Por Gabriel Arias
salud@cronica.com.ar

Apesar de transitar el siglo XXI y con el avance de la ciencia de nuestro lado, una nueva amenaza se posa sobre el planeta Tierra. Se tra- ta del coronavirus, una pandemia que avanza a pasos agigantados en número de casos y muertos, aunque a diferencia de otras pestes acaecidas en el pasado, cuenta con un grupo de “enemigos”, por así llamarlos, como las redes sociales, las comunicaciones y la tecnología que los mismos seres humanos han desarrollado y que terminan sien- do aliados para contar qué ocurre y de alguna manera poder unir cual- quier latitud del mundo en sólo un abrir y cerrar de ojos. Claro que no siempre fue así. Esta enfermedad que lleva miles de afectados y falle- cidos aún está lejos de alcanzar las peores pestes que sufrió la huma- nidad en su historia, las cuales fue- ron numerosas y contundentes a la hora de contabilizar las víctimas.

Viaje al pasado

Al entrar en una máquina del tiem- po virtual, el primer acontecimien- to del que se tenga registro ocurrió en el siglo II, cuando en tiempos de Marco Aurelio apareció la deno- minada “Peste Antonina” y se ex- tendió por toda Italia, incluso a la Galia. A los nueve días de contraer la enfermedad, la persona se moría. Ya en tiempos de Pericles (siglo V a.C.), la “Peste de Atenas” asoló Grecia y fue el historiador Tucídi- des quien confirmó que la misma llegó desde Etiopía y, además de matar a Pericles, lo hizo con otras 50.000 personas. En el año 541 una terrible plaga sacudió a Egipto y el emperador Justiniano la padeció, al igual que 600.000 personas que murieron por esta mezcla de peste bubónica y cólera. La peste negra fue la pesadilla de Europa en plena Edad Media, que devastó casi todo el continente en el siglo XIV. Se dice que la enfer- medad llegó a la India, y que se cobró la vida de casi dos tercios de la población.

En suelo americano

Una de las enfermedades que afectaron al continente america- no fue la viruela, la cual fue in- troducida por los españoles y se cree que pudo ser la aliada de los europeos a la hora de conquistar pueblos, ya que se dice que un tercio de la población indígena murió por la misma. Las primeras referencias que se tie- nen de la sífilis datan del siglo XV, y se cree que se propagó por Euro- pa tras el sitio de Nápoles en 1495. A comienzos del siglo XX, el 15 por ciento de la población europea la padecía, y entre ellos muchas ce- lebridades de todo ámbito, ya que entre otros la padecieron Ludwig van Beethoven, Oscar Wilde, Cris- tóbal Colón, Vincent Van Gogh, Friedrich Nietzsche y el propio Adolf Hitler. Gabriel Arias salud@cronica.com.ar

Tiempos de cólera

Desde Asia llegó a Europa una enfermedad llamada cólera, y su llegada en 1830 causó 30.000 muertos en Inglaterra en 20 años, aunque la que peor la sufrió fue España, ya que los brotes de 1843 y 1854 causaron 300.000 muertes. Con el comienzo del siglo XX, las enfermedades tampoco tardaron en llegar y en 1918 apareció la de- nominada “gripe española”, que según los historiadores causó un número de víctimas similar al de la Primera Guerra Mundial. De hecho, se cree que esta peste pudo ayudar a que termine ese conflicto bélico, además de afectar económi- camente a Europa. En la década del ’40, países como Grecia, Italia y España sufrieron la siempre temida malaria. En suelo español se registraron 400.000 casos y 1.300 muertes. Aunque la misma ya desapareció del Viejo Continente, sigue sumando vícti- mas en la actualidad en África, ya que se la relaciona directamente a la pobreza, la falta de higiene, el hacinamiento y la mala alimenta- ción, flagelos que se manifiestan en enormes regiones del territorio africano.

Aparece el sida

En 1981, cinco casos de neumonía en territorio de los Estados Uni- dos no hacían prever que una en- fermedad sería tan letal que hasta nuestros días continúa causando víctimas, aun cuando en la actuali- dad existen tratamientos para com- batirla, pero se sigue buscando una vacuna que la pueda llegar a evitar. Un año más tarde, la misma recibió el nombre de Síndrome de Inmu- nodeficiencia Adquirida (SIDA). La enfermedad es producida por un virus conocido con las siglas en inglés HIV. Desde hace mucho ha dejado de ser un mal que solamen- te se contagiaban quienes tenían sexo no seguro o relaciones entre personas de un mismo género, y cualquiera puede ser víctima, ya sea como portador del virus o infecta- do con el mal.

En nuestro siglo

Iniciado el siglo XXI, otras enfer- medades aparecieron en la órbita de la salud de los seres humanos, por ejemplo, el Síndrome Respi- ratorio Agudo (SARS) en 2002 (del que se menciona que es se- mejante al coronavirus y prove- niente de Asia). La denominada gripe A en 2009, que trajo a la memoria la Gripe Española; el Síndrome Respirato- rio de Oriente Medio (MERS) en Arabia Saudita en 2012; el Ébola que tuvo gran repercusión en el continente africano entre 2014 y 2016, y el Zika, que trajo muchos problemas en el continente ame- ricano y casi logra la suspensión de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016. Por estos días, los habitantes de la Tierra se enfrentan a un nuevo “enemigo”: el coronavirus, que ya ha paralizado todo tipo de activi- dad a nivel global, pero que, con prevención, haciendo caso a los consejos de las autoridades sani- tarias de cada ciudad, y con la tec- nología existente, los seres huma- nos pueden terminar ganándole esta “guerra”.

La fiebre amarilla fue letal en el país

Mientras el mundo se debate entre la vida y la muerte con la llegada del Covid-19, hay que destacar que en nuestro país se registró una enfermedad que se cobró la vida de 14.000 personas en un plazo de apenas seis meses, allá por 1871. En plena presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, la fiebre amarilla ya había comenzado a cobrarse muchas víctimas fatales en Brasil y luego en Paraguay, donde se desarrollaba el fin de la Guerra de la Triple Alianza. La vuelta de los soldados sobrevivientes del frente de combate, más la llegada de personas a través de barcos provenientes de Brasil, originaron que la enfermedad se instalara en las provincias del Litoral y en la ciudad de Buenos Aires.

Tan dramática fue la situación vivida en Buenos Aires, que parte de la población decidió irse de la ciudad por temor a contraer la enfermedad, que llegó a matar al 8 por ciento de los habitantes de la urbe porteña (la mayoría inmigrantes europeos y personas de raza negra). Además de las causas mencionadas anteriormente, la presencia del mosquito Aedes aegypti, el mismo vector que contagia el dengue, en esa época de verano potenció la transmisión de los casos en la zona.

También hay que agregar que la contaminación de las napas de agua por desechos humanos y la poca provisión de agua potable potenciaron el desarrollo de la fiebre amarilla. Otra ciudad que sufrió la pérdida de muchas vidas fue Corrientes, un paso casi obligatorio entre Paraguay y Buenos Aires, y donde en el transcurso de seis meses fallecieron 2.000 personas aquejadas por este mal, mientras que otras localidades de esa provincia lamentaron la muerte de 500 personas más.

A todo esto, la falta de cementerios en la ciudad hizo que se vivieran momentos de dramatismo y miserabilidad, ya que los habitantes de raza negra, en su totalidad de condición pobre, fueron depositados en fosas comunes. En cuanto al resto de los fallecidos, fueron enviados al Cementerio del Sur (hoy Parque Ameghino) pero su capacidad fue desbordada y ahí entró en acción el Cementerio del Oeste (en la actualidad Chacarita), en donde cientos de muertos llegaban en las noches en pequeños vagones ferroviarios para ser cremados.

Cuando el virus dejó de ser un simple brote

Ariel Guglielmetti
salud@cronica.com.ar

Cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) el pasado 12 de marzo, debido al gran avance que tuvo el Covid-19 a nivel mundial, anunció que dicha enfer- medad dejó de ser sólo un brote y pasó a convertirse en una pande- mia, todo cambió.

En su momento, Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la OMS, aseguró que, en cuanto a la men- cionada clasificación, “si se usa incorrectamente puede causar un miedo irrazonable o una acepta- ción injustificada de que la lucha ha terminado”.

Para no entrar en un estado de pá- nico innecesario es muy importante saber cuál es la diferencia entre un brote epidémico y una pandemia. Un brote epidémico es una clasifica- ción usada en la epidemiología para denominar la aparición repentina de una enfermedad debida a una infección en un lugar específico y en un momento determinado.

El ejemplo más claro de esta situa- ción es cuando se produce una in- toxicación alimentaria provocando que aparezcan casos durante dos o tres días. Otro ejemplo son los brotes de meningitis o sarampión que pueden llegar a extenderse dos o tres meses. En cambio, para que se declare el estado de pandemia se tienen que cumplir dos criterios: que el brote epidémico afecte a más de un con- tinente y que los casos de cada país ya no sean importados sino provo- cados por trasmisión comunitaria.

Mientras los casos eran impor- tados y el foco epidémico estaba localizado en China la situación era calificada de brote epidémico, pero en el momento en que salta a otros países y empieza a haber contagios comunitarios en más de un continente se convierte en pandemia.

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