Por Florencia Bombini
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Aquellas personas que han sido o son fumadoras describen con lujo de detalle el duro desafío que implica abandonar el hábito, en algunos casos con éxito y en otros, no. Algunos lo hacen por advertencias de un médico, o quizás algún “ultimátum” que le propone el propio organismo, otros lo hacen ante la llegada de un hijo y otros buscan alguna que otra promesa o se apoyan en algo para emprender este combate con mayor fuerza. Sin embargo, a veces los resultados son positivos y otras veces negativos, depende la fuerza de voluntad del propio fumador. Aunque hay casos también en que buscan diferentes alternativas para no abandonar el hábito.

Dentro de las variantes, muchos se apoyan en el cigarrillo electrónico, que al no tener las mismas características físicas y al utilizarse de otra manera, pueden pensar que es menos nocivo para la salud. En el marco del Día Mundial sin Tabaco (que se conmemoró el pasado 31 de mayo), los especialistas se sumaron a este debate mundial.

Hasta el momento no hay una versión certera y su utilidad logró dividir a la comunidad científica, como así también a los estados y sus marcos regulatorios.

La historia indica que esta polémica comenzó entre 2003 y 2004 cuando un farmacéutico chino desarrolló el primer cigarrillo electrónico, que posteriormente patentó, fabricó y comenzó a comercializarlo en Estados Unidos y algunos países europeos.

También conocido como vaporizador, vapeador o e-cigarette (en inglés), este objeto consta de una batería y un atomizador. ¿En qué consiste? Este último es el recipiente de cristal o plástico transparente en donde se almacena el líquido que luego se transformará en vapor a su paso por una resistencia, y que inhalará el consumidor desde la boquilla del aparato. El líquido contiene sustancias aromatizantes, agua, alcohol, propilenglicol, glicerina vegetal y diferentes concentraciones de nicotina. Sin embargo, su uso sigue siendo debatido a nivel mundial. Por un lado, los defensores lo consideran una alternativa al cigarrillo tradicional y un buen método para dejar de fumar, pero de la vereda de enfrente lo conciben como un elemento nocivo para la salud, tanto para el “vapeador” activo como para el pasivo.

Opción no saludable

La pregunta entonces tiene que ver con cuánto hay de cierto en los efectos “menos nocivos” de estos productos que ya llevan 15 años en el mercado.

El doctor Jorge Tartaglione (MN 67.502), presidente de la Fundación Cardiológica Argentina y el doctor Francisco José Toscano Quilon (MN 95.358), miembro del organismo, ambos médicos cardiólogos, advirtieron que “creemos que debe considerarse como un elemento de ‘riesgo’ para el fumador pasivo, ya que aún se desconoce la real potencialidad tóxica del vapor exhalado. Asimismo, si bien es menos dañino que el cigarrillo convencional, no puede calificarse hoy como una alternativa saludable para reemplazar el hábito tabáquico”. Hoy hay muchísimos esquemas terapéuticos. Al respecto, agregaron los profesionales, “podemos incluir al cigarrillo electrónico como una estrategia de corto plazo, no exenta de riesgo, que debe asociarse con otras medidas higiénico dietéticas, ejercicio y apoyo psicológico en caso de ser necesario”.

¿Qué dice la OMS?

La Organización Mundial de la Salud ha mostrado cierta cautela y no ha logrado un consenso para una recomendación normativa ante la falta de evidencia concluyente sobre sus efectos.

De todas maneras, en la “Conferencia de las Partes en el Convenio marco para el control del Tabaco” de noviembre de 2016, el organismo hizo hincapié en los potenciales riesgos tóxicos y hasta cancerígenos de algunas sustancias detectadas en el vapor de este tipo de dispositivos. Al tiempo que enfatizó que el aerosol ajeno es una nueva fuente de contaminación del aire por partículas; y alerta que estos productos son más accesibles y agradables para jóvenes y hasta niños.

En Argentina

La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) reguló su utilización en 2011. En este sentido, indicó que “el cigarrillo electrónico no fue estudiado a fondo, así que no se conocen sus riesgos potenciales”, por lo que preventivamente se evita su uso. Según la resolución publicada en el Boletín Oficial, se prohíbe la importación, distribución, comercialización y publicidad de estos productos; así como la venta de “todo tipo de accesorio” para este sistema (Disposición Nº 3226/11, ratificada en noviembre de 2016).

En tanto, según consigna la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Argentina, Brasil, México, Panamá, Surinam y Uruguay prohíben la comercialización de los llamados “sistemas electrónicos de administración de nicotina” (SEAN), mientras Canadá y Chile los reglamentaron como “productos terapéuticos” y Costa Rica, Ecuador, Honduras y Jamaica los incluyen como productos de tabaco.

44 mil argentinos mueren por año 

Que el cigarrillo causa severos problemas en la salud es una afirmación ya conocida, más allá de que a muchos les cueste abandonar el hábito aún sabiendo sus efectos nocivos. ¿Cuáles son? Puede causar enfermedades cardiovasculares, cáncer de pulmón y enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

La última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo señaló que el 25 por ciento de la población adulta fuma tabaco. Esto trae como consecuencia que 44.000 personas mueren al año en Argentina por afecciones relacionadas al tabaquismo.

Además, los números indican que un 27,6 por ciento de la población está expuesta al humo de tabaco ajeno en el hogar, un 25 por ciento en el ámbito laboral y un 23 en bares y restaurantes.

El proceso de afección del cuerpo por tabaquismo es lento y silencioso. En muchos casos, una vez que aparecen los síntomas el estado es irreversible: obstrucción de las arterias que aumenta el depósito de colesterol y los niveles de triglicéridos en sangre, reducción de la capacidad de oxigenación de la sangre, formación de coágulos, aumento de la presión arterial y el pulso sanguíneo. El riesgo de muerte es de 2.2 para aquellos que fuman entre 1 y 20 cigarrillos diarios y aumenta en la medida en que se acrecienta la cantidad de consumo y los años de desarrollo del hábito.

Entonces, ¿qué consejos hay que seguir para abandonar el hábito? En primer lugar, el punto fundamental es tomar la decisión. Solamente 20 minutos después del último cigarrillo, el organismo comienza a sentir los beneficios dado que se normaliza la frecuencia cardíaca y tensión arterial. A las 24 horas, mejora la oxigenación y a las 48 horas se recupera el gusto y el olfato.

Consejos útiles

  1. Fijar un día de cesación.
  2. Comunicar la decisión a familiares y amigos.
  3. Tener un registro de la cantidad de cigarrillos que se fuman diariamente.
  4. Tirar ceniceros, encendedores y cualquier objeto relacionado con el consumo de tabaco.
  5. Beber grandes cantidades de agua.
  6. Evitar el alcohol y las bebidas que acostumbra a acompañar con el tabaco.
  7. Cambiar la rutina después de comer, por ejemplo, lavarse los dientes y salir a dar un breve paseo inmediatamente.
  8. Buscar alguna actividad placentera: esto proporciona satisfacción y relajación.
  9. Realizar ejercicios de relajación en los momentos en que se sufre de abstinencia.