Por  Marcelo Peralta Martínez
salud@cronica.com.ar

Tanto los niños recién nacidos como los perros y los gatos, son sinónimo de alegría sin igual en nuestro hogar, pero atención, todo lleva un proceso y un tiempo de adaptación cuando ambas partes se juntan. Por eso mismo debemos tomar ciertos recaudos.

Es que la convivencia entre nuestros hijos y las mascotas trae muchos beneficios para todos, aunque a veces cueste. Además de contribuir a la mejora y protección de la salud de los más pequeños, ayuda en el desarrollo de la sociabilidad y adaptación con su entorno.

Y lo mismo les ocurre a nuestros peluditos amigos. Por lo tanto, para garantizar un vínculo sano, los padres deben estar atentos a algunos cuidados desde la llegada de un nuevo miembro en la familia. Si el perro pasa a ser “el hermano mayor”, se aconseja no perder la tranquilidad. Con paciencia y mucho amor, es posible preparar el ambiente para la llegada del nuevo bebé sin dejar a la mascota de lado ni que el animalito reclame atención.

Importante opinión
En ese contexto, Ingrid Stein, veterinaria de DogHero, explica: “Todas las adaptaciones deben ser hechas gradualmente, siempre tomando el cuidado de insertar la mascota en las nuevas rutinas de la casa. La idea es buscar no privar al perrito del acceso a lugares a los que está acostumbrado, para que no asocie al bebé a cosas negativas”.

Según esos preceptos, una vez que la habitación del bebé esté lista, sería conveniente dejar que el animalito husmee y conozca el ambiente, ante nuestra presencia para poder identificar qué es lo que le podría llamar la atención, y si allí hay un posible riesgo. Por ejemplo, los perros suelen sentir que hay algo diferente en su dueña, y por eso la especialista asegura que “es bueno dejarlo acercarse a la panza y que olfatee. Poco a poco, también se aconseja ir ajustando los horarios de la comida y paseos del perro a los mismos que tendrá cuando nazca el bebé” aseguró Stein.

Convivencia
Después del nacimiento del bebé, se puede dejar paños con el olor del recién nacido, cerca de los lugares que le gusta recorrer o que habitualmente transita la mascota, pero también el plato de su comida. De igual manera, donde se siente seguro, como su cucha o cuna, para comenzar a involucrarlos. Cuando el bebé empieza a jugar, y uno lo está cuidando, es clave dejar que el perro o gato se acerque y participe. Así él va a sentir que sigue siendo parte de la familia y no tendrá celos del nuevo integrante.

Ventajas
Una ventana al mundo


Una de las grandes ventajas de tener una mascota en casa es insertar al recién nacido en la rutina de cuidados, a medida que este vaya creciendo. Esta interacción crea en las criaturas un sentido de responsabilidad y también fortalece el vínculo entre los humanos y las mascotas.

Tareas como pasear, darle comida y ayudar en la higiene del perrito pueden ser delegadas a pequeños con ocho años o más, pero a partir de los cuatro o cinco ellos ya reconocen la mascota como parte de la familia, y hasta pueden darle agua y todo tipo de cariños. Incluso antes de eso, las funciones más simples pueden ser delegadas, siempre con la supervisión de los padres. Con el tiempo, la nueva rutina se arregla y ambos se acostumbran a dividir las atenciones con el nuevo “hermano”.

Si todo el proceso se hace con calma y tranquilidad, rápidamente tu mascota va a amar tener un bebé cerca para ayudar a cuidar y llenar de amor, aunque de la manera que sólo los perros logran hacer, ya que los gatos es sabido son más independientes. Cabe destacar que si la relación perro - hijo no resultó como uno esperaba, no quiere decir que el amor se acabó.

Es importante entender lo que pasó, quizás en un momento de distracción, el bebé pudo haber hecho algo que representaba una amenaza al perro. Por eso es fundamental enseñarle a respetar el espacio y objetos del animalito, así como el perrito necesita entender sus límites con la criatura. Todos son seres vivos y necesitan respeto para que todos convivan en paz. Por último, tener un perro en casa significa comprometerse a darle todo lo que necesite para tener una vida plena, feliz y sana.

Para que esto pase es necesario aguardar el paso del tiempo y recordar que la presencia de ellos disminuye los niveles de estrés, aumentando los de alegría y además, nuestros hijos ganan un mejor amigo incondicional, un “padre” protector y una verdadera guía.