J. Fernández Gentile
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Las agujas de las brújulas apuntan siempre hacia el norte. Desde hace varios siglos sabemos que ese comportamiento se produce porque el mismo planeta Tierra es magnético.

Fue el investigador británico sir William Gilbert, científico y médico de la corte de la reina Isabel I de Inglaterra, quien propuso por primera vez la existencia del campo magnético terrestre. Imagine que un día se despierta y descubre que todas las brújulas apuntan hacia el sur en lugar del norte.

Parecería algo extraño, imposible de suponer, aunque no lo es tanto. Sucede que el campo magnético de nuestro planeta se movió de un tirón, aunque, por supuesto, no en una sola noche ni de una vez.

Este fenómeno se ha producido muchas veces durante la historia del cuerpo celeste. Su campo magnético dipolar, como el de un imán de barra, mantiene aproximadamente la misma intensidad durante miles de millones de años, pero por razones que aún se desconocen, de vez en cuando se debilita y entonces cambia de dirección.

Tal es así que en la actualidad se está viviendo una etapa de tensión, considerando que los polos magnéticos de la Tierra están a punto de intercambiar posiciones.

Tanto, que los expertos advierten que la inversión podría causar apagones generalizados y volver inhabitables varias regiones del mundo, tal como lo conocemos hoy.

Las razones

La Tierra tiene un núcleo fundido considerado por los investigadores como feroz, y que genera un campo magnético capaz de defender nuestro planeta contra los devastadores vientos solares, una de las máximas manifestaciones que “circulan” en nuestro sistema planetario.

Así, el campo de protección se extiende miles de kilómetros hacia el espacio y su magnetismo afecta todo, desde la comunicación global hasta las redes eléctricas.

Pero este campo magnético, tan importante para la vida que desde siglos existe en nuestro hábitat, se debilitó en un 15 por ciento en los últimos 200 años. Situación que, según afirman los científicos, podría ser una señal de que los polos de la Tierra están a punto de intercambiar posiciones.

Vale remarcar que un estudio afirmó que el planeta está experimentando un período natural de poca nubosidad, debido a la entrada de menos rayos cósmicos a la atmósfera.

La radiación a nivel del suelo también aumentaría, con algunas estimaciones que sugieren que la exposición general a la radiación cósmica se duplicaría, causando, entre otras calamidades y cambios, más muertes por cáncer.

Contratiempos

En ese contexto los investigadores predicen que, en caso de voltearse los polos de la Tierra, cada año calendario unas cien mil personas morirían por el aumento de los niveles de la radiación espacial que recibe nuestro suelo.

La radiación podría ser 3-5 veces mayor que la de los agujeros de ozono artificiales. Asimismo, los agujeros de ozono serían más grandes y de mayor duración.

Los científicos han descubierto que las ollas antiguas pueden actuar como una cápsula magnética del tiempo.

Esto se debe a que contienen un mineral a base de hierro llamado magnetita. Cuando se forman ollas, los minerales de magnetita se alinean con el campo magnético de la Tierra, al igual que las agujas de la brújula.

¿A qué se llegaría con estos cambios? Si el campo magnético de la Tierra sigue disminuyendo, durante miles de millones de años, nuestro querido planeta podría terminar como Marte, que ha sido un mundo alguna vez oceánico pero que se ha convertido en un suelo árido y seco, incapaz de sustentar la vida.

Que no sea inestable

Teniendo en cuenta que el campo magnético terrestre protege la vida de las partículas energéticas del sol y los rayos cósmicos, los cuales pueden causar mutaciones genéticas, el debilitamiento o pérdida temporal del campo antes de un cambio permanente podría aumentar las tasas de cáncer.

El peligro para la vida sería aún mayor si la inversión fuera precedida por largos períodos de comportamiento magnético inestable.

De todas maneras, no serían los únicos inconvenientes: también estaríamos expuestos a los vientos solares capaces de perforar agujeros en la capa de ozono.

Además, el impacto podría ser devastador para la humanidad, anulando las redes eléctricas.

¿Se acortan los tiempos?

Para entender mejor de qué estamos hablando, hay que comprender que nuevas evidencias indican que la intensidad del campo magnético de la Tierra está disminuyendo diez veces más rápido de lo normal, lo que lleva a algunos geofísicos a predecir un cambio dentro de unos pocos miles de años.

Es cierto, el problema no lo tendremos nosotros ni nuestros hijos, pero da para pensar que la aceleración ha sido mucho más de lo esperado.

A pesar de que una inversión magnética es un importante fenómeno de escala planetaria impulsado por la convección en el núcleo de hierro de la Tierra, los científicos aseguran que no hay catástrofes asociadas con inversiones pasadas que hayan quedado en el registro geológico y biológico. Lo que tampoco asegura que eso no vaya a suceder.