Marco Bustamante
paranormal@cronica.com.ar

Un día ocurrió. Mientras escribo esta nota, tomo conciencia de la frágil situación de nuestra especie y me doy cuenta de que nos hemos convertido en un tumor maligno para el planeta. Debemos aceptar no sólo eso, también tenemos que hacernos cargo de dirigirnos voluntariamente y en caída libre hacia nuestra propia aniquilación.

La metástasis que hemos generado como civilización llegó para quedarse. Somos responsables y es irreversible, porque desde la energía eléctrica utilizada por mi computadora, el agua en mi vaso y la nafta del taxi que me trajo hasta la redacción, todo es a cuenta de los recursos de las futuras generaciones. Más adelante profundizaré en este punto, sólo hace falta saber que la humanidad necesitaría la producción de dos planetas como la Tierra para sobrevivir.

Nunca antes una especie, organismo o bacteria causó tanto daño al ecosistema como nosotros. Talamos bosques más rápido de de lo que vuelven a crecer, pescamos en los océanos más rápido de lo que se regenera la vida marina y emitimos más dióxido de carbono de lo que la biosfera puede absorber. Somos un completo desastre.

El ambientalista alemán Christoph Röttgers está convencido de que el consumo excesivo tiene ya consecuencias, como inclemencias meteorológicas extremas, hambrunas o la extinción de especies, así como la amenaza de que desaparezcan ecosistemas como arrecifes de coral, selvas tropicales o sistemas fluviales. Y se anima a ir un poco mas allá, indicando que los recursos cada vez más limitados serán también una de las causas de conflictos y guerras en un futuro no muy lejano.

Nos pasamos de la raya
El 2 de agosto de 2017 la humanidad agotó todos los recursos que la naturaleza puede regenerar este año. Fue el día la “Sobrecapacidad de la Tierra”, una fecha que no ha dejado de adelantarse desde 1970. Ya vivimos como si tuviésemos 1,7 planetas a nuestra disposición, lo que supone, básicamente, que estamos viviendo a costa de los recursos naturales de las futuras generaciones. En menos de 8 meses hemos utilizado más recursos naturales de los que el planeta puede producir en 12 meses. Hemos agotado el presupuesto ecológico de la Tierra y, durante el resto de 2017, estaremos viviendo a costa de los recursos de las futuras generaciones.

Ya no es un plan B
Finalmente, los viajes espaciales dejaron de ser un sueño impulsado por la imaginación y nuestro afán de superación, ahora estamos buscando en las estrellas una nueva casa. En el Sistema Solar hay otros mundos donde los seres humanos podrían sobrevivir sin trajes espaciales y encontrar la energía suficiente para alimentar una nueva civilización. La ciencia incluso apunta que podría haber océanos de agua líquida bajo la superficie de estos planetas. Aunque todavía no hemos encontrado en el espacio exterior ningún hogar tan fértil como la Tierra, lo cierto es que a nuestro planeta podrían quedarle un par de cientos de años habitables.

Se nos acabó el tiempo
En el pasado, muchos pueblos han tenido que subsistir moviéndose, dejando todo y comenzando un nueva vida en otro lugar desde cero. Eso podría pasar en el futuro con todos nosotros. Se nos acabó el tiempo, todo lo que podíamos hacer no se hizo y lo que intentamos en la actualidad es apenas aplicar cuidados paliativos mientras tratamos de no desaparecer como especie. ¿Cuánto nos queda? El microbiólogo australiano Frank Fenner, reconocido por sus investigaciones para erradicar la viruela, ganador del Premio Mundial de Ciencias Albert Einstein y una medalla de la Organización Mundial de la Salud, sostuvo en 2010, en el mismo año en que falleció, que el planeta colapsaría hacia el año 2100. Entonces, el próximo gran éxodo, será guiado por científicos y no por profetas, lo ejecutarán astronautas y no mesías religiosos. Algo que imaginábamos a miles de años, ahora parece estar a la vuelta de la esquina: nos tenemos que ir.

 

Tenemos que salir de la Tierra, insiste Hawking
En los últimos tiempos el británico Stephen Hawking ha vuelto a arremeter contra Donald Trump por la cerrazón del estadounidense al no suscribir los pactos internacionales contra el cambio climático. El efecto Trump vendría a acelerar el final trágico que el cosmólogo inglés prevé para el mundo en que vivimos. Ignorante y altivo son dos de los adjetivos -más suaves- que ha utilizado contra el nuevo presidente norteamericano. Hawking, que es una celebridad mundial con sus opiniones contundentes sobre muchas cosas, ha dicho de nuevo que la especie humana no tiene futuro en el planeta Tierra y que habrá que ir a otros espacios para sobrevivir; como hay un exceso de población, se origina una sobreexplotación de los recursos, por su proceso natural el sol se extinguirá, disminuirá la gravedad del planeta y la vida será insostenible. Si Trump sigue adelante con sus planes de hacer primar el consumo de petróleo, nuestro lugar acabará convirtiéndose en un desolado Venus con altísimas temperaturas, y eso será antes de lo que estaba previsto. La única salida para la humanidad, insiste, será la colonización de otros planetas ya que la Tierra tiene sus días contados.

Marte
La NASA tiene grandes planes y asegura que para mediados de la década de 2030 el hombre ya habrá puesto un pie en Marte. En el 2025 una nave tripulada puede llegar a los asteroides que se encuentran entre la Tierra y Marte y ya para mediados de los años ’30 el hombre podría estar pisando suelo marciano. Los especialistas aseguran que el viaje a Marte podrá ser financiado si se realizan alianzas clave entre agencias espaciales, gobiernos y empresas especializadas en energía y tecnología de punta. Además, aseguran que la exploración de Marte deberá ser la prioridad de las agencias espaciales para las próximas décadas, ya que el planeta rojo parece ser la solución para algunos problemas terrestres.

La Luna
La principal ventaja de la Luna es su proximidad. Los seres humanos podrían aterrizar en la superficie lunar en apenas unos días, por lo que se podrían crear rutas de abastecimiento fácilmente. Los científicos sospechan que bajo los polos se esconden grandes cantidades de hielo de agua. Además, la superficie contiene altas proporciones de minerales valiosos como el silicio -que podría ser empleado para fabricar células solares- y de helio-3, una buena fuente de energía. Por otro lado, la Luna no tiene atmósfera, así que los futuros colonos no tendrían ninguna protección contra la radiación. Los astronautas del Apolo de la NASA también destacaron que el polvo lunar sería un inconveniente a tener en cuenta. Claro que si la Tierra realmente corriese peligro, la Luna quizás esté demasiado cerca como para considerarla una alternativa interesante.

Venus
Venus tiene atmósfera, pero la superficie del planeta es inhabitable: la presión atmosférica es inmensa (equivalente a nadar a 900 metros de profundidad en el agua) y la temperatura asciende a los 462 grados de promedio. Sin embargo, a 50 kilómetros de la superficie, tanto la presión como la temperatura es muy similar a la de la Tierra. Venus contaría con protección contra la radiación y los colonos humanos apenas necesitarían una máscara de oxígeno para respirar. Un inconveniente: cuando llueve en Venus, llueve ácido sulfúrico. Podríamos describir los daños que esto supondría a la nave y a la tripulación, pero, en resumen, un simple chubasco en este planeta podría disolver la mayoría de materiales. Además, llegar hasta su atmósfera sería más difícil que llegar a la Luna o a Marte y los cohetes requerirían una potencia todavía inédita.

Titán
Titán es una de las grandes lunas de Saturno y cuenta con lagos llenos de metano puro, por lo tanto el suministro de energía sería prácticamente ilimitado. La presión superficial apenas es de 1,4 veces la de la Tierra y el nitrógeno, metano y amoníaco del aire podrían ser utilizados como fertilizantes para cultivar en invernaderos. También podría haber agua en el subsuelo y la atmósfera es lo suficientemente gruesa como para proteger contra la radiación cósmica. Por la contra, la desventaja de Titán es la temperatura extrema del planeta (-180 grados) y la distancia respecto de la Tierra. Como esta luna se ubica en la órbita de Saturno, que ya de por sí es uno de los planetas del Sistema Solar más alejados de nosotros, los sistemas de propulsión actuales de nuestras naves espaciales son insuficientes.

Calisto
Menos conocido que los ejemplos anteriores es el caso de Calisto, una de las lunas de Júpiter que probablemente es más habitable que la popular Europa. Tiene un tamaño similar a Mercurio y es el astro más alejado del gigante gaseoso, lo que significa que la cantidad de radiación que llega es muy baja. Los satélites han observado manchas brillantes de hielo en su superficie, lo que indica que podría haber un océano salado.