Dr. Antonio Las Heras
alasheras@hotmail.com

Si bien ya los sabios de la Antigüedad habían deducido que existe en lo humano algún tipo de función que nos permite producir procesos de invención, creación y descubrimiento vedados a otras especies, fue Sigmund Freud, en el siglo XX, quien describió la existencia de un aspecto en la mente humana, al que llamó "inconsciente", que permite comprender la naturaleza y el funcionamiento de tales procesos mentales. Así, "lo inconsciente", de naturaleza no física, sería el reservorio de lo reprimido y censurado.

Para entenderlo mejor: ¿dónde están esos recuerdos que olvidamos, pero que, de pronto, en cierta ocasión, volvemos a acordarnos de ellos? ¿Por qué a través de hipnosis regresiva podemos llevar a la conciencia hechos, reales o imaginarios, que no recordábamos? Despertamos y tenemos conciencia de que hemos tenido unos sueños conmovedores. Empero, no recordamos en qué consistieron ni qué pasó en ese universo onírico. Están reprimidos. No perdidos. Están en "el inconsciente".

Como ejemplo vale repasar la historia de un argentino de fama mundial. Hijo de inmigrantes italianos, nació en 1924 en Diamante, Entre Ríos. Cursó la primaria allí y la secundaria en Concepción del Uruguay. Aquel joven deseaba seguir estudiando, pero su familia carecía de recursos económicos. Igual lo logró. Recibió una beca del gobierno nacional y años después, en Córdoba, se recibió de médico, primero, doctorándose en 1953.

Pronto desarrolló una técnica para el diagnóstico precoz del tumor en páncreas, pero emigró poco después a Europa por razones políticas y allí cambió de especialidad, hasta convertirse en cardiocirujano. En 1958 regresó a Córdoba, donde comenzó a realizar estudios que lo llevaron a construir el primer corazón artificial que haya habido en el mundo.

Aquel niño, lleno de sueños y fantasías, nacido en medio de la campiña, hijo de inmigrantes, era, ahora, un destacado profesional de prestigio mundial. Aún vive en el país. Tiene 94 años de edad y sigue activo. Se llama Domingo Santo Liotta.

Todo esto es muy importante: ¿cómo alguien que nació en condiciones tan adversas llegó a convertirse en una eminencia científica? Empero lo que se desa es destacar otra cosa, mucho más sorprendente. Porque cuando Liotta visitó Concepción del Uruguay para recibir el doctorado Honoris causa de la universidad local, se lo invitó a recorrer el colegio donde cursó la secundaria.

Domingo Santo Liotta, una eminencia de la medicina (Télam). 

El bibliotecario sacó de entre los archivos un escrito realizado por aquel adolescente durante el año en que obtuvo su título de bachiller. Un escrito que Liotta de ningún modo recordaba. Un escrito imposible para un niño en aquel 1941. Sin televisión, sin redes sociales, sin viajes a la Luna, sin satélites espaciales comunicado con el mundo sólo a través de la radio y de leer algún diario porteño demorado.

Ese trabajo del adolescente Liotta se refiere a hacer un corazón artificial. Fantasía que, luego, se borró de su conciencia; pero que permaneció agazapada en el inconsciente hasta manifestarse en un momento dado. ¡Vaya ejemplo de la existencia de asombrosos laberintos en la mente humana!

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