Olvidados en el Rincón, así viven los vecinos del barrio de la ciudad de La Plata, puesto que no son escuchados sus reclamos por servicios básicos, como por ejemplo una Sala de Primeros Auxilios. A pesar de que las propias autoridades locales sancionaron un fallo favorable a la urbanización, deben viajar kilómetros y kilómetros para recibir asistencia médica o con el fin que sus hijos concurran a clases. No obstante, los mismos encargados de garantizarles los derechos básicos a los habitantes, les reprochan: “¿Para qué se mudaron acá?”.

El barrio El Rincón está delimitado por el camino General Belgrano, el arroyo El Carnaval, y las calles 426 y 141. Se asienta en el limite entre Villa Elisa y City Bell, en el municipio de La Plata, y en 2015 comenzó a masificarse su población gracias a los planes Procrear. Hasta entonces, el paisaje de dicha zona se caracterizaba por su estado desértico.

Por eso, el incremento explosivo de sus habitantes chocó con la escasez de recursos. Por lo tanto, los nuevos residentes comenzaron a elevar petitorios a las autoridades, referidos a diferentes obras públicas, como un puente que conecte El Rincón con City Bell, iluminación de las calles, una Sala de Primeros Auxilios y la instalación de los servicios de luz y agua.

 

 

 

Pero recién en agosto de 2021 estas exigencias hallaron reciprocidad con la sanción en el Concejo Deliberante de la urbanización del barrio. Sin embargo, “jamás nos aclararon o nos argumentaron el tiempo y forma de esa urbanización; nosotros queremos condiciones dignas para vivir”, señaló Romina, habitante del lugar. Meses antes del dictamen legislativo platense, en mayo del mismo año, los vecinos enfatizaron sus reclamos por un centro de salud y un jardín maternal.

Respecto del primero de los pedidos, el único terreno fiscal disponible ya fue empleado para otros fines, muy lejanos a los deseados por los residentes. Por si fuera poco, tras la sanción del proyecto de urbanización municipal, la plaza, que la propia Asamblea Vecinal del Rincón había construido, fue desplazada para “levantar un edificio en el que, supuestamente, funcionaría la delegación, y en un ambiente, la ‘salita’, que brindará atención dos veces a la semana, a cargo de una sola enfermera”, detalló Romina.

Los voluntarios dejan el alma para dar una mano.

Mientras tanto, ante cualquier emergencia sanitaria, quien vive en el barrio debe realizar un trayecto de 4 kilómetros, mínimamente, para acudir al establecimiento asistencial más cercano, el cual “suele estar saturado; se debe ir muy temprano para conseguir un turno”, agregó la mujer. Hablando de viajar, cabe señalar que los mismos moradores reconocen que es una odisea salir de la zona y regresar, puesto que “los colectivos no entran, y terminamos siendo esclavos de los remises, en su mayoría ‘truchos’. Si no tenés auto, estás perdido, a veces nos organizamos para trasladar a aquellos que no poseen un vehículo hasta la parada del micro o por una emergencia. Resulta cruel ver a los nenes caminar 40 cuadras para tomar el micro que los lleva a la escuela”, aseguró la joven.

Exigen una salita para un barrio a la deriva.

La ausencia de transporte público radica en el deplorable estado de los accesos, en razón de que “hay dos calles asfaltadas que están intransitables, y son estrechas, y el resto son de tierra. Por eso, las empresas argumentan que no entran porque no quieren poner en riesgo a sus unidades”.

La lista de carencias e incumplimientos continúa, no termina allí, ya que se agranda con la falta de zanjas, cloacas, y más grave aún resulta que los vecinos no disponen de agua potable. Sí cuentan con alumbrado público, porque ellos mismos lo mantienen. Estas insatisfacciones desnudan, aún más, la vulnerabilidad de los habitantes de El Rincón, quienes la única respuesta o expresión que recibieron de las autoridades fue: “¿Para qué se mudaron ahí?”.

 

Por M.R.

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