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Los clubes de barrio no tiran la pelota afuera: pese a la crisis, siguen conteniendo y formando

Los dirigentes de distintas instituciones deportivas barriales destacan el rol social que cumplen estos espacios en la contención, educación y desarrollo de los chicos.

La actual edición del Mundial de Fútbol es la expresión visible de un trabajo que comenzó mucho antes, en los clubes de barrio. Estas instituciones, que desde hace años enfrentan intentos de transformación en sociedades anónimas deportivas (SAD) o proyectos inmobiliarios de gran escala, continúan sosteniéndose gracias a una característica que las define: la solidaridad. Un valor que atraviesa a dirigentes, socios, familias y vecinos, convirtiéndolas en mucho más que espacios deportivos.

"Siempre digo que el club no es solo un espacio donde se practica un deporte, sino que es la casa, para muchos la primera. Es una comunidad y una familia, donde aprendemos a mirar al otro, a acompañarlo y a crecer juntos", expresó Laura D'Amore, presidenta del Club Colón de Lomas de Zamora.

En la misma línea, Daniel Pacin, dirigente de Franja de Oro, en el barrio porteño de Pompeya, destacó: "Es un valor central del club. Se aprende desde chico que un lugar comunitario se construye con otro, que el esfuerzo individual tiene sentido cuando también ayuda al conjunto, y que siempre hay alguien que necesita una mano. Por eso decimos que los clubes son espacios donde la solidaridad se vuelve concreta".

Para D'Amore, "la solidaridad es el corazón del club de barrio". Una visión compartida por Cristian Font, presidente de Villa Ideal, quien aseguró que "el club es lugar donde todos piensan en el otro, donde la solidaridad es la constante en el día a día".

La dirigente de Colón remarcó además que detrás de cada logro deportivo existe una red de personas que hace posible el desarrollo de los chicos: entrenadores, familias, directivos y vecinos. "No hay club si no hay solidaridad", afirmó.

También explicó que esos valores no se transmiten únicamente con discursos. "Todo lo que nosotros inculcamos no es solo con palabras sino también con acciones. Entonces uno tiene que ser solidario como dirigente o entrenador para que los chicos nos vean, porque aprenden un valor tomando un ejemplo. Nosotros como club queremos que nuestros deportistas sean buenas personas, buenos ciudadanos que se comprometan con la comunidad", señaló.

Pacin coincidió en que la solidaridad se incorpora mediante experiencias cotidianas. "Los chicos la asimilan viendo cómo se comparten las camisetas, cuando los más grandes ayudan a los más chicos o cuando una familia participa de una actividad. Se enseña en la convivencia, en los entrenamientos, en el vestuario, en los viajes, cuando ganás y perdés. Así entienden que pertenecer a un club es formar parte de una comunidad", sostuvo.

Los pibes de Franja de Oro, en Pompeya.
Los pibes de Franja de Oro, en Pompeya.

Ese proceso formativo tiene reflejo en figuras del fútbol profesional. Enzo Fernández, protagonista de la Selección Argentina, es uno de los tantos ejemplos de jugadores que crecieron en clubes barriales antes de llegar a la elite. Sin embargo, según remarcan los dirigentes, ese aporte histórico no siempre fue valorado frente a iniciativas que buscaban modificar el modelo tradicional de estas instituciones.

Uno de los momentos más complejos se produjo con los fuertes aumentos tarifarios registrados entre fines de 2015 y comienzos de 2016. Font, quien además encabeza el Observatorio de Clubes de Barrio, recordó que desde entonces comenzaron a trabajar de manera coordinada.

"Venimos trabajando de manera conjunta y solidaria desde hace años. El primer logro fue conseguir la ley nacional de clubes de barrio, donde la dirigencia de todo el país trabajó mancomunadamente para alcanzar ese hito. Dimos la batalla contra el tarifazo y lo más importante: pudimos poner en la agenda pública la defensa de nuestras instituciones. En el día a día siempre trabajamos codo a codo", explicó.

D'Amore define ese proceso como "la familia de los clubes". Según relató, los dirigentes comprendieron que además de competir también debían colaborar entre sí, compartiendo materiales, experiencias y conocimientos.

Por su parte, Font contó que existe una planificación conjunta entre entidades cercanas para distribuir actividades y orientar a los vecinos hacia los clubes que ofrecen cada disciplina.

Esa red de cooperación quedó especialmente expuesta durante la pandemia de Covid-19. Aunque las actividades deportivas se suspendieron, los clubes continuaron desempeñando un rol fundamental en sus comunidades.

"Los clubes fuimos en pandemia comedores, centros de vacunación, de logística y hasta de internación. En cada catástrofe natural siempre estamos presentes y es una constante las jornadas deportivas solidarias, rifas y eventos para ayudar a algún deportista o a una familia que atraviesa un mal momento", recordó Font.

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