Por Florencia Bombini
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Las relaciones de pareja tienen su proceso de maduración de acuerdo con la edad y los intereses de cada una de las partes. Los proyectos son distintos, se van modificando y es necesario que sea así porque una vida estática y rígida no se puede adaptar a las variantes que la vida va presentando.

Sebastián Girona es psicólogo, especialista en psicoterapias, psicoanálisis y psicoterapias cognitivas contemporáneas y presentó su primer libro: “No te aguanto más. Claves para desarticular los conflictos de pareja”. En el capítulo “El camino de la pareja”, Girona explicó que “en cada una de estas etapas” los integrantes “deberán ir renegociando el contrato”. Y que “existen los cambios, van haciendo que la pareja vaya buscando y necesitando diferentes motivaciones a lo largo de la vida”. ¿Cuáles son entonces las características de cada una de estas etapas? Dividámoslas por edades...

A los 20

De acuerdo con la explicación del escritor, a esta edad, “una pareja busca diversión, experiencias”.

Y describió esta etapa como “una aventura” porque “toda la década se podría pensar como una luna de miel para el vínculo”. Y agregó que “en estos años, se empiezan a plantar las bases de lo que podría llegar a ser una familia y comienza la búsqueda de una identidad para la relación. Para una pareja, en esta década todavía debería predominar más el disfrute que la responsabilidad”. Girona tampoco se olvidó de los solteros y, en este sentido, sostuvo que “para los que no tienen pareja, esta década es muy propicia para conocer gente, ya que la interacción social y los grupos predominan entre los 20 y los 30 años”.

A los 30

En este período, explicó el psicólogo, “la relación comienza a consolidarse. El proyecto de una familia es una posibilidad cada vez más real y concreta. Es una década de mayor esfuerzo para el vínculo, desde la adaptación a la convivencia que seguramente puede llegar durante estos años, hasta la posibilidad de tener hijos y comenzar a criarlos. También se espera que se produzca el afianzamiento de la pareja y la consolidación del proyecto de vida. La relación también enfrenta el desafío de comenzar a asentarse económicamente para poder formar las bases de lo que será una familia con hijos. Continúa el disfrute, como tiene que continuar durante cualquier etapa de la pareja, pero en esta década aumentan las responsabilidades con respecto a la década anterior”.

Aquí también aparecen los fantasmas de la separación. Al respecto, el especialista sostuvo: “Sobre el final de los 30, ya puede presentarse la posibilidad de que alguien esté separado y comience a pensar en construir otra pareja con la experiencia adquirida en la relación anterior”. Mientras que para los solteros, advirtió que “todavía esta década puede presentar cierta facilidad para conocer personas nuevas, entre las cuales pueda existir una historia de amor”.

A los 40

Sebastián Girona describió las características de esta etapa de la vida, basadas en los desafíos. “Los hijos de estas parejas ya pueden estar en la primaria y a partir de esto, la responsabilidad predomina en la familia. En esta década, el riesgo de descuidar el disfrute es muy alto, ya que es una década plagada de desafíos”, señaló. En términos individuales, agregó, “los 40 son una década de revisión y muchas veces de replanteos personales en cuanto al trabajo, la carrera y también la pareja. Esto hace que a menudo estos años puedan resultar ciertamente inestables, justo en la década en que se busca consolidación”.

A los 50

Los hijos son más grandes y comienza una nueva vida a partir de los 50. En este sentido, Sebastián Girona explicó que “se espera que la pareja pueda comenzar a disfrutar de los logros conseguidos. Con esto no quiero decir que tenga que relajarse y dormirse en los laureles, pero esta es una etapa diferente a la anterior. En general, los hijos ya están más grandes y se supone que también un poco más autónomos. Esto comienza a dejarle a la pareja más tiempo para ellos, y, en ese sentido, empieza la época del reencuentro de la relación. No porque se haya perdido, sino porque vienen de años en donde la crianza de los hijos se llevó una buena parte de sus esfuerzos. Esto puede ser un arma de doble filo, porque habrá que ver de qué manera se produce ese reencuentro”.

En tanto, agregó que “para los que no tienen pareja o se separaron, esta puede ser una segunda adolescencia, donde, muchas veces, se vuelve a bailar, se conoce gente y se empieza a experimentar diferentes sensaciones en las cuales predomina lo placentero y el compromiso puede ser difícil de lograr”.

A los 60

“Volver a empezar, volver a encontrarse”, así definió Sebastián Girona la etapa que comienza a partir de los 60. “Sobre todo para que eso sea un encuentro y no un encontronazo”, aclaró. “Si esto sale bien, debería comenzar una época en donde predomine el compañerismo”, agregó el profesional.

En tanto, “para las parejas que comienzan a esa edad, la búsqueda es muy parecida: se anhela encontrar un compañero que transite la vida a mi lado. Se empieza a recorrer una etapa de la vida diferente a las anteriores, en donde el aislamiento y la soledad pueden ser riesgosos para la salud de cualquier persona”. Cada etapa tiene sus características, lo importante es saber “renegociar”, como explicó Sebastián Girona en las páginas de su nuevo libro.

¿Por qué el mundo es perfecto con ese estado de gracia?

En su libro “No te aguanto más”, Sebastián Girona explicó con las palabras justas qué es lo que le pasa al cerebro cuando dos personas comienzan una relación, por qué existen sensaciones que después se pierden y por qué todo es tan distinto cuando van pasando los meses. Al respecto, sostuvo que estos cambios son positivos y forman parte de la madurez que necesita el vínculo.

“Cuando nos enamoramos, ocurre una revolución en nuestro cerebro. El enamoramiento nos hace tener una sensación parecida a la que se produce en el cerebro cuando una persona consume una droga. La descarga de adrenalina y las ganas frenéticas de estar con la otra persona, sobre todo sexualmente, nos acercan a una de las sensaciones más valiosas y diferentes que podemos experimentar en la vida”, sostuvo el especialista.

¿Qué es lo que ocurre entonces? “El juicio crítico que todos tenemos en el día a día, en esta primera etapa, está apagado, lo cual sucede porque se desactivan provisoriamente la amígdala y el córtex frontal, que hace que disminuyan los pensamientos negativos o juicios críticos sobre mi pareja. La persona que nos gusta, al principio, no tiene ningún defecto”.

Claro, todo es perfecto al comienzo, no hay conflictos, no hay discusiones, y todo cierra en un panorama ideal. “Al mismo tiempo que sucede esto, también se activan regiones relacionadas con la recompensa y la motivación: el hipocampo, el hipotálamo y el córtex del cíngulo anterior. Esto hace que todo lo que suceda alrededor de nosotros nos parezca maravilloso y sensacional. El cerebro de una persona alcanzada por una flecha de Cupido presenta niveles muy altos de dopamina, serotonina y oxitocina. Esto genera, por un lado, mucho placer, y por el otro, dependencia”, agregó.

Pero, ¿qué pasa cuando esto se termina? Primero, aseguró el especialista, “es lógico que esto ocurra, porque con todo lo que pasa en el cerebro de una persona, no se podría vivir así durante muchos años, o en todo caso ese estado embriagador atentaría contra la construcción de una familia”.

Y en segundo lugar, aclaró que “con el tiempo, la situación debe cambiar para pasar a otro estado. En esta nueva etapa, la relación tendrá el desafío de lograr un vínculo más profundo y de mayor intimidad en donde inevitablemente disminuye la intensidad. Entonces, la pareja debe ‘cruzar el desierto’, esto es, pasar del enamoramiento al amor. Es necesario que sea así, que haya un cambio y que la pareja madure sin perder el encanto. Si la primera etapa es un poco mentirosa, la segunda, de conseguirse, es más real".