Por Jorge Fernández Gentile
paranormales@cronica.com.ar

Los números son categóricos. El coronavirus ya fue declarado el pasado miércoles como una pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Y son varios los países que han superado las cifras habituales de un virus que, conocido como Covid-19, parece expandirse en un mundo tan globalizado que las cifras que puedan entregarse hoy ya diferirán enormemente de las que podrían llegar a darse mañana. Países avanzados e incluso las potencias mundiales han sido afectados.

Surgió en China, pero luego aparecieron en Italia y Corea del Sur, con multiplicidad de infectados, para luego desplazarse a países como Alemania, España, Estados Unidos, Irán, Francia, y también otras numerosas naciones, que no pudieron escapar. Inclusive la Argentina. Porque es un mal que, si bien no parece discriminar por género y raza, sí parece atacar más a las personas mayores de 65 años con alguna afección, y específicamente a quienes han superado los 80 años, en lugares donde las temperaturas no superan los 20° C.

¿Qué tiene que ver todo esto que está afectando al mundo entero, globalizado y con las comunicaciones a full, que permiten saber qué pasa del otro lado del mundo con sólo googlear sobre el tema, con un suple de fenómenos paranormales y otros misterios? Mucho que ver, a partir de infinidad de cosas que se han escrito, leído, dicho y visto en los diferentes medios que inundan de noticias cada hogar. Porque, desde que aparecieron los primeros casos de coronavirus, cuando se citó la palabra “pandemia”, que es una epidemia a nivel global, que exige multiplicidad de restricciones y que se expande sin forma de ser frenada hasta que se descubra algo, una vacuna o un método, que la detenga, los riesgos de mortandad masiva se hayan ido elevando. Claro, en tiempos en los que la aviación comercial conecta a todo el mundo con relativa facilidad, y los cruceros turísticos recorren los mares repletos de personas de todas las nacionalidades, un virus potente, rápido de migrar y que pueda afectar a cualquiera que tenga alguna afección podría, en un transitado aeropuerto internacional de cualquier rincón del mundo, generar un contagio, si no se toman todos los recaudos. Es entonces cuando los fundamentalistas salen a decir que ha llegado el fin del mundo, que el coronavirus es la llave que terminará con la humanidad toda.

También están aquellos creyentes de alguna fe que consideran que amenazas como las de las siete plagas eran una advertencia, que el aviso de los Mayas sobre una potencial catástrofre en 2012 estaba errada en la fecha, pero que todo esto era cierto. Y que nuestra hora ha llegado.

Los conspiracionistas de siempre, en tanto, afirman que es un virus inventado por alguna potencia para perjudicar a otras. Y todos se entrecruzan en estériles denuncias, mientras van registrándose nuevos casos, hasta el punto de que los chinos edificaron un hospital en apenas diez días y sus casos, aunque siguen existiendo, ya bajaron los porcentuales, y hasta parecen tener controlado el tema. Pero el terror ya parece haber ganado a las diferentes sociedades, en especial en Occidente. Se cierran países, se toman medidas extremas, aumentan los barbijos y el alcohol en gel a precios inaccesibles, al mismo tiempo que ya en Europa ingresan de a 15 personas a grandes supermercados, por temor al contagio, mientras largas filas de personas que ocupan varias cuadras esperan para adquirir víveres, en medio de una crisis económica global de insospechadas derivaciones.

En este contexto, y aunque en la Argentina se advierte que, además del coronavirus, se corre peligro con otro virus mortal como el dengue, habrá que recordar que ya muchas otras pandemias han afectado al mundo por siglos. La peste bubónica, la fiebre amarilla, el virus del sida, pero también la poliomielitis, el sarampión, el hantavirus, la llamada fiebre de la vaca loca, la misma gripe y otros muchos males fueron superados por la inteligencia humana a nivel global, para salir del paso. Porque, así como se habla de prevenciones, también se citan investigaciones en China, Israel, Estados Unidos, Inglaterra e inclusive en la Argentina, en la que se trabaja para controlar al Covid-19. Probablemente, y debido a una multiplicidad de factores, haya que lamentar la pérdida de muchas vidas más por este maldito coronavirus. Que aunque parece haber paralizado al mundo, no está a la altura de alcanzar, ni por asomo, el grado apocalíptico de terminar con la población que habita la Tierra. Lo que no quiere decir que no haya que tomar prevenciones y cuidarse en extremo, cumplir con las normas y aceptar las indicaciones, aunque a muchos no les gusten.

Pero no mezclemos las cosas: esta enfermedad no tiene nada que ver con un mal enigmático, misterioso y mucho menos con la posibilidad de que dejemos de existir como raza.

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