Por Doctor Antonio Las Heras
paranormales@cronica.com

Uno de los fenómenos más extraños y discutidos hasta el momento es aquel denominado como “bilocación”. Tal fenómeno halla su explicación en la posibilidad que provoca el potencial parapsicológico de estar presentes en dos sitios al mismo tiempo. Un tema para analizar y debatir.

Si nos tomamos un tiempo breve para hacer memoria podremos reparar en algunos santos de la religión Católica que han sido catalogados como milagrosos por haber experimentado este fenómeno. También diversas religiones han promulgado estos sucesos con documentación creíble e históricamente comprobados. Tal es el caso de Oriente, en donde el fenómeno se lo conoce con la denominación de “desdoblamiento astral” o “doble etérico”, igual término que es utilizado por los esoteristas y ocultistas.

Justamente entonces esa “otra parte” a la que hace referencia la expresión “doble etérico” es la que en parapsicología llamamos cuerpo bilocado o, simplemente, fenómeno de bilocación. La certeza de que un ser humano puede, por sus propios medios y sin tener que acudir a ningún designio divino, conformar una figura idéntica a su cuerpo físico, era cosa sabida desde la noche de los tiempos.

Por estos tiempos

Actualmente la Parapsicología no ha hecho más que investigar la controversia de este fenómeno, comprobando su realidad y explicando qué mecanismos son aquellos que rigen la bilocación. Dentro de las tradiciones occidentales y pertenecientes al culto católico, el mejor ejemplo de bilocación que podemos exponer es el de San Alfonso de Ligorio.

Uno de los casos más emblemáticos de bilocación.

Este santo, tras experimentar un estado catatónico provocado por un éxtasis místico que duró tres días, al recobrar la conciencia relató a sus hermanos frailes que convivían con él en el monasterio: “He estado asistiendo a Su Santidad mientras estuvo agonizando. Ya descansa en Dios. No le fui más necesario”.

Transcurrido un buen tiempo llegaron noticias al monasterio en donde se encontraba recluido San Alfonso de Ligorio, y con ellas fueron comprobadas las palabras del santo, así como los hechos ocurridos. Resultó entonces que el Papa Clemente XIII había fallecido tras padecer tres días de agonía mientras tomaba las manos de su ferviente discípulo el beato Alfonso. Sin embargo y con gran sorpresa, este en ningún momento había dejado el encierro del monasterio.

¿Extrasensorial?

En principio podríamos suponer que solamente fue un fenómeno extrasensorial de clarividencia o telepatía lo que le permitió a este santo tomar conocimiento de lo que acontecía a distancia con la vida del Papa Clemente XIII. Sin embargo en Parapsicología de cimos que por clarividencia se describen acontecimientos imperceptibles a los cinco sentidos y el con el termino telepatía la Parapsicología hace referencia a la posibilidad de captar un contenido emocional o mental de otra persona, que se halla fuera de la vista de quien percibe.

Ni clarividencia ni telepatía son los términos que pueden llegar a explicar el hecho de que las demás personas que acompañaron a Clemente XIII en sus últimos momentos de vida observaran y tuvieran la oportunidad de conversar con el beato Alfonso. Tal es así que el historiador Moraes escribe en su obra “Histórico de los Papas” una frase que rememora el hecho y nos brinda testimonio certero: (...) “Clemente XIII dejó de existir a las 7 de la mañana del día 22 de septiembre, habiendo sido asistido por los Generales de los Agustinos, Dominicanos, de los Menores Observantes y de los Conventuales y lo que es maravilloso, asistido por el beato Alfonso de Ligorio, aunque lejos de cuerpo, como lo atestiguan los procesos jurídicos del sobredicho beato, aprobados por la Sagrada Congregación de Ritos” (...)

Este no es el único caso sobre bilocación que presenta la religión católica pues han acontecido en la vida de muchos otros santos tales como San Antonio de Padua, San Ambrosio y San Francisco Javier. La Parapsicología sostiene a partir de esto que el fenómeno de bilocación puede ser explicado a través de la activación de un factor parapsicológico especial que se transforma en energía perceptible. La parte bilocada se encuentra, en todo momento, comunicada –por vía extrasensorial- con la persona real, habiéndola formado aunque esta se encuentre a gran distancia.

La bilocación es un fenómeno que parece quedar solamente reservado a personas que consiguieron un elevado desarrollo espiritual. Podemos verlo claramente en la vida de muchos santos dedicados a la oración, por ejemplo. Este tipo de fenómenos también encuentran numerosos ejemplos en el Oriente; sobre todo en el ámbito del hinduismo. Tal vez – o seguramente por eso – las bilocaciones nos resultan algo fantástico y por lo mismo casi no hay ejemplos contemporáneos.

"Junto a un muerto"

Uno de los exponentes más prolíficos del relato corto de terror nació el 5 de agosto de 1850 en Francia. De estilo sencillo y directo, conduce al lector a un mundo nostálgico y a su vez de pesadilla. Hay amor en los relatos de Guy de Maupassant, también tragedia y sobre todo eso reina el horror. En sus cuentos se deja ver la presencia obsesiva de la muerte y el desvarío mental. Inquietudes que se verán reflejadas en sus últimos años de su vida.

“Junto a un muerto y otros cuentos” es una obra que expone su capacidad de asustar e inquietar en pocas páginas. Algunos de los relatos son:

“Aparición”: El pedido es simple: entrar en la casa abandonada de su amigo y tomar unos papeles de la habitación donde, tiempo atrás, murió su mujer.

“La mano”: Ese trofeo que tiene colgado el señor Rowel es tan macabro como misterioso, pero no sólo eso.

“Sobre el agua”: Un pescador queda varado en un lago y siente que alguien lo llama desde abajo de su bote.

“La muerta”: Quizás el cementerio no sea el mejor lugar para que un viudo enamorado busque respuestas.

“¿Él?”: La paranoia de un hombre que al encontrar el amor empieza a temerle a la soledad. Los problemas nerviosos y signos de demencia poblaron el alma de Maupassant en sus últimos días. En sus propias palabras: “Tengo miedo de mí mismo, tengo miedo del miedo, pero, ante todo, tengo miedo de la espantosa confusión de mi espíritu”.

Guy de Maupassant murió en un hospital a la edad de 42 años, el 6 de julio de 1893. Nos quedan sus relatos con su sensibilidad para ver el mundo. Su obra es indispensable y un lujo para el amante del género del misterio y terror. 

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