Por Gabriel Arias
salud@cronica.com.ar

La llegada de las vacaciones hace que muchas familias planifiquen su viaje de modo que el traslado hacia ese destino sea lo más placentero posible, existiendo varias alternativas para llevarlo a cabo. Una de ellas es viajar en avión, algo que requiere de organización, y más en el caso de ir con menores, por los varios factores que hay que tener en cuenta, ya que tomar decisiones a tiempo y planificar las cosas puede aliviar la tarea de los adultos.

Entre los principales puntos a considerar, según la doctora Mariela Ghiggi (M.N. 90.166) figuran los siguientes:

1) Planificar el horario del viaje:

Se recomienda elegir un horario que se adapte a la rutina de los niños, teniendo en cuenta no sólo la duración del vuelo, sino también el tiempo que tienen que permanecer en el aeropuerto y las posibles escalas. Por ejemplo, si se suben a un vuelo transoceánico, viajar de noche puede ayudar a que se les pase más rápido, ya que el tiempo que estarán despiertos será menor. Cuando los vuelos son más cortos o los niños acostumbran dormir siesta, viajar antes del mediodía puede ser una opción acertada. En ese sentido, trasladar a niños menores de seis meses suele resultar más fácil. Después de todo, en el avión harán lo mismo que en casa: tomarán el pecho o la mamadera y el resto del tiempo dormirán, ya sea en los brazos del adulto o en las cunas que ofrecen las aerolíneas.

2) Comida en el avión:

En el momento de alimentarlos, la lactancia materna suele ser una ventaja. Sin embargo, en caso de que tomen mamadera, se puede solicitar al personal que la caliente. Además,se puede llevar la cantidad suficiente de agua para darles de beber o preparar leche de fórmula. Si ya comen sólidos y es un viaje corto, una opción muy útil es llevar frutas, galletitas o cereales. Para vuelos largos, se permite llevar comida preparada desde casa. De todas formas, se puede consultar en la compañía aérea acerca del menú infantil y sus condiciones.

3) Vestimenta:

Cada niño, ocupe o no asiento, puede llevar una valija de mano. En ella es conveniente colocar la ropa y los juguetes que los adultos crean necesarios para encarar el viaje. Es importante contar con una muda para cambiarlos, ya que por diversas situaciones, como salpicaduras, vómitos y sudoración, puede ser bastante necesario. En ese sentido, se recomienda llevar una cantidad considerable de pañales, así como medias y también algo de abrigo, incluso en verano: además de prevenir que pasen frío, es importante que se sientan cómodos en el momento de viajar.

4) ¿Qué hacer con el carrito?:

La coordinadora pediátrica de la Clínica Olivos sostuvo que “el carrito es un compañero indispensable en todo viaje y para viajar en avión es muy recomendable, porque evita el estrés de trasladar a los niños en el aeropuerto. Incluso, se puede dejar en la puerta del avión y recibirlo antes de bajar. Llevarlo reducirá el estrés de los adultos y dará mayores posibilidades de descanso a los niños”.

5) Botiquín para el avión:

En los aviones la mayor parte de la medicación suele ser para adultos, aunque algunas veces se puede encontrar jarabe para niños. Sin embargo, abrirlo requiere una serie de autorizaciones y firmas de consentimiento. Por ello, se recomienda armar un botiquín propio antes de abordar: este debe tener un termómetro, un jarabe de paracetamol o ibuprofeno y alguna medicina para los vómitos. En caso de que el niño tome una medicación, por ejemplo para los bronquios, convulsiones o diabetes, esta debe estar incluida y quedar al alcance. Se aconseja llevar una receta u orden médica para evitar problemas durante los controles de seguridad.

6) Entretenimiento a bordo:

Que los niños estén entretenidos es clave para que no sientan demasiado la duración del vuelo. Una estrategia es llevar cuentos, juegos de mesa, pinturitas, muñecos y hasta dispositivos electrónicos para hacer más llevadero el viaje. El rol del adulto aquí es fundamental, ya que debe animarlos e incentivarlos al juego mientras estén despiertos. Una opción, para niños de mayor edad, es aprovechar las pantallas propias de la cabina para que vean series o películas.

7) El momento del aterrizaje:

Como se producen cambios bruscos de presión, adultos y niños suelen sentir molestias en los oídos e, incluso, muchas veces, estos se tapan. Los más pequeños no pueden comprender lo que les pasa y lo viven como una situación desagradable, que muchas veces se manifiesta a través del llanto. Para los menores de 2 años es útil darles el pecho o la mamadera u ofrecerles su chupete. Esto ayudará a evitar que se tapen los oídos y los mantendrá distraídos. En el caso de los niños más grandes, se les puede sugerir que mastiquen o que soplen tapándose la nariz. Si bien cada niño y cada viaje tendrán sus particularidades, pensar en todas las eventualidades ayudará a estar bien preparados y más relajados a la hora de abordar. Lo importante es recordar que este momento es sólo el medio para alcanzar el destino, más estimulante aún es si el motivo del viaje son vacaciones. 

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