Por Gilberto Ortega Avilés
 
El mar es un mundo totalmente diferente al terrestre, ya sea en la superficie o en sus todavía inexploradas profundidades; no es de extrañarse cómo aún generan temor e incógnitas muchos sucesos que en él suceden.

El caso más impresionante es el que está por cumplir 50 años, y el cual aún sigue en tal misterio que no deja una sola pista para llegar a alguna posible respuesta. Estamos hablando de la desaparición en aguas de Baja California del buque “San Miguel”, el cual en el año 1967 se perdió en misteriosas condiciones, sin que aún pueda desenmarañarse su desaparición.

 

El San Miguel, devorado por el océano. 

La fecha de esta historia se puede situar en vísperas de nochebuena, el 23 de diciembre de 1967. Paradójicamente, un día que generaría inmenso dolor para varias familias de La Paz, uno de los puertos de la región. 

Por entonces, dos barcos navegaban por los mares peninsulares. Uno era el “San Miguel”, buque pequeño, carguero, de apenas 14 tripulantes. Transportaba diferentes mercancías, muchas de ellas en cubierta. Recordemos que en esos tiempos todo lo que era mercadería en esa zona se trasladaba a través de los barcos, hasta el gas de uso doméstico. Esa ha sido siempre una limitante del estado de Baja California Sur, el aislamiento. Y este navío era uno de tres embarcaciones mellizas: los otros eran el “San Raúl” y el “San Jorge”.

El derrotero del “San Miguel” para ese día era una ruta conocida, de Mazatlán a La Paz, como muchas veces lo había hecho. Cuando retornaba con destino a Sinaloa, en muchas oportunidades era usado como medio de transporte por muchos estudiantes que necesitaban cruzar el charco, como se dice  coloquialmente, para regresar a sus escuelas en el interior de la república. Esos jóvenes viajaban como podían, en un lugarcito cualquiera del barco. No había otro modo.

El otro barco que navegaba ese día en ese mar interior era el “Cemento California No. 5”, que anteriormente se llamara “Colima”, propiedad del general Clark Flores, dueño de Cementos California, en Ensenada, Baja California. Este buque procedía de Long Beach, California, en Estados Unidos, y transportaba mercancía en general para entregar en la ciudad de La Paz. Era un barco apenas más grande, de 18 tripulantes.

“El tiempo era frío, comprensible por ser invierno. Con viento y marejada, aunque sin lluvias, el cielo se encontraba despejado”, se describe de acuerdo con el testimonial del hecho. Fue entonces cuando, desde el área de Comunicaciones del “Cementos California No. 5”, el joven Félix Núñez Enciso, responsable de esa oficialía, escuchó cuando el barco “San Miguel se reportó a las oficinas de las agencias de buques de Topolobampo-Mazatlán-La Paz, para comunicar del horario de su llegada. Eran las 5 de la tarde, cuando se recibió ese reporte.

Horas coincidentes
A la misma hora, el barco Cementos California No.5 se reportó también a La Paz, Mazatlán, ción sería a la 1 am. Estaban a una hora de diferencia uno de otro. En ese tiempo, el barco que llegara primero al muelle ganaba el único espacio disponible para carga y descarga, lo que obligaba al que llegara después a fondearse hasta tres días, lo que costaba  mucho dinero, por lo que el capitán del “Cementos California No. 5” le pidió al jefe de máquinas aumentar la velocidad del barco, a fin de adelantarse al “San Miguel” y así ganarle el espacio del muelle. Así lo hicieron. Pasado un tiempo, el capitán del “Cementos...” preguntó: “¿Por qué no hemos visto al ‘San Miguel’? Se supone que lo rebasaríamos…”. Pero nadie pudo contestar a ese interrogante. “A todos les extrañó no haberlo visto”, se registró en la testificación.

Prosiguiendo con su travesía, a las 12 am el “Cementos...” llegó al muelle, percatándose su tripulación de que se encontraba vacío el espacio, por lo que realizaron las maniobras para atracar. Sus tripulantes preguntaron entonces por el “San Miguel”, pero nadie les supo contestar por qué no había llegado. Fue entonces que se iniciaron días de búsqueda intensa, sin éxito alguno.

Sin rastros
“El ‘San Miguel’ desapareció en el mar sin rastro alguno, dejando tras de sí un interrogante en
las mentes de quienes sufrieron su pérdida por aquellos tiempos y en los que vivimos en los actuales. ¿Qué fue lo que sucedió? ¿Cómo pudo perderse en el mar y en el misterio, que no en el olvido, llevándose consigo a sus,  tripulantes y su carga, para dejar abierta esa gran incógnita? Lo más extraño de todo esto es que no se encontraron ni siquiera indicios de un naufragio.

Ni mercancía flotando ni partes del barco. Las especulaciones han sido muchas. Incluso la imaginación puede llevarnos a pensar si ocurriría algún fenómeno de los que llaman túneles de otra dimensión. O un fenómeno de origen extraterrestre.

Nunca se supo algo. No lo sabemos. Lo único que aún persiste es la esperanza en los familiares de aquellos hombres que nunca más volvieron a su hogar, y que un día zarparon de Mazatlán a La Paz y desaparecieron, de que alguna vez el mar devuelva aquello que se tragó.

Así termina el valioso testimonio del Félix Núñez Enciso:
“Quizá nunca resolvamos el misterio del ‘San Miguel’, pero quedará por siempre en la historia, junto a los miles de misterios de los mares sudcalifornianos, perpetuando esta leyenda en memoria de la valiente tripulación desparecida ese fatídico 23 de diciembre de 1967”.

Otro caso peligroso, pero con otro final
Baja California Sur no es la excepción, en cuanto a desastres navales se refiere, aunque hay dos o tres casos que se destacan. Y si bien es cierto que el enigma recubre todo lo relacionado con el caso del “San Miguel”, los registros históricos recuerdan otros hechos lamentables, como el accidente del buque “Don Lorenzo” que puso en riesgo el muelle fiscal de La Paz, por lo cual las autoridades decidieron trasladarlo y descargar los inflamables y gas butano que llevaba a otra nave, el “Punta Prieta”, para no poner en riesgo a la ciudad toda. Algo plenamente respaldado por el documento oficial fechado el 17 de agosto de 1972, reguardado en el Archivo Histórico Pablo L. Martínez de México (AHPLM).