Un detalle que no pasa inadvertido, porque a futuro, su expansión puede aún acrecentarse. Esto genera que el dragón asiático, como muchos llaman a esta enorme potencia, que dispone de una billetera tan gigante como su territorio, pueda encabezar proyectos que generan repercusión en todo el planeta. En ese sentido, en los últimos tiempos, el gran objetivo chino tras sus fronteras apunta a otro lado: gira en torno a la vida extraterrestre. 

Para entrar en esa búsqueda de otra forma de vida a como se la conoce entre los seres humanos, su
gobierno tomó una decisión: utilizará el plato de radio más grande del mundo. ¿De qué se trata? Según los informados en la materia, el plato, que es un telescopio esférico de 500 metros de diámetro, representa aproximadamente el doble de tamaño del observatorio de Arecibo en Puerto Rico, uno de los telescopios más grandes en el planeta. Así, con aquel elemento, los científicos chinos podrían detectar señales desde las profundidades del espacio mucho más rápido que nadie. En consecuencia, presenta la apertura más grande del mundo, a 500 metros, y tiene un área total equivalente a 30 campos de fútbol. 

Con este proyecto dado a la luz y a partir de esta decisión, el presidente de China, Xi Jinping,
admitió que el paso les permitiría dar mayores avances más concretos en la exploración espacial
y hacer nuevas contribuciones para la construcción de la república comunista como potencia espacial.

Parece increíble
A comienzos de año, la Academia de Ciencias de China invitó al notable Liu Cixin, el escritor de ciencia ficción más importante de la actualidad, a visitar su nuevo plato de radio en el suroeste del país, y al salir contó que el plato es algo como “salido de la ciencia ficción”.

El plato de radio es lo suficientemente sensible como para detectar satélites espía, incluso  cuando no transmiten y solamente orbitan. A pesar de ello, que a los chinos les interesa demasiado, por sus continuos resquemores sobre las actitudes de rusos y estadounidenses, los principales usos de este tipo de telescopio serán científicos, incluido uno inusual: el plato es el primer observatorio insignia de la Tierra creado a la medida para escuchar un mensaje de una inteligencia extraterrestre. Si tal señal desciende del espacio exterior durante la próxima década, es posible que China lo escuche primero.

Temores fundados
Según Liu, el primer contacto podría conducir a un conflicto humano, e incluso no descarta la probabilidad de que se declare una guerra mundial. Esto es popular en ciencia ficción. En la película “Arrival”, que se filmó el año pasado, y que ha sido nominada al Oscar, la repentina aparición de una inteligencia extraterrestre inspira la formación de cultos apocalípticos y casi desencadena una guerra entre las potencias mundiales, ansiosas por obtener una ventaja en la carrera para comprender los mensajes de los alienígenas. 

Liu también siente pesimismo del mundo real: tanto en 1938, cuando se lanzó la emisión de radio de “War of the Worlds”, por Orson Welles, simulando una invasión extraterrestre, estalló un grado de histeria que debió acallarse al llegar la aclaración, como en 1949, cuando en Ecuador se repitió la historia en una emisora de Quito, y de eso terminó explotando un motín que resultó en la muerte de seis personas, las experiencias sobre este tipo de anuncios-catástrofe son peligrosos: “Hemos caído en conflictos por cosas que son mucho más fáciles de resolver”, expresó Liu.

Inevitable transformación
Incluso si no se produjeran conflictos geopolíticos que culminen en enfrentamientos armados, los seres humanos sin duda experimentarán una transformación cultural radical, ya que cada sistema de
creencias en la Tierra lidió con el simple hecho del primer contacto.

Los budistas lo tomarían fácilmente: su fe ya asume un universo infinito de antigüedad incalculable, cada rincón vivo con las energías vibrantes de los seres vivos. El cosmos
hindú es igualmente grandioso.
El Corán hace referencia a “la creación de los cielos y la tierra, y las criaturas vivientes
que Él ha esparcido a través de ellos”. Los judíos creen que el poder de Dios no tiene límites,
ciertamente ninguno que restrinja sus poderes creativos a la superficie cósmicamente
pequeña de este planeta.

El cristianismo podría tenerlo más difícil. Hay un debate en la teología cristiana contemporánea
sobre si la salvación de Cristo se extiende a cada alma que existe en el universo más amplio, o si los habitantes contaminados por el pecado de los planetas distantes requieren sus propias intervenciones divinas. El Vaticano está especialmente interesado en dar mensajes a la vida extraterrestre en su doctrina, quizá sintiendo que otra revolución científica puede ser inminente.
No hay que olvidar que la vergonzosa persecución hacia un científico del pasado como Galileo Galilei aún se mantiene fresca en la larga memoria institucional de la iglesia más
convocante del mundo, como es la católica. ¿Y qué mal había hecho, en realidad, el notable
investigador?

¿Pueden oner en peligro la Tierra?
A mediados de 2016, China estrenó el radiotelescopio FAST, uno de los más grandes del mundo, dedicado, entre otras cosas, a buscar señales de civilizaciones extraterrestres. Y casi de inmediato, John Gertz, ex presidente de la junta directiva del Instituto estadounidense de SETI, dedicado a la búsqueda de señales de inteligencia de otros planetas, expresó su preocupación por la participación del gigante asiático en este proyecto. “Los reglamentos que rigen el METI son débiles o inexistentes. Los protocolos posteriores a la detección de SETI no obligan a nada y son demasiado generales. Las capacidades ampliadas de SETI, la implicación de China en el campo y el esfuerzo intensificado de los ‘METI-istas’ de iniciar transmisiones de radio a las estrellas están
entre las razones citadas para la urgencia de abordar la cuestión sobre las regulaciones apropiadas. Las recomendaciones incluyen regulaciones a nivel de agencia y leyes a nivel nacional, así como tratados internacionales y supervisión”, dice Gertz.

En consecuencia, el experto sostiene que uno de los peligros es que China no compartiría con nadie la noticia en el caso de contactar con extraterrestres y argumenta su idea con el hecho de que en 2007 Pekín destruyó su propio satélite sin notificar a nadie y distribuyó basura espacial que pudo haber afectado otros dispositivos.

Así, Gertz se lamentó de que no existan acuerdos ni leyes que establezcan qué hacer a la hora de lograr un contacto con extraterrestres, con lo cual nada impide que alguna potencia u
 organización envíe mensajes

Existen los OVNIs? 
Aunque para una gran mayoría la respuesta se da por sentada, sigue siendo una de las preguntas más recurrentes de la actualidad. Si bien existen amantes de las cuestiones paranormales que lo corroboran, también es cierto que no hay ninguna ciencia que lo determine de manera oficial. En gran medida, porque aún con tantos avances tecnológicos, actualmente no tenemos los métodos
suficientemente efectivos como para explicar con propiedad por qué nos visitan. Estos son los lineamientos, aun cuando no son pocos los que ya tuvieron un encuentro con seres de otros mundos. Cientos de videos e historias se comparten todos los años sobre OVNIs, mientras sobrevuelan una región, cuando se posan sobre la Tierra o, incluso, encuentros de los tercero y cuarto tipo.
En ese contexto, en los últimos días las redes sociales en China explotaron. ¿El motivo? Circularon muchas imágenes de un objeto con forma de alfombra mágica que sobrevoló la localidad
de Jinan. De todas las rarezas que se pueden volver virales en la web, esta es inexplicable. Los usuarios de los sitios chinos coincidieron en que el fenómeno no era natural ni terráqueo, pero sus conjeturas fueron desde “una alfombra mágica” hasta “un celular” pasando por “la puerta del cielo” abierta.

Lógicamente, los más escépticos aseguraron que se trató de una luz de la ciudad que impactó de manera extraña en el cielo durante una noche nublada, pero no hay una explicación oficial hasta el momento que amerite explicaciones más específicas. Un misterio más que se agrega al fenómeno, y a
la acostumbrada forma de desinformar que tienen los chinos, hasta con sus propios hijos.