Por Jorge Fernández Gentile
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En una sociedad como la argentina, en la que el tránsito es generalmente un caos y las reglas que todos deberíamos cumplir las violamos sistemáticamente, casi sin solución de continuidad, un dispositivo muy necesario para que todos los autos pudieran tener un mejor control de parte de los conductores, como es el llamado control electrónico de estabilidad (ESP, según su sigla en inglés), que iba a ser obligatorio para los nuevos autos lanzados a la venta a partir del 1º de enero de 2018, finalmente no se producirá y, en principio, su implementación se postergará al menos por dos años.

Los fabricantes de las empresas multinacionales automotrices radicadas en nuestro país explicaron que el motivo de la postergación de la colocación del ESP en los nuevos vehículos que saldrán desde el año próximo tiene que ver con la necesidad de igualar el calendario de implementaciones de nuevos dispositivos de seguridad con Brasil. En ese sentido, se apoyan en que la mayoría de los autos que circulan aquí son fabricados en ambos países, pero en el gigante vecino dicen no estar listos para su incorporación.

Todo muy bien, pero esa no implementación del control de estabilidad impedirá la reducción de muertes por accidentes de tránsito en nuestras calles y rutas, ya que si bien se puede colocar en los autos, la medida no es obligatoria, y un minúsculo número de unidades lo posee, generalmente de alta gama.

De qué se trata

Aún en el país continúa la discusión sobre si la implementación del ESP es obligatoria o no. ¿Pero de qué se trata? Es un dispositivo que puede evitar hasta un 80 por ciento de los accidentes provocados por la pérdida de control de un vehículo. El dispositivo, al que también se lo llama control dinámico, se acciona automáticamente en el momento de realizar una maniobra imprevista, lo que habitualmente llamamos un “volantazo”, quitándole potencia al motor y utilizando el freno de forma independiente en distintas ruedas para evitar derrapes y vuelcos.

El sistema incorpora sensores de velocidad de giro en las ruedas que trabajan con el ABS (sistemas de frenos antibloqueo) y un sensor de dirección que registra la dirección deseada por el conductor al girar el volante y de esa forma detectar qué maniobras son imprevistas y activarse para corregir su trayecto, según el informe brindado por Pablo Azorín, jefe de Seguridad Vial y Medio Ambiente de FIA Latinoamérica.

Azorín agrega que también el sensor de ángulo de giro proporciona información sobre desplazamientos del vehículo cuando el mismo comienza a derrapar o al perder la trayectoria deseada por el conductor. Con este dispositivo de fábrica, es posible evitar riesgos y mantener el control del automóvil ante una eventualidad. Su costo junto al ABS es de alrededor de mil pesos.

Aprobado por la OMS

Cabe destacar que el ESP fue recomendado en 2012 por la Organización Mundial de la Salud (OMS), para ser integrado en la fabricación de automóviles en todo el mundo.

En nuestro país, en 2013 las principales automotrices firmaron un acuerdo mediante el cual se comprometieron a implementarlo a partir de enero de 2018, con el objetivo de reducir accidentes y salvar vidas.

Esta normativa abarcaría la inclusión obligatoria en los vehículos cero kilómetro, que ya se comercializan en el mercado. Lamentablemente, las terminales, que suelen ser las que van a la cabeza de la innovación tecnológica, en parte motivadas por las diferencias en las normativas entre nuestro país y el vecino Brasil, habrían preferido evitar su implementación definitiva, a entrar en una discusión en la que, decididamente, el perjudicado es el público.

Sólo pagando lo tenés

De esta manera, y como las terminales patearon la pelota hacia adelante, el uso de un dispositivo tan importante en cualquier auto seguirá siendo opcional. Así, quienes lo deseen implementar deberán pagar por su seguridad. Si fuera estándar, estaría incluido en el precio de compra de cualquier vehículo.

Una decisión que, de alguna manera, retrasa en el país el uso de un dispositivo que evitaría muchos accidentes. Y reduciría drásticamente la pérdida de muchas vidas. Los fundamentos para no aplicarlo desde 2018 en la Argentina se relaciona con el hecho de que el mercado brasileño prevé la puesta en funcionamiento obligatoria del ESP a partir de 2020.

De esta manera, la demora de las terminales nacionales les permitirá continuar sus intercambios comerciales con el país vecino. Sin embargo, según estimaciones, la nueva reglamentación se pondría en vigencia recién en enero de 2022 y no en 2018 como estaba previsto.

“Por el bien de los argentinos y de todos los consumidores de la región, esperamos que la postergación sea un rumor y que Argentina se mantenga en línea con los planes de la Década de Acción para la Seguridad Vial y las metas de sustentabilidad de la ONU estipulados para salvar vidas”, opinó al respecto Alejandro Furas, secretario general de Latin NCAP (el Programa de Evaluación de Vehículos Nuevos para América latina y el Caribe).

¿Y la seguidad?

La importancia de la seguridad vial y el compromiso en la prevención de pérdidas de vidas por accidentes de tránsito es un tema que debería superar largamente las decisiones empresariales, por cierto unilaterales, ya que sin la obligatoriedad para implementarlo, lo harán cuando más les convenga.

En cambio, debería ser un tema que tendría que tratarse a nivel de autoridades gubernamentales, tanto desde el ejecutivo como en lo legislativo, a nivel provincial y nacional, pero además con una participación de la Agencia Nacional de Seguridad Vial, entidades que aporten su importante opinión, como el caso del Automóvil Club Argentino, diferentes ONG que evalúen desde otras ópticas, sin considerar solamente el lado económico y comercial de las grandes empresas.