Un oasis natural entre cerros y quebradas: esconde paisajes de más de 200 millones de años
Senderos y sorprendentes formaciones rocosas conforman este escenario ideal para caminar, explorar y descubrir la riqueza del piedemonte.
Entre viñedos y altas montañas, Mendoza también guarda escenarios que sorprenden por sus formas y colores.
Lejos de las postales más tradicionales de la provincia, existen rincones dominados por enormes paredones y relieves que invitan a calzarse las zapatillas y salir a explorar.
Cerros, quebradas y paisajes de otro planeta: el oasis natural perfecto para hacer trekking
Se trata de Divisadero Largo, una reserva natural ubicada en el piedemonte de la provincia de Mendoza, es decir, donde las montañas, los profundos cauces y las formaciones rocosas dominan un escenario que parece de otro mundo.
Además, el área natural se extiende por unas 492 hectáreas y resguarda uno de los patrimonios geológicos más sorprendentes de la región. Su protección permite conservar un espacio de enorme valor científico y ambiental, donde es posible reconstruir parte de la evolución del territorio.
Uno de sus grandes atractivos es justamente su ubicación: se encuentra a solo 8 kilómetros del centro de la Ciudad de Mendoza, dentro del Circuito Papagayos. Esta cercanía permite cambiar rápidamente el movimiento urbano por un ambiente agreste, silencioso y dominado por las primeras elevaciones de la precordillera.
El acceso a Divisadero Largo se realiza desde la Ruta Provincial 99. El trayecto en vehículo es corto y permite alcanzar rápidamente el ingreso al área protegida. Una vez allí, la visita continúa a pie por los senderos habilitados de la reserva.
Lo verdaderamente extraordinario aparece al observar sus rocas. Divisadero Largo conserva afloramientos correspondientes a diferentes períodos geológicos que abarcan más de 200 millones de años, además de fósiles que ayudan a reconstruir parte del pasado remoto de esta región.
Las distintas capas y tonalidades de las formaciones convierten el terreno en una especie de libro geológico a cielo abierto. La existencia de una falla permitió que quedaran expuestos diferentes niveles de rocas sedimentarias, haciendo posible observar en un espacio relativamente reducido.
La geografía árida es otro de sus grandes atractivos. Quebradas, elevaciones y cauces secos atraviesan la reserva hasta conformar una cuenca aluvional integrada al sistema del arroyo Papagayos. El contraste entre las rocas y la vegetación característica del piedemonte crea postales completamente diferentes a las del centro mendocino.
Uno de los puntos elevados es el Cerro Divisadero, que supera los 1.200 metros sobre el nivel del mar. Desde diferentes sectores pueden conseguirse amplias panorámicas del entorno y, especialmente, de la Ciudad de Mendoza extendiéndose a los pies de la precordillera.
La biodiversidad también sorprende teniendo en cuenta la aridez del ambiente. Entre las especies que pueden observarse aparecen zorros colorados, águilas moras, aguiluchos, yales y piquitos de oro, todas adaptadas a las particulares condiciones de la precordillera mendocina.
Divisadero Largo conserva, además, rastros mucho más recientes de la historia. Dentro del área existen vestigios de antiguos asentamientos humanos y restos de una explotación minera, vinculada a la extracción de sedimentos de carbón utilizados antiguamente para producir gas destinado al alumbrado de Mendoza.
Para conocerla, el senderismo es protagonista. Hay alternativas que van desde caminatas sencillas aptas para realizar en familia hasta circuitos de trekking más largos y con mayor dificultad. Durante el trayecto aparecen los afloramientos rocosos y algunos de los paisajes más característicos del piedemonte.
No es simplemente una caminata para contemplar bonitas postales. Cada formación cuenta una parte del pasado de la Tierra, haciendo de Divisadero Largo una alternativa especialmente atractiva para quienes quieren combinar trekking, fotografía, naturaleza y curiosidad científica.

