Por Gilberto M. Ortega Avilés (*)
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Muchas veces se escucha que alguien pactó con el diablo, o con el demonio, a cambio de conseguir lo que es poco menos que imposible. Sin embargo, todo esto queda en rumores, leyendas o posibles mentiras, las evidencias son pocas, y casi nunca se llega a nada. 

De todas formas e increíblemente uno de las más impresionantes casos está en México, y está disponible para todo el mundo en el Archivo General de la Nación (AGN) de ese país. Aunque cueste creerlo. A continuación, historias documentadas.

Para encontrar el amor

Enamoramientos, pleitos, celos e infidelidades pueden conocerse en la historia de Francisco y Josefa a través de los documentos del Tribunal del Santo Oficio, en resguardo en el AGN.

La galería cuatro del AGN resguarda el fondo Inquisición, conformado por 1.773 volúmenes, de los que la mayoría son procesos realizados por el Tribunal del Santo Oficio (TSO) en la Nueva España, fundado por mandato del rey Felipe II en 1569, que se encargó de perseguir y castigar los actos contra los dogmas católicos.

Entre sus documentos se encuentran como los delitos más sancionados la herejía y la brujería. Un ejemplo fue el caso de fray Francisco Xavier Palacios, monje corista que perteneció a la orden de los dominicos. Un fascinante caso a localizar en el exp. 22 del volumen 1284, del citado fondo documental. La historia de Palacios se inició en 1790 en la provincia de San Hipólito Mártir, Oaxaca, cuando se presentó ante el TSO y se culpó de blasfemar y haber pactado con el “príncipe de las tinieblas” para dejar la carrera religiosa.

Asimismo, mencionó que por insinuación de “la mala amistad de una mujer” se unió a la orden de Santo Domingo, pues ella le aseguró que así lo querría más. Fray Francisco no deseaba proseguir con su vida monástica, pretendía librarse de su hábito para vivir con la mujer amada, lo que le orilló a intentar suicidarse por dos veces y a huir del convento para librarse de la “religión”.

Aun así, Josefa le advirtió que si abandonaba el convento, ella “buscaría a otro a quien querer”. Por lo tanto, relató Francisco, se sintió desgraciado pues no quería seguir en el oficio ni perder a su querida, e invocó al “demonio” en varias ocasiones, hasta que se le presentó un hombre que describió así: “De 21 años, rostro regular, semblante áspero, de aspecto melancólico, vestido con capa negra y birrete blanco”, y le dijo: “He venido a que cumplas lo que me prometiste”.

Ante semejante disuasión, Francisco le aseguró que cumpliría su promesa, siempre y cuando él lo liberara de la religión y le ayudara a conseguir a la mujer que deseaba.

Dos veces frente al diablo

En un segundo encuentro, el “diablo” tomó a Francisco de las manos y le dijo: “Pídele a tu querida que te haga una muñeca, a la cual adorarás por mí, y la tendrás donde nadie pueda verla”.

Acto seguido el “demonio” le hizo escribir y firmar una “cédula” a Francisco con su propia sangre: “Yo, Francisco Xavier Palacios, hago donación de mi alma al Príncipe de las Tinieblas en su posesión de que me hace cumplir lo que le he pedido. Yo no reconozco a otro Dios sino a él (…) así prometo de hoy en adelante (…) no creer nada de lo que creen los cristianos y reniego del nombre de cristiano”. Aún así, los inquisidores dudaron de la versión de Francisco y consideraron que todo lo inventaba para librarse de la vida monástica.

Al investigarlo, se percataron de las mentiras de Francisco, quien al verse descubierto negó cualquier contacto con el “demonio”, y por eso, era falso el pacto firmado con su sangre y la adoración del “diablo” a través de la muñeca. Fray Francisco imaginó todas esas cosas porque estaba ciegamente enamorado, y además, le producía una enorme ira el no estar con su amada y por ello no pensaba correctamente.

La muñeca con la que Francisco aseguró “adoraba al Príncipe de las Tinieblas”, fue una petición que el propio fraile le hizo a Josefa, con el argumento de que con ella la sentiría cerca dentro del convento. Josefa, al enviarle la muñeca, le escribió a Francisco: “Te mando con lo que has de jugar aunque yo no quisiera que jugaras con eso, sino conmigo, cielo de mi vida”.

Es decir, la muñeca no tuvo el carácter “demoníaco” que le confirió Francisco, sino un sentido erótico. En tanto, el fiscal del Santo Oficio, Antonio Bergosa y Jordán, concluyó el juicio señalando: “Para fomentar su lujuria tenía en su poder, oculta, una muñeca de trapo hecha por la mano de su amasia, la cual usaba deleitándose con ella torpemente con la memoria de sus tratos con dicha mujer, y que le sirviese para los más abominables hechos”.

MUÑECA DE TRAPO. Otra protagonista de esta historia.

El fallo y el castigo impuesto a Francisco, por parte del TSO, fue permanecer en reclusión dentro de las cárceles secretas de la Inquisición, no por haber “pactado con el demonio” sino por apóstata, pues en reiteradas ocasiones manifestó a sus compañeros que el juicio final “era cuento, que el infierno no le constaba que hubiese y que las almas se pasaban de unos cuerpos a otros”.

No has de creer todo, pero

Este caso es sólo un ejemplo de cómo por medio de los procesos, efectuados por el TSO en la Nueva España, se puede conocer lo que fue la vida cotidiana de los novohispanos. Por ello es importante la labor de preservación y difusión realizada por el AGN, pues a través de los documentos a su resguardo se conocen otras historias como la de Josefa y Francisco.

El caso fue publicado el 14 de julio de 2016 por el AGN de México, por lo que es un documento disponible para la consulta de cualquier investigador, aunque la historia y el desenlace del mismo relata una confesión del autor donde declara su falsedad, hay muchos cabos sueltos, que hacen dudar si realmente, como lo mencionan, “sólo fingió todo”.

En primer lugar este documento, junto con declaraciones y acciones, se da en una época muy oscura del catolicismo, no sólo en México sino en el mundo. El período conocido como Inquisición, que aún nos eriza la piel al sólo imaginar cómo una acusación de brujería o de actos en contra de Dios podría llevarnos a una muerte dolorosa.

Entonces, ¿por qué el afán de las autoridades eclesiásticas por la confesión de fray Francisco? ¿Cuál hubiese sido el resultado si a una persona común y corriente se le encuentra un pacto similar? Sin dudas el final se lo imagina muy diferente. ¿Pero a que se debió la decisión de sólo darle cárcel al monje, que juró haber hecho un pacto con el señor de las tinieblas, y que incluso se le encontró la evidencia del mismo?

Evaluando los hechos, existen tres posibles respuestas. a) La primera es la oficial: se trataba de una persona que sólo fingía porque ya no quería servir a la Iglesia, así que no ameritaba castigo mayor. b) Existió arrepentimiento tal en el monje que la Iglesia decidió darle una oportunidad de cumplir una condena que no fuera muy excesiva. c) El acto era tan abominable y aunado a que fue realizado por un servidor de Dios, que debía ser desmentido y ocultado, para evitar escándalo y pérdida en la fe en la institución religiosa, que realizaba actos a veces muy violentos en nombre de la fe.

El dato: Fallo religioso
Fray Francisco fue enjuiciado por el Tribunal del Santo Oficio (TSO) de Nueva España, a tono con tiempos de la Inquicisión.

El bien y el mal, desde otra concepción
Por el licenciado Aldo Godino

Nikolai Berdiaev
decía: “El problema del mal no es otra cosa, en gran parte, que el problema de la libertad”. La conciencia dramática de que la vida humana no sólo contiene el Bien, sino que está inundada por el Mal está presente desde las reflexiones más antiguas sobre Dios y la religión.

A lo largo de la historia, este problema ha tenido y tiene puntos de difícil comprensión, como sucede con las realidades complejas. Muchas explicaciones son como el sueño de escapar a la pesadilla del tiempo y liberarse de la cárcel humana, arrastrada por los deseos.

Hemos atravesado desde las consideraciones de “demonios” organizadores de la maldad, la leyenda de Fausto, la presencia de la Inquisición quemando herejes y brujas hasta pactos explícitos con el diablo. El mal termina siendo considerado como un conflicto de intereses, que puede arreglarse mediante acuerdos legales, como si fuera un simple acto burocrático donde se ignora deliberadamente el daño causado por quienes lo practican. El relato que hoy presentamos es el testimonio de que así se entendió y posiblemente se siga entendiendo.

Otra visión

En ese último contexto, este religioso que evadió las terribles torturas de la inquisición no fue el único. En 1805, el Santo Oficio de Zaragoza condenó a la hoguera a un cura por haberse rebelado contra la Iglesia, pero misteriosamente murió en la cárcel antes de cumplir su condena. Aunque muchos religiosos sí fueron ejecutados, fue más por ir en contra de dogmas, como declararse a favor del protestantismo, o por querer revelar las irregularidades de la Iglesia. En cambio, en los demás casos los religiosos eran generalmente absueltos. Entonces, después de ver que las condenas eran en beneficio de la institución y no tanto en buscar justicia o verdad, se puede dudar de la “falsedad” de este contrato.

(*) El autor de la nota es un investigador y redactor mexicano que escribe para el sitio www. dogma-argentina.com.ar Fuentes: Archivo General de la Nación de México / dogma-argentina.com.ar