PAISAJE SURREALISTA

Parece Marte, pero está en Argentina: un impresionante desierto rojo para vivir una aventura diferente

La inmensidad de la Puna, sus particulares relieves y una extraordinaria paleta de tonalidades crean una postal difícil de encontrar en cualquier otro rincón del país.

Hay rincones de la Argentina capaces de desafiar por completo lo que uno espera encontrar al emprender una escapada. Kilómetros de inmensidad, un horizonte prácticamente infinito y relieves moldeados por la naturaleza crean escenarios tan extraños como fascinantes.

En plena Puna, la tierra adquiere intensas tonalidades rojizas que contrastan con el cielo azul y las elevaciones de la Cordillera de los Andes. El resultado es una postal surrealista que transforma el propio camino en parte de la experiencia.

 Las particulares formaciones del terreno permiten internarse en escenarios moldeados por la erosión y descubrir de cerca sus sorprendentes texturas. 
 Las particulares formaciones del terreno permiten internarse en escenarios moldeados por la erosión y descubrir de cerca sus sorprendentes texturas. 

Una maravilla escondida en la Puna de Salta

Se trata del Desierto del Diablo, un extenso paisaje árido ubicado en la Puna de la provincia de Salta, dentro del circuito turístico que conduce hacia Tolar Grande

Es uno de los escenarios más impactantes de esta región de altura y sobresale por sus intensos colores, extrema aridez y la sensación de aislamiento que transmite su enorme extensión. 

 El horizonte parece no tener fin entre extensiones rojizas y montañas que refuerzan la apariencia extraterrestre del paisaje. 
 El horizonte parece no tener fin entre extensiones rojizas y montañas que refuerzan la apariencia extraterrestre del paisaje. 

Conocerlo implica emprender una verdadera travesía. Tolar Grande se encuentra a 387 kilómetros de la ciudad de Salta. El itinerario atraviesa Campo Quijano, la Quebrada del Toro y San Antonio de los Cobres antes de internarse definitivamente en la Puna y continuar hacia la zona de Tolar Grande.

Debido a las características del terreno, la altura y las grandes distancias que separan los principales atractivos, una de las mejores alternativas para conocer el Desierto del Diablo es contratar una excursión o agencia de turismo especializada en la región. 

El principal espectáculo aparece cuando el terreno comienza a teñirse de diferentes tonos de rojo. La escasa vegetación deja prácticamente al descubierto la superficie, mientras las formas del relieve, las elevaciones y el cielo intensamente azul completan una combinación difícil de comparar con otros paisajes argentinos.

El camino permite además contemplar Los Colorados o Desierto de Laberinto, unas llamativas formaciones de dunas fósiles. El lugar invita a realizar pequeñas caminatas y detenerse a observar las extrañas formas que adquiere el terreno.

El principal espectáculo aparece cuando el terreno comienza a teñirse de diferentes tonos de rojo. La escasa vegetación deja prácticamente al descubierto la superficie, mientras las formas del relieve, las elevaciones y el cielo intensamente azul completan una combinación difícil de comparar con otros paisajes argentinos.El camino permite además contemplar Los Colorados o Desierto de Laberinto, unas llamativas formaciones de dunas fósiles. El lugar invita a realizar pequeñas caminatas y detenerse a observar las extrañas formas que adquiere el terreno. Las enormes dimensiones del Desierto del Diablo quedan en evidencia al recorrer sus caminos y contemplar la inmensidad de la Puna. 
 Las enormes dimensiones del Desierto del Diablo quedan en evidencia al recorrer sus caminos y contemplar la inmensidad de la Puna. 

Uno de los puntos panorámicos más atractivos del recorrido es Las Siete Curvas, desde donde la inmensidad puneña queda expuesta ante los viajeros. Los locales lo destacan especialmente como uno de los lugares desde los cuales contemplar el Desierto del Diablo.

La experiencia se potencia por el silencio y el aislamiento. Aquí prácticamente no existen construcciones que interrumpan la vista y el horizonte parece prolongarse indefinidamente, una característica que refuerza esa sensación de estar recorriendo un territorio completamente ajeno.

 El Desierto del Diablo forma parte de los extraordinarios paisajes que pueden descubrirse durante la travesía hacia Tolar Grande. 
 El Desierto del Diablo forma parte de los extraordinarios paisajes que pueden descubrirse durante la travesía hacia Tolar Grande. 

La travesía puede continuar hacia Tolar Grande, un pequeño pueblo de origen ferroviario situado en uno de los sectores más remotos de la Puna. La localidad se encuentra rodeada de salares y grandes volcanes, y funciona como base para conocer varios de los fenómenos naturales más extraordinarios del oeste salteño.

Entre ellos aparecen los Ojos de Mar, pozos de agua de llamativos tonos azulados que reflejan las siluetas de las elevaciones circundantes. Se encuentran a unos tres kilómetros de Tolar Grande y crean un fuerte contraste con la extrema sequedad que domina el paisaje.

 El Cono de Arita sorprende por su llamativa forma casi perfecta en medio de la inmensidad del Salar de Arizaro. 
 El Cono de Arita sorprende por su llamativa forma casi perfecta en medio de la inmensidad del Salar de Arizaro. 

Otro de los grandes protagonistas es el Salar de Arizaro, una enorme extensión salina rodeada por algunos de los volcanes y nevados más elevados de la región, como el Llullaillaco, el Socompa y el Arácar. Su superficie puede recorrerse mediante travesías y ofrece panorámicas de enorme amplitud.

En medio de semejante inmensidad emerge el Cono de Arita, una extraordinaria formación natural de aproximadamente 200 metros de altura que sorprende por su llamativa simetría. Su silueta casi perfecta sobre la superficie del salar constituye una de las imágenes más reconocibles de la Puna salteña.

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