Frente a la preocupación que genera en todo el mundo el avance de la variante Ómicron del coronavirus, los miembros de la Organización Mundial de la Salud (OMS) mantuvieron una reunión en la que definieron cuáles son los componentes que deben tener las vacunas para generar inmunidad sobre la población y ponerle un freno a esta cepa.

En un reciente encuentro realizado por la OMS bajo el título "¿Que evidencia tenemos de que Ómicron evade la inmunidad y cuáles serían sus implicancias?", en donde se arribó a la conclusión de que hay que cambiar ciertas fórmulas en las vacunas, que permitirían hacerlas más eficaces.

Este cambio consiste en incluir otra proteína, denominada N (Nucleocápside) en los nuevos desarrollos, y no sólo a la S (Spike), ya que esta primera proteína es interna y más estable que la S (externa), que ha demostrado una de las tasas más altas de mutación en comparación con las otras regiones del virus.

La estructura del virus consiste en una Nucleocápside (que protege al material genético viral) y en una envoltura externa. En esa envoltura se encuentran la proteínas Spike (S), proteína de membrana (M) y proteína de envoltura (E), además de otras proteínas accesorias.

El coronavirus infecta las células mediante la interacción entre el dominio de unión al receptor de la proteína S del virus y el receptor ACE2 de la célula humana. Por este motivo, la proteína S y su RBD se seleccionaron como blancos principales en el desarrollo de vacunas, a la espera de generar anticuerpos neutralizantes para bloquear el ingreso del virus.

Sin embargo, la presencia de anticuerpos neutralizantes contra la proteína S del virus no otorga una protección completa contra una infección producida por la variante Ómicron.

En ese sentido, se observó una reducción en la inmunidad contra esta cepa del coronavirus, que es de 30 a 40 veces menor para las personas que ya recibieron dos dosis de la vacuna.

Frente a esta problemática, la aplicación de una tercera dosis permite la posibilidad de aumentar la inmunidad de las personas frente al Covid, aunque a largo plazo esta opción no sería lo suficientemente efectiva, ya que se necesitaría una aplicación constante de las vacunas y su efecto no se prolongaría mucho en el tiempo para evitar el contagio de la cepa ómicron.

Por su parte, otro dato alentador arrojado en la reunión fue el de que ex pacientes de coronavirus poseen celulas T de memoria de larga duración que son reactivas a la protenía N y pueden servir a evitar los contagios.

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