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La necrología institucional del gobierno de Cambiemos debutó a sólo 4 días de haber asumido. En la madrugada del 14/12/2015, 43 gendarmes murieron al desbarrancarse el micro que los llevaba de Santiago del Estero a Jujuy. La ministra Patricia Bullrich había sido advertida del riesgo de transitar una ruta deteriorada en la oscuridad. Pese a tamaña torpeza, no mermó su crédito en el gabinete.

El sucesor de Patricia en esta trágica serie, Oscar Aguad, a poco de haber asumido en Defensa, recibe la funesta llamada: el submarino amarillo (no el de Lennon & McCartney; el de Mauricio&Marcos) estaba desaparecido hacía dos días. Por estas horas continúa así, y sólo un milagro podría evitar que la suma necrológica oficial llegue a 87.

El caso del ARA "San Juan" complica la reforma castrense que el ministro Aguad vino a encarar a pedido de su amigo Mauricio Macri. Igual de previsible era que el otro grano en el cachete amarillo, el de la guerrilla mapuche, también se hinchara un poco más, con el muerto de lago Mascardi.

Es que el Presidente no desea asumir el conflicto militar de baja intensidad ya instalado en el sur. Su meta es la reforma para imponer "el cambio" en las Fuerzas Armadas. Una "modernización" reductora, con políticas desconcertantes, como la que la Fuerza Aérea monopolice los aviones, incluyendo a los del Ejército y la Armada.

Ninguna de las potencias occidentales -afirma un experto- ha hecho cosa semejante, despojando a las fuerzas terrestre y naval del recurso aeronáutico para apoyo de combate. No menos dañina sería la venta de campos militares destinados a cultivos para consumo de los uniformados.

Pero el Presidente redobla la apuesta para sacar beneficio de los escollos. Lo del submarino justificaría el pronto descabezamiento de las tres fuerzas. El único jefe militar confiable para el gobierno es el general Bari del Valle Sosa, cabeza del Estado Mayor Conjunto de las FF.AA., con esposa empleada como secretaria del senador Federico Pinedo.

Sosa necesita poner fichas propias al frente de las fuerzas para la reforma. Habrá que sanear las cuentas, y tantear a jueces amigos, porque del 83 para acá, la política de Defensa ha sido un trámite comiteril. Ahora, habría que pasar a una etapa superior, la de los negocios. A menos que la guerrilla mapu convenza a Mauricio de que, aunque suene feo, la tenemos adentro.