Cebollitas, la exitosa telenovela infantil que seguía las aventuras grupo de niños que juegan al fútbol en un club de barrio terminó en 1998. Pero las denuncias de los "chicos" del elenco por malos tratos surgieron el año pasado y las acusaciones siguen a la hora del día. Hasta el momento, eran ocho los actores que relataron hechos de maltratos en el set, y ahora Laura Santanna, la recordada maestra Mariana, fue la última en sumarse a las denuncias mediáticas.

La actriz aseguró que, luego de que sufrir acoso, se negó a tener relaciones sexuales con un poderoso del programa y llamativamente su personaje dejó de tener participación. “Desapareció la escuela”, sostuvo

Yo no viví agresiones personales, sí hablo de miedo y adrenalina, porque hubo una persona con mucho poder que a mí me invitaba a salir, me llamaba por teléfono, y cuando me lo cruzaba por los pasillos o entraba al piso yo me descompensaba", contó, en diálogo con el periodista Juan Etchegoyen de Mitre Live.

 

“Yo me hacía la tonta, trataba de hacerme la que no entendía”, relató. Y aseguró que lo evitaba “de la mejor manera” para que esta persona no se “ofenda, enoje o se sintiera frustrado” porque, en definitiva, la que perdía era ella.

Con quien era mi novio en ese momento, que hoy en día es mi marido, armábamos estrategias”, reveló Laura, que en algún momento pensó en decir que sí en complicidad con él para sacarse al acosador de encima.

“Un día no hubo opción, me lo dijo muy directamente: que quería estar conmigo antes de que me case. Yo le dije que no era lo que quería”, afirmó. A partir de ese momento, grabó los libretos que tenía en mano y jamás le acercaron uno nuevo: “No escribieron más mi personaje”.

 

Además, Santanna confirmó los dichos de los niños actores: "Podía llegar a ver gritos y destratos a los chicos”. “Pienso ‘qué lástima que no era mamá', porque uno tiene otra fortaleza para defender a un niño”, agregó.

Por su parte, Carmen Barbieri, una de las figuras adultas de la tira, y que desde un principio sostuvo que "nunca vio nada de lo que cuentan", volvió a referirse a las denuncias del elenco la semana pasada y subrayó: "Hay que ir a la justicia y dar nombres".

La actriz afirmó que no está en contra de que salga todo esto a la luz, pero pidió que den nombres. “Yo no estoy en contra. Está muy bien que lo declaran y que denuncian, pase el tiempo que pase, pero hay que dar nombres", afirmó en diálogo con Intrusos.

"Hay que ir a la justicia ya mismo y dar nombres de todo esa gente tan poderosa como dice Laura. Por favor denuncien, no se callen, no tengan miedo”, agregó.

 

Uno por uno, todos los actores que denunciaron malos tratos en "Cebollitas"

Juan Yacuzzi, quien intrepretó a Coqui,  fue el primero en salir a contar su experiencia traumática. “Se ponían rojos de gritarnos y había compañeros llorando”, reveló.

Martín Miani, Tomás en la tira, aseguró que durante las temporadas teatrales les daban “café con aspirina para soportar la jornada de trabajo”.

Por su parte, Iván Rossi, el tanguerito de Cebollitas, también contó que fue víctima de maltrato. “Tenía ocho o nueve años y me pusieron el apodo viagra”, recordó.

Matías Boquete, que era Axel, contó: “En mi caso, yo un día terminé de hacer una de las escenas y una de las actrices me dio vuelta la cara de un bife. Se me llenaron los ojos de lágrimas, mordí las muelas y tragué. Me fui indignado porque había sido una falta de respeto. A ella le molestaba que yo le moviera la silla”.

 

Mariana Rubio, que le daba vida al personaje de Roxana, denunció recientemente que presenció muchas situaciones de abuso en el set. “Vi chicos llorando, escuché gritos y maltratos, destratos, comparaciones entre diferentes actores”, aseguró.

Por su parte, Pedro Castagna, Brian, también se sumó a las acusaciones la semana pasada cuando afirmó que todo lo que denunciaron sus compañeros era cierto.

Marcelo Italiano, que encarnó a Sammy en Cebollitas, habló de situaciones extremas vividas durante el rodaje. “No hubo un muerto de milagro, comentó.

Diego Vicos, el recordado Colo de la novela, aseguró que el clima era “muy intenso” y que trataban a los niños igual que a los adultos. “Quizás la producción debió cuidarnos un poco más. Nos ponían los puntos y se les iba la mano. Me hacían llorar”, dijo.

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