La enfermedad se produce por un exceso de bilirrubina en el flujo sanguíneo.

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Todos sabemos que uno de los momentos más sublimes de una pareja es cuando se produce el nacimiento de un hijo y la familia comienza a tomar forma. Sin embargo, en ese acto de amor que es el parto, se deben considerar ciertos problemas que esa nueva vida pueda traer consigo. Males que seguramente se pueden superar, pero que obligarán a los papás y también a los médicos a poner mucha atención. Una de esas enfermedades es la ictericia, una afección frecuente en los neonatos que suele provocar que la piel y la esclerótica (las partes blancas de los ojos) tomen una tonalidad amarilla subida de tono, que está producida por un exceso de bilirrubina en el flujo sanguíneo.

No perder la calma
Si esos papás son primerizos y no están lo suficientemente duchos con el manejo del bebé, lo importante será no perder la calma. La ictericia es, generalmente, una enfermedad cuyo pronóstico es bueno y el neonato logrará recuperarse por completo, una vez puesto en tratamiento.

En la mayoría de los casos de ictericia neonatal, que se encuadra entre moderada o leve, no se requiere tratamiento, sino que la afección va a desaparecer cuando se cumpla el período que va de una a dos semanas, tiempo en el que el bebé logra por sí mismo eliminar el exceso de bilirrubina en sangre.

En cambio, si el cuadro se presenta más complejo y específico, con los controles y el tratamiento apropiado que le brindará el facultativo, se logrará eliminar la afección, muy probablemente para la duodécima semana de vida del bebé.

Diferentes tipos
Son cinco las variables de esta enfermedad, aunque hay algunas que son mucho más comunes. Así, la ictericia fisiológica, también llamada normal, incluye a la mayoría de los recién nacidos, quienes presentan este tipo de ictericia leve debido a la inmadurez de sus hígados. Generalmente aparece entre el segundo y el cuarto día de vida y desaparece cuando tienen entre una y dos semanas de vida.

Hay otro tipo que se lo conoce como la ictericia del prematuro. Se da cuando los bebés que nacen antes de 37 o 38 semanas de gestación, no siempre son capaces de alimentarse adecuadamente y sus cuerpos están todavía menos preparados para excretar la bilirrubina eficazmente.

La tercera tipología es la ictericia asociada a la lactancia materna. En estos casos, la afección puede generarse debido a que un bebé amamantado no está ingiriendo la suficiente cantidad de leche materna, y de allí su denominación. Y se puede dar por dos cuestiones: debido a sus propias dificultades con la lactancia, o bien porque a su mamá aún no le ha subido la leche, aunque hay una tercera razón por la que también puede ocurrir, y es cuando la alimentación se programa en base a la ingesta programada por reloj y no por la demanda espontánea que tiene el bebé de alimentarse.

Otras variantes
En cuanto a la ictericia asociada a la leche materna, se da en un porcentaje mínimo, que va del 1 al 2 por ciento de los neonatos amamantados. El tema es que este tipo de ictericia se produce debido a ciertas sustancias presentes en la leche materna que pueden hacer que aumente la concentración de bilirrubina en sangre, debido a que las mismas impiden la excreción de bilirrubina a través de los intestinos. Este tipo de ictericia aparece entre los tres a cinco primeros días de vida del recién nacido y suele mejorar lentamente entre la tercera y la duodécima semana.

Otro tipo de ictericia se da debido a incompatibilidad de grupo sanguíneo (problemas de Rh o ABO). En estos casos, si un bebé tiene un grupo sanguíneo distinto del de su madre, es posible que la madre fabrique anticuerpos que destruyan los glóbulos rojos de su hijo, provocando una acumulación repentina de bilirrubina en la sangre del lactante. La ictericia producida por la incompatibilidad de grupo sanguíneo puede aparecer ya el primer día de vida. Antes, los problemas de Rh ocasionaban la forma de ictericia más grave, pero en la actualidad esos casos se pueden prevenir simplemente inyectando inmunoglobulina Rh a la mamá.

La voz profesional
La doctora María Cecilia Avancini (médica pediatra y jefa de Pediatría de Vittal) resalta que, “en ciertos casos, es recomendable amamantar al bebé con más frecuencia, hasta 12 veces al día, o darle biberones complementarios de leche artificial para ayudarlo a eliminar la bilirrubina a través de las heces”, explica. Y agrega que “también hay casos en los que el médico le puede pedir a la madre que deje de amamantar a su hijo durante cierto tiempo. Cuando eso sucede, la mamá debe continuar extrayéndose la leche mediante una bomba para mantener la producción y poder reanudar la lactancia cuando el bebé haya superado la afección”.

Asimismo, la pediatra indica que, para los niveles altos de ictericia se puede utilizar la fototerapia, un tratamiento con una lámpara especial que ayuda al cuerpo a eliminar la bilirrubina, y si un bebé presenta una ictericia grave, que no responde a las indicaciones habituales, puede ser necesario hacerle una transfusión de sangre, siempre en la consideración del facultativo a cargo.

Principales síntomas, claves para la detección
Estas son las señales que hay que considerar y frente a qué cuadros los papás deberán dirigirse de inmediato a un control pediátrico.

  • Cuando el bebé tiene ictericia durante las primeras 24 horas de vida.
  • Si la ictericia se está extendiendo, oscureciendo o intensificando.
  • Si el bebé tiene una temperatura rectal de más de 37,8ºC.
  • Cuando el niño recién nacido no se alimenta bien.
  • Si los papás perciben que el bebé está más somnoliento que de costumbre.