Tiene cerros verdes y un precioso dique celeste: el pueblo ideal para olvidarse de la rutina
Calles tranquilas, construcciones centenarias, senderos y una fuerte identidad regional hacen de este rincón norteño una alternativa diferente para una escapada.
El norte argentino guarda rincones capaces de sorprender incluso a quienes creen conocer sus paisajes más famosos. Entre caminos sinuosos y una vegetación que cubre las laderas, aparecen pequeños destinos donde la naturaleza todavía marca el ritmo de cada jornada.
Uno de ellos combina arquitectura centenaria, enormes espejos de agua y escenarios dominados por las yungas. Su cercanía con una de las ciudades turísticas más importantes de la región permite, además, conocerlo en el día o convertirlo en el punto de partida para una escapada diferente.
Naturaleza e historia a pocos kilómetros de Salta
Se trata de La Caldera, un pequeño pueblo ubicado en la provincia de Salta y cabecera del departamento homónimo. Uno de sus grandes encantos es su arquitectura de principios del siglo XIX, que todavía conserva buena parte de la identidad tradicional de la localidad.
Desde Salta capital hay apenas 22 kilómetros, por lo que el recorrido puede completarse aproximadamente en media hora, dependiendo del tránsito. Para llegar hay que tomar la Ruta Nacional 9 hacia el norte, atravesando un trayecto rodeado progresivamente por vegetación y montañas.
La geografía es uno de los grandes motivos para conocerlo. La Caldera está inmersa en un ambiente donde las yungas, los cerros y los cursos de agua construyen un escenario exuberante que contrasta con los paisajes áridos que suelen asociarse inmediatamente con el norte del país.
Esta característica también convierte a la zona en un excelente lugar para las actividades al aire libre. Una de las propuestas es realizar trekking al Cerro de la Cruz, cuya cima se encuentra a unos 1.600 metros sobre el nivel del mar y ofrece vistas panorámicas del pueblo, Vaqueros y el dique Campo Alegre.
A pocos kilómetros aparece el dique Campo Alegre, un enorme espejo de agua rodeado por elevaciones cubiertas de vegetación. El contraste entre sus aguas y las montañas forma una de las imágenes más características de esta escapada.
Pero no es únicamente un sitio para contemplar. El lugar permite practicar pesca y diferentes actividades náuticas. También existen propuestas de cabalgatas por sus alrededores, con recorridos que atraviesan ambientes de yungas y realizan paradas en puntos panorámicos.
El casco urbano ofrece un cambio completo de escenario. Casas antiguas, calles tranquilas y construcciones de principios del siglo XIX permiten descubrir una faceta mucho más histórica de La Caldera. La conservación de este patrimonio es, justamente, uno de los atributos que Turismo de Salta destaca del pueblo.
Entre sus símbolos aparece también el gigantesco Cristo Redentor, cuya figura alcanza los 26 metros de altura contando su base. Su tamaño y ubicación lo transformaron en uno de los puntos característicos de la localidad y en una parada prácticamente obligatoria durante el recorrido.
La experiencia puede completarse con la gastronomía regional, especialmente las preparaciones características del norte argentino. En distintos eventos y ferias locales aparecen productos artesanales y platos como tortillas a la parrilla, buñuelos, bollos y panificados caseros, que permiten sumar los sabores tradicionales al recorrido.
Además, La Caldera funciona muy bien para combinar con otros destinos cercanos. Vaqueros se encuentra sobre el mismo corredor de la RN 9 y se destaca por su producción artesanal, mientras que hacia el sur aparece Salta. Quienes continúan hacia el norte pueden recorrer el famoso Camino de la Cornisa, una de las rutas paisajísticas que conectan Salta con Jujuy.
Su gran virtud está en reunir naturaleza, historia y aventura en muy pocos kilómetros. En una misma escapada se puede caminar entre vegetación exuberante, contemplar el dique Campo Alegre, recorrer construcciones centenarias y acercarse a uno de los monumentos más llamativos de la región.
La cercanía con Salta capital termina de convertirla en una alternativa muy tentadora. La Caldera no necesita grandes atracciones artificiales para sorprender: sus cerros, el agua, la arquitectura y el ritmo pausado del pueblo alcanzan para regalar una experiencia completamente diferente.

