abuela, sin evitar reírse, sesenta años después de aquella primera vez.
El reencuentro tuvo lugar mediante una partida de truco, y entre el envidos y anchos de espada y de basto, cruzaron miradas nuevamente. Entonces Manuel se animó y le preguntó a Ofelia: “¿Te gustó?”, e inmediatamente ella le contestó: “¡Que te parece!”

A partir de entonces, el hombre comenzó a visitarla, pero en las primeras ocasiones debió conformarse con verla unos minutos y en la puerta de la vivienda familiar. Hasta que se ganó la confianza de su amada, y principalmente de la hermana de ella, y logró acceder a la propiedad, y hacer más extensas las visitas. No obstante, la constancia tuvo su premio, y a los ocho meses se casaron.

Ofelia junto a sus familiares, quienes la visitan seguido.

Se juraron amor eterno, y se afincaron en Lomas de Zamora, para cumplir el sueño de construir una familia, la cual se conformó con 4 hijos: Marcelo, Gustavo, Alicia y Sergio. En ellos, Ofelia descubría un cariño y un afán maternal ejemplar y que continúa desplegando en estos tiempos, como si todavía siguieran siendo niños. Mientras Manuel se abocaba a una extensa jornada laboral, su esposa recordó que “tuve que trabajar mucho para mantener la casa”.

Respecto a aquellos menesteres domésticos, la mujer detalló que “en esa época los pañales se lavaban a mano, no como ahora que son descartables. Era muy cansado fregar una y otra vez”. 

Sin embargo, de esos primeros tiempos maternales, la hoy abuela reveló que no olvida las travesuras de uno de sus hijos, Gustavo, quien “se me colgaba de los hombros cuando hacía papas fritas para poder agarrar una”, o de la insistencia de Marcelo, el mayor, para que “le hiciera churrasco. No quería comer otra cosa”.

Pero esos niños crecieron, y construyeron sus propias familias. En consecuencia, ampliaron o extendieron ese amor familiar de Ofelia, que constituye su esencia, hacia sus nietos. En total son ocho, y constituyen la tercera razón de ser de la mujer, quien en todo momento los espera en su casa con los brazos abiertos, las fotos en todos los rincones de la propiedad así lo demuestran. Al respecto, la orgullosa abuela reconoció que “todos vienen a visitarme. Los más chicos salen del colegio y se vienen para acá, antes de ir a sus casas”.

Ella se considera “familiera”, y más razón tiene aún en hacerlo, cuando mira hacia atrás, en el momento de recorrer su tan noble historia de vida, marcada siempre por brindar un cariño superlativo a cada uno de los afectos que la acompañaron en sus 80 años. Incluso, a pesar de haber enviudado en 2009, no duda en reflejar una devoción por Manuel, que estremece al escucharla, no solo cuando rememora a la perfección ese traje azul que vestía la primera vez que lo vio, sino al confesar que “lo extraño mucho”.

Una fiel compañía 

Para sentirse acompañada, no sólo se aferra a sus hijos y nietos, sino también a Crónica Hd, el cual sintoniza desde las 7, cuando comienza su día, hasta la noche. Un esparcimiento que suele complementar con las partidas de truco con sus nietos, o tejiendo. Diferentes condimentos de la receta de Ofelia para disfrutar sus ocho décadas de vida, con vitalidad, y ganas de seguir ofreciendo ese amor familiero, que es su marca registrada. 

En referencia a todo el camino recorrido, la abuela nacida en Entre Ríos aseguró que “me parece mentira que llegué tan lejos, soy una agradecida a la vida”.

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