Durante esa fecha esas poblaciones que originariamente habían llegado a Europa provenientes de Asia la consideraban el fin de año con el Samhain, para citar una fiesta pagana. Con la inmigración europea a los Estados Unidos, en especial miles de irlandeses católicos a partir de 1846, llegó la tradición de Halloween al continente americano.

Lo que sí hay que entender es que, cuando se habla de Halloween o Día de las Brujas, en la actualidad se piensa en disfraces, maquillajes, fiestas, dulces y niños repartiendo golosinas. Lo cierto es que la tradición indica que su celebración no siempre fue festiva y alegre, y que los ritos que se practicaban durante la noche tenían un carácter purificador, religioso y que incluía sacrificios.

¿Los celtas?

Procedían originariamente de Asia. Una vez instalados en la región occidental europea, tenían varios festejos, y entre ellos, el 1° de Samonis, que significa “reunión”, y equivaldría a nuestro 1° de noviembre. En ese día iniciaban su año. Con la llegada del cristianismo se transformó en el Día de Todos los Santos (y todos los Difuntos).

Samonis se transformó en samuin o samain en irlandés antiguo, y samhai en el moderno. Esa fecha, además, se celebraba el encuentro amoroso, a orillas de un río, de Morirîganî con Teutatis, el dios de la tribu, padre de los hombres y señor del mundo inferior. Ella era la diosa única céltica, en su aspecto de señora del mundo inferior y de la guerra, “la reina de espectros”.

La versión de esa pareja para los irlandeses era Moririan y Dagda; en las Galias (Francia) se llamaban Sucellos y Herecura, y en Hispania, Endovellicos y Ataicina. La cita amorosa tenía una consecuencia clave, pues la diosa le proporcionaba a su amado los secretos para salir victorioso en la próxima batalla mítica.

Para el folklore, Halloween, recuerda que es, en el hemisferio norte, el inicio del año oscuro. Los celtas, como otros pueblos antiguos, empezaban los ciclos temporales por la mitad oscura: el día terminaba con la caída del sol y la jornada siguiente tenía su inicio con la oscuridad de la noche, el año nuevo comenzaba en esta fecha con el principio del invierno (boreal).

Lo cierto es que el 31 de octubre es una fecha asociada con los muertos, las almas en pena, las brujas y los hechizos. Estas características se deben a su cercanía con el día de los difuntos, que originó la Iglesia Católica y que se conmemora el 1° de noviembre. Como en otras festividades de año nuevo, en esta fecha los muertos volvían a estar entre los vivos. Entonces, los celtas hacían sacrificios humanos y de animales, en honor al dios Samhaím, señor de la muerte. El fin del verano y la cosecha, y el inicio del oscuro y frío invierno, a menudo se asociaron con la muerte humana.

Los celtas creían que la frontera entre los mundos de los vivos y de los muertos se volvía incierta en la noche antes del año nuevo. Esa noche del 31 de octubre celebraban Samhain, cuando creían que los espíritus de los muertos regresaban a la Tierra. Para ahuyentar esos malos espíritus, se vestían con cabezas y pieles de animales mientras que los sacerdotes de Druida realizaban sacrificios con fuego para celebrar el día de un modo más cristiano.

Aparece Roma

Cuando los romanos dominaron la mayoría del territorio celta en el 43 d.C., se incorporaron dos festivales de origen romano además de la Samhain.

Durante cuatro siglos, Feralia fue un festival en el que se rendía culto a los muertos y Pomona fue el festival de la cosecha cuyo nombre se debe a la diosa de los frutos (manzanas) y árboles. Durante la ceremonia del 31 de octubre los celtas se disfrazaban con las pieles de los animales sacrificados para sacar del pueblo a los demonios que los visitaban y poder regresar a la normalidad al día siguiente.

Con las cenizas y restos de los sacrificios hacían un rito para conocer el futuro de los siguientes meses. Asimismo, se celebraba el Sabbath o fiesta de brujas. En ella, las brujas y brujos se reunían para ofrecer sacrificios a Satanás, señor de la muerte, mediante ritos, actos sexuales y muerte.

En la Edad Media se quemaban gatos negros por creerlos amigos de las brujas. Hasta que llegó a los Estados Unidos, hace dos siglos. Allí se comenzó a celebrar esta fecha, en las pequeñas comunidades de irlandeses católicos a mediados del siglo XIX, y luego, ya a mediados del siglo XX, se esparció la tradición al resto del planeta.

Aclaración importante

Cuando el emperador Constantino decretó que los habitantes del imperio se convirtieran al cristianismo, muchos ritos paganos se incorporaron.

Fue así como el festival de Samhain se infiltró. Hacia el siglo VIII, la iglesia cristiana convirtió el 1° de noviembre en el Día de Todos los Santos para rendir homenaje a todos aquellos santos que no tuvieran un día particular de celebración. A lo largo de los años, estos festivales se combinaron, y la mayoría llamó “All hallowmas” (la masa de todos los santos, de las personas santas) al Día de Todos los Santos. La noche anterior se conoció como “All Hallows Eve” (Víspera del Día de Todos los Santos).

Con el tiempo, su nombre se fue reconvirtiendo y transformando hasta quedar en este término simple, Halloween.

Reinas del aquelarre

En la Edad Media comienza la persecución de todos los ritos paganos; todo lo que no es cristiano es perseguido por su presunta vinculación con lo maligno.

Sin embargo, es con la Contrarreforma y con los distintos cismas protestantes cuando la persecución de la brujería se incrementa. Fue con la bula papal “Summis desiderantis affectibus”, del papa Inocencio VIII, el 5 de diciembre de 1484, con la que se legitimó la persecución, tortura y ejecución de brujas, generalmente ardiéndolas en la hoguera. Empezaba así la Inquisición a perseguir la hechicería.

La figura histórica más famosa que fue condenada a arder en la hoguera bajo la acusación de granos de pimienta molida, una pizca de azufre y otra de limadura de hierro, todo ello mezclado y guardado en una cajita de metal. Algunos de estos productos utilizaban hierbas peligrosas para la salud, lo que no está comprobado.

Feas, malas y sucias

En cuanto a los temidos aquelarres, no eran una manifestación demoníaca y maligna, sino la reunión de personas que actuaban desaforadamente gracias a la ingestión de alguna sustancia alucinógena. De ahí ciertas cuestiones que no tenían explicaciones.

Lejos de ser mujeres con verrugas, algo sucias y que surcaban el cielo sobre escobas, las brujas también eran jóvenes bellas que utilizaban sus conocimientos para hacer el bien a su comunidad.

¿Y las calabazas, por qué?

La costumbre de ahuecar y tallar una calabaza para convertirla en un farol llamado Jack-o-lantern bruja fue Juana de Arco. Brujas perseguidas En la localidad de la Liguria, conocida por ser la “Salem italiana”, hace más de cuatro siglos fueron quemadas más de 400 mujeres acusadas de brujería, lo que ha otorgado a dicha zona una fama secular de actuaciones fuera de lo normal, bien aprovechada desde el punto de vista turístico.

Los expertos en brujería coincidieron en que las mujeres consideradas en la Edad Media como tales no tenían necesariamente el sentido negativo con el que han pasado a la posteridad, y que incluso eran conocidas por hacer el bien a quienes las rodeaban. Así, en años oscuros de pestes, hambrunas y guerras, las “brujas buenas” curaban a los enfermos con hierbas, ayudaban a las parturientas a dar a luz y hacían surgir parejas gracias a sus “filtros de amor”.

Lo cierto es que esa definición de brujas malas fue luego revisada con el tiempo, reafirmándose que aquello de mujeres malignas tenía más que ver con una buena carga de dosis de mitos y leyendas. “Brujas, fascinación y misterio. ¿Seductoras perversas o encantadoras seducidas?”, ese era el lema del congreso realizado en Triora, Italia, en 1588.

Otra acusación que pesaba sobre ellas tenía que ver con los conjuros de amor, que no tenían nada de espectacular ni misterioso, sino perfumes que, en tiempos en los que la higiene no era mucha, permitían a las mujeres atraer la atención de los hombres. Los preparaban la noche del viernes con la luna en cuarto creciente y tenían por ingredientes madera de abeto en polvo, ámbar, pétalos de rosa, sándalo y violetas, todo ello sabiamente mezclado.

Como contraste, también podían elaborar una pócima para los casos que reclamaban venganza, y entonces debía prepararse un martes, con sangre de dragón, polvo de planta rutácea, tiene su origen en el folklore irlandés del siglo XVIII. Según se cuenta, Jack era un notorio bebedor, jugador y holgazán que pasaba sus días tirado bajo un roble.

La leyenda cuenta que una vez se le apareció Satanás con intenciones de llevarlo al infierno. Jack lo desafió a trepar al roble y, cuando el diablo estuvo en la copa del árbol, el hombre talló una cruz en el tronco para impedirle descender. Entonces Jack hizo un trato con el diablo: le permitiría bajar si nunca más volvía a tentarlo con el juego o la bebida.

La historia dice que cuando Jack murió no se le permitió la entrada al cielo por sus pecados en vida, pero tampoco pudo entrar en el infierno porque había engañado nada menos que al diablo. A fin de compensarlo, el diablo le entregó una brasa para iluminar su camino en la helada oscuridad por la que debería vagar hasta el día del Juicio Final.

La brasa estaba colocada dentro de una cubeta ahuecada “llamada nabo” para que ardiera como un farol durante mucho tiempo. Los irlandeses solían utilizar nabos para fabricar sus “faroles de Jack”, pero cuando los inmigrantes llegaron a Estados Unidos advirtieron que las calabazas (pumpkin) eran más abundantes que los nabos. Por ese motivo, surgió la costumbre de tallar calabazas para la noche de Halloween y transformarlas en faroles introduciendo una brasa o una vela en su interior.

El farol no tenía como objetivo convocar espíritus malignos sino mantenerlos alejados de las personas y sus hogares.

Dulces repartidos

La costumbre de solicitar dulces de puerta en puerta (trick-ortreating) se popularizó alrededor de 1930. Según se cree, no se remonta a la cultura celta sino que deriva de una práctica que surgió en Europa durante el siglo IX llamada Souling, una especie de servicio para las almas. El 2 de noviembre, Día de los Fieles Difuntos, los cristianos primitivos iban de pueblo en pueblo mendigando “pasteles de difuntos” (soul cakes), que eran trozos de pan con pasas de uva. Cuantos más pasteles recibieran los mendigos, mayor sería el número de oraciones que rezarían por el alma de los parientes muertos de sus benefactores.

En esa época se creía que los muertos permanecían en el limbo durante un período posterior a su fallecimiento y que las oraciones, incluso rezadas por extraños, podían acelerar el ingreso del alma al cielo. Esa práctica se difundió en Estados Unidos como un intento de las autoridades por controlar los desmanes que se producían durante la noche de Halloween.

Hacia fines del siglo XIX, algunos sectores de la población consideraban la noche del 31 de octubre como un momento de diversión a costa de los demás, probablemente inspirado por la “Noche traviesa” (Mischief Night) que formaba parte de la cultura irlandesa y escocesa. La diversión consistía en derribar cercos, enjabonar ventanas y taponar chimeneas, pero gradualmente dio lugar a actos de crueldad contra personas y animales, llegando a su punto máximo en la década de 1920 con las masacres perpetradas por los enmascarados del Ku Klux Klan.

Cambio de actitud

Ante semejantes desmanes, diversos grupos de la comunidad comenzaron a proponer alternativas de diversión familiar para contrarrestar el vandalismo: concursos de calabazas talladas y disfraces o fiestas para niños y adultos.

Así, se proponían retomar el espíritu de los primitivos cristianos, que iban casa por casa disfrazados o con máscaras ofreciendo una sencilla representación o un número musical a cambio de alimento y bebida. Hoy, los niños disfrazados practican el llamado. Cuando se abren las puertas de las casas, gritan “trick or treat” (truco o trato), para dar a entender que gastarán una broma a quien no les dé una especie de aguinaldo, golosina o dinero. Y aunque los pequeños suelen encontrarse esa noche para “buscar espíritus”, ataviados con horrorosos trajes, es apenas un juego de niños, y a veces hasta “casa del terror” sus padres les preparan, para divertirse.