Por Florencia Bombini
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¿En qué momento se transformó todo este mundo? ¿Desde cuándo la tecnología comenzó a dominar el planeta? Algunos dirán que desde siempre, otros responderán que son cambios recientes y que se han desarrollado de manera vertiginosa.

Estos últimos son los pensamientos de los adultos mayores, que afrontan cada avance como un nuevo y duro desafío, mientras que los nativos digitales lo consideran algo natural. Claro, comprender que ese álbum de fotos que tienen guardado en una caja en el fondo del placard está a punto de extinguirse no es algo fácil para los abuelos.

Tampoco será fácil entender que no tienen que comprar más la tarjeta para llamar al exterior ni asombrarse cuando llega la cuenta del teléfono por esas llamadas a alguna otra parte del mundo para no perder contacto con un familiar. Que Skype ha solucionado todo. Que las llamadas de WhatsApp han reemplazado a las tarjetas.

La brecha digital generacional consiste en esta sensación de encontrarse con un mundo nuevo, extraño, inaccesible. De acuerdo con la explicación de la licenciada María Mercedes Olmedo, de la gerencia de servicio social de Hirsch (Centro de Excelencia para Adultos Mayores y Rehabilitación), “la era digital no los atemoriza a la hora de aprender nuevas herramientas para estar vinculados con su entorno. Las redes sociales han despertado un gran interés en personas mayores de 60 años porque les permiten interactuar con sus seres queridos en lo cotidiano y participar socialmente de manera activa, y el impacto se refleja de manera positiva en su estado de ánimo y el aumento de su autoestima”.

Es decir, poder mantener un contacto fluido con sus familiares y amigos es la principal motivación de los adultos mayores para sumarse al uso de redes como Facebook, según un estudio realizado por investigadores argentinos de las universidades de la Patagonia Austral y del Comahue.

En una población de usuarios entre 61 y 87 años de edad, este análisis reveló, por ejemplo, que la sobrecarga de información que estas redes suelen presentar en la pantalla a través de sus interfaces puede resultarles confusa y terminar convirtiéndose en un obstáculo: parecen estar diseñados pensando en un público más joven.

“Sólo estudiando en profundidad la forma en que nuestros adultos mayores interactúan a través de las redes sociales y las dificultades a las que se enfrentan en dicha interacción nos permitirá adquirir la comprensión y conocimiento necesarios para propiciar soluciones de usabilidad y accesibilidad verdaderamente efectivas”, subrayan los autores del estudio.

De ahí la importancia de implementar programas educativos específicamente orientados a la franja de mayor edad, que en América latina tiene un notable crecimiento respecto de la población general.

“Los programas de educación de adultos mayores, que cada vez se instalan en mayor cantidad de lugares, posibilitan el aprendizaje y la incorporación de estas nuevas herramientas a la vida de los envejecentes, y son parte de la aplicación del nuevo paradigma del envejecer, que es el envejecimiento activo”, subraya por su parte la doctora Virginia Viguera, médica psiquiatra, docente de adultos mayores desde 1994, asesora psicogerontológica del Programa de Educación Permanente de Adultos Mayores de la Universidad de La Plata (UNLP).

Esta integración, afirma la doctora Viguera, “también repercutirá en el cambio de estereotipos y prejuicios sobre la vejez, ya que todos los estudios muestran que se puede aprender durante toda la vida”.

El panorama en América latina

Algunos países de América latina como Uruguay y Chile han implementado programas de inclusión digital para disminuir la brecha en la población mayor. En una pequeña parte de esta sociedad aún puede subsistir algún prejuicio hacia esas cosas que “son para los jóvenes”, en cuyo caso, sostuvo Olmedo, las personas “necesitan estímulo y una enseñanza especializada, paciente y alentadora”.

Cuando las condiciones físicas o de salud imponen otro tipo de limitaciones, aún sigue habiendo acciones y oportunidades posibles: “Con el apoyo y asistencia de terceros se pueden realizar conexiones cronometradas una vez por semana vía Skype con los familiares de quienes no tienen posibilidad de hacerlo de manera autónoma. De esta manera, se genera un ambiente tranquilo, sin interferencias, y se ayuda al residente para mejorar su comunicación”.

En países con más desarrollo, cada vez se potencia más la utilización de las nuevas tecnologías como instrumento de ayuda, asistencia sanitaria y primeros auxilios a las personas mayores.

Según Silvia Gascón, directora del Centro de Envejecimiento de la Universidad Isalud y embajadora global de HelpAge International, tales herramientas impactan muy positivamente, sobre todo como medio de interacción social, ya que también favorece la formación de nuevos vínculos.

“Por otro lado, facilita el acceso a la cultura, la utilización del tiempo libre, el autocuidado de la salud y nuevas oportunidades educativas y laborales”, sintetizó la especialista.

Delia, una abuela que no le teme a la tecnología

Las actualizaciones de Facebook, los nuevos secretos del WhatsApp o las distintas versiones que presentan las páginas de correo electrónico no asustan para nada a Delia, que a los 82 años se adapta rápidamente a los nuevos cambios. Con su cuenta en la red social de Zuckerberg desde hace cinco años, dos grupos en el servicio de mensajería instantánea, y varios servicios adheridos a su e-mail, la mujer, del barrio de Belgrano, lleva una vida muy lejana a lo que indica su edad.

Atrás quedó el BlackBerry que usó en algún momento: rápidamente fue atrapada por el fenómeno de Apple y hoy maneja un iPhone 7. “Mi hijo me explicó cómo se usa y para las utilidades que le doy, está perfecto. Las herramientas que uso son sencillas. Saco fotos, grabo videos, envío mensajes de WhatsApp y miro los mails”, relató Delia.

En relación con su cuenta de Facebook, señaló que “me sirvió para recordar cumpleaños y ver fotos de sobrinos que están lejos. Es como una manera de vincularse con ellos a pesar de la distancia”. ¿Con qué frecuencia utiliza la red social? “Todos los días entro. Creo que me defiendo bastante bien”.

Lejos de hacer cola en los bancos o agarrar el teléfono para reclamar el resumen de la tarjeta de crédito, Delia decidió sumarse a esta sociedad que maneja todo de manera online.

“Me llegan los resúmenes de cuenta por mail y así los puedo imprimir”, cerró la mujer de 82 años, que no les teme a los avances de la tecnología.

El dato

En Argentina, el 69,4 por ciento de la población es usuaria de Internet. Un estudio señala a las redes sociales como la herramienta preferida: tendrían un 96,8 por ciento de penetración en la población.