Cuando sólo tenía 17 años, Javier Paniagua ya colaboraba con un merendero de Ingeniero Maschwitz. Se hacía tiempo para dedicarse a los más chicos, mientras cursaba su último año de la escuela secundaria y, al mismo tiempo, se entrenaba en el Club Social y Deportivo Muñiz, donde continúa jugando en las divisiones inferiores.

Su historia fue publicada por Crónica el viernes 21 de abril y la nota tuvo una gran repercusión, dado que al día siguiente una mujer se contactó con Crónica desde Chile para poder colaborar con el merendero. Se trataba de Silvina Fonseca, quien le hizo llegar a Javier un paquete con las pecheras de fútbol que necesitaban los chicos para poder jugar, algo que hacían de modo recreativo bajo el entrenamiento de este joven, que, con su corta edad, se encargó de realizar los trámites correspondientes para poder recibir la donación desde el país trasandino.

En su propia casa

Hasta este punto, la historia era maravillosa, pero con los cambios que hubo en el último tiempo, el relato se tornó más emotivo aún, porque ya con 18 años, Javier decidió destinar una parte de su casa para merendero. Allí, en Maquinista Savio, él vive con su mamá y sus hermanas, quienes aceptaron gustosas la propuesta. "Decidí armar todo en mi casa", dice con humildad. Ayer se cumplieron dos meses desde que 45 niños acuden semanalmente al hogar de Javier, llamado "Tesoros de Dios". Y no sólo meriendan, sino que entrenan bajo el mando del futbolista de Muñiz, en una plaza ubicada a pocos metros.

"Por ahora, sólo funciona lunes, miércoles y viernes hasta que nos organicemos bien. La idea es, con el tiempo, poder prepararles comida, además de la merienda", agregó el joven, que cuenta con el apoyo y la aprobación de su familia. "Ellas también querían tener el merendero", dice respecto de su mamá y sus hermanas.

Dentro de esta maravillosa historia, se destaca, además, la presencia de un niño de 10 años, llamado Alejandro, que sufre una parálisis en el lado izquierdo de su cuerpo. Sin embargo, él también juega al fútbol en la plaza con el resto de los chicos. "Es una prueba de superación, de que se puede salir adelante", agregó Javier, quien hace sonreír a un gran grupo de chicos gracias a su propio emprendimiento.

Encuentro 

En los últimos días, Javier y Silvina pudieron conocerse luego de mantener conversaciones telefónicas durante todo el año. Sin embargo, la solidaridad de la mujer trasandina no terminó ahí, pues cuando llegó a Argentina lo hizo con varios paquetes para que este joven pudiera continuar su carrera deportiva con botines profesionales y para los chicos, para que tengan con qué jugar al fútbol a pocos metros del merendero. Y su idea es seguir aportando materiales, para que, con su ayuda y el gran espíritu de Javier, estos niños se lleven los mejores recuerdos de su infancia.

Un camino solidario

¿Cuándo empezó a ayudar? Desde finales del año pasado, Javier comenzó a colaborar en el merendero “Jesús y los niños”, en Ingeniero Maschwitz.

¿Cuándo fundó su merendero? El 16 de octubre nació en su casa de Maquinista Savio “Tesoros de Dios”, donde 45 chicos van a tomar la leche tres veces por semana y a jugar al fútbol.

¿Quién lo ayudó? Silvina Fonseca, desde Chile. Primero donó pecheras de fútbol. Ahora les regaló botines.

¿Qué planes tiene? Javier quiere que “Tesoros de Dios” se convierta pronto en un comedor y no sólo merendero.

De perfil bajo, Javier posa junto a Silvina Fonseca y los chicos que asisten a su merendero.