Es a las costas del río Pilcomayo y a la zona formoseña de la Triple Frontera donde habitualmente Ariel viaja una vez al año, con la ayuda de transportistas y de quienes donan diferentes mercaderías de primera necesidad como alimentos y útiles escolares.

Al respecto, el mentor de la iniciativa relató que “vengo de abajo, siempre fui un laburante y en un momento puse en marcha una fábrica de remeras. Me empezó a ir bien y como nuestras prendas llevan insignias aborígenes, decidí retribuirlo, donando parte de ellas a las comunidades de la zona que se conoce como el chaco paraguayo”.

Una admirable obra benéfica que comenzó a gestarse cuando Bais, a través de un familiar conoció a Alcides, un hombre oriundo de Formosa que asistía a parte de la comunidad aborigen local, que cuenta con casi 15.000 miembros.

A él, entonces, le contó su deseo de colaborar con los pueblos originarios del norte, pero que para ello necesitaba saber a quiénes destinarlos. Por lo tanto, Alcides le marcó el camino que hoy es uno de sus principales motores de vida, y con el que intentará “terminar un tinglado que hizo para construir una escuela de arte y convertirlo en un espacio donde se desarrollen espectáculos artísticos y talleres culturales”.

Una gran movida No obstante, en su accionar Ariel no está sólo: lo acompañan decenas de personas que desde su lugar se sumaron a la causa, por ejemplo los camioneros que ponen a disposición sus transportes y los comerciantes que suministran sus mercaderías para los niños formoseños.

En este sentido, el impulsor de la cruzada reveló que “siempre se suma gente nueva. Lo mío es sólo un aporte, porque soy un agradecido a la vida que tengo, a mis cinco hijas y porque afortunadamente nunca me faltó nada”.