Por Gabriel Arias
salud@cronica.com.ar

Tras el paso de las primeras semanas de clase, suele existir un episodio que debe tener la atención de la comunidad escolar, padres y alumnos, y es la aparición de algún nene con una enfermedad crónica como la diabetes y, por ende, es necesario contar con la información necesaria, buena comunicación entre los involucrados y tomar medidas para prevenir que el niño tenga hipoglucemias, que son bajas bruscas de los niveles de azúcar en sangre, que pueden generar desmayos, pero que son evitables.

Judit Laufer, presidenta de la Federación Argentina de Diabetes (FAD), relató: “Que haya un alumno con alguna patología en el aula implica tener que brindarle algún tipo de atención especial y esto va de la mano de la información; es un rompecabezas que se construye entre el médico tratante, la familia y la escuela”.

En tanto, la doctora Lidia Caracotche (M.N. 71.203 y miembro del Comité Científico de la FAD), sostuvo que “aunque no hay datos cuantificados en el país, el estudio multicéntrico Search señala que, de cada mil niños menores de 10 años, 0,78 tiene diabetes tipo I y en jóvenes de entre 10 y 19 años, hay 2,8 cada mil”.

Proyectando cifras del Indec a partir de estos resultados, habría en nuestro país cerca de 23.000 niños y jóvenes con diabetes, por lo que es esperable que cada docente alguna vez tenga en el aula al menos a un alumno con la enfermedad. No obstante, muchos no cuentan con experiencia en su manejo, lo que muy probablemente genere incertidumbre y el temor principal es no saber cómo responder ante alguna situación crítica. Por lo general, son los padres quienes proactivamente acercan información a la escuela para que su hijo esté contenido, pero muchas veces los docentes investigan por su cuenta para sentirse más seguros.

Cabe destacar que la diabetes se presenta cuando el páncreas no puede producir insulina o cuando el organismo no la utiliza correctamente. La insulina es una hormona que permite que la glucosa en sangre pase a las células del cuerpo en forma de energía. Si no funciona correctamente, la glucosa se acumula en la sangre y con el tiempo puede ocasionar daños en vasos sanguíneos, órganos y tejidos.

Las formas más comunes son la diabetes tipo 1 y la tipo 2. La primera aparece con mayor frecuencia en etapas tempranas de la vida, representa alrededor de 1 de cada 10 casos y no se puede prevenir. Aquí el organismo no produce insulina, por lo que esta hormona debe ser administrada todos los días.

Si la persona se aplica insulina de más o si no ingiere algo cuando su glucemia está bajando por la acción de la insulina, puede descompensarse y desvanecerse. Por eso, deben llevar un control frecuente y preciso, para no tener valores elevados de glucemia pero que tampoco bajen hasta niveles que las lleven a desmayarse en el momento”, insistieron desde FAD.

Por otra parte, Laufer destacó que “los padres deben asegurarse de que el niño lleve siempre en su mochila todo lo que necesita (lapicera de insulina, tiras reactivas, medidor de glucemia y alguna colación), que el docente lo sepa y que todo esté bien resguardado”.

Si el docente percibe que el nene comienza a sudar en exceso, si está algo “perdido” o si parece que va a desmayarse, podría tener baja la glucemia. Lo ideal es que se la mida con su dispositivo para confirmarlo. Si se percibe que el descenso fue brusco, hay que actuar dándole algo dulce, un caramelo o un vaso de jugo, para evitar el desvanecimiento, porque podría golpearse contra algo y lastimarse. Los padres tienen que conocer los niveles deseables de glucemia para su hijo (información que brinda el médico) y el docente debe estar al tanto de esos valores para tenerlos siempre como referencia.

Desde FAD, hicieron hincapié en que es fundamental que estén involucrados los docentes, el personal no docente, los compañeros del niño, hasta el asistente del chofer del micro: deben conocer los cuidados específicos que se necesitan en diabetes, en términos de observar para sospechar un posible desvanecimiento, el monitoreo de glucemia, la aplicación de insulina o la necesidad de ingerir una colación.

Además, la institución debe establecer un protocolo ante una crisis de hipoglucemia. Respecto de la aplicación de insulina, según la edad del nene, es probable que sepa aplicársela a sí mismo, que es algo sencillo y poco invasivo. Si es muy chico o de diagnóstico reciente, algún familiar suele acercarse a la escuela para ayudarlo, generalmente antes del almuerzo. A veces, se acuerda con la familia pautas de insulinización con algún docente, que asume ese rol.

Hay profesores de educación física reticentes a que el alumno que tiene diabetes participe de los ejercicios con el resto, pero Caracotche aclaró que “la actividad física es parte del tratamiento, prestando atención al tipo de actividad, su duración y frecuencia. Puede realizarla con normalidad, controlándose la glucemia antes y después, ingiriendo algún alimento y bebiendo abundante líquido". 

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