Por Leo Schwarz
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En casi todos los rincones del mundo, investigadores y arqueólogos se toparon con hallazgos que difícilmente se pueden explicar con precisión, y menos a simple vista. Sin ir más lejos, en los últimos años surgió un acalorado debate entre los expertos, considerando que un descubrimiento en la ciudad estadounidense de Oklahoma podría reescribir la historia del planeta.

Es que, según el reportaje del diario “The Oklahoman”, uno de los más destacados de la región, apareció una estructura que sería de hace 200.000 años atrás. A la hora de hacer un detalle minucioso es necesario remarcar que, en 1969, trabajadores de una construcción se chocaron con los restos de este mosaico.

A priori, un arqueólogo fue testigo de lo que describió como un “suelo de mosaico masivo, con extraños agujeros”. Sin embargo, pronto surgieron varias preguntas, lo que generó entre los científicos un enorme debate: ¿qué antigüedad tenía ese piso? ¿Se trataba de una formación artificial o natural?

Aparecieron muchas inquietudes que los hombres que frecuentan el tema no pudieron contestar. Muchos estaban convencidos de que aquello era el resultado de una construcción creada por el hombre y no por la madre naturaleza. Pero si era tan antiguo, ¿quién podría haberlo creado? ¿Y si el enigmático suelo era lo único que quedaba de una estructura mucho mayor?

Las primeras menciones sobre este descubrimiento se remontan al único diario regional que cubría el área de la Gran Oklahoma City.

Según ese medio, Delbert Smith, presidente de la Oklahoma Seismograph Co y ex presidente de la Sociedad Geofísica de Oklahoma City, así como Durwood Pate, geólogo independiente, viajaron al lugar para estudiar el área y tomar muestras.

“Encontramos hoyos de postes que miden dos varas perfectas. La capa superior pétrea es muy lisa, y si levantas alguna piedra, encontrarás que es muy dentada, lo que indica desgaste en la superficie. Todo está demasiado bien colocado para ser una formación natural”, publicó.

En tanto, el doctor Robert Bell, arqueólogo de la Universidad de Oklahoma, expresó su opinión de que el hallazgo era una formación natural.

El Dr. Bell dijo que no podía ver ninguna evidencia de señales de mortero. Pero Pate, por otra parte, fue capaz de distinguir una especie de barro entre cada piedra. Delbert Smith, geólogo y presidente de la Compañía de Sismógrafos de Oklahoma, dijo que la formación, que fue descubierta unos 0,9 metros por debajo de la superficie, parecía cubrir varios miles de pies cuadrados.

El 1 de julio de 1969, The Oklahoman volvió a informar sobre el descubrimiento de un “segundo agujero a través de los estratos rocosos. Las mediciones revelaron dos agujeros para ser exactos, a 16,5 pies de distancia, exactamente una vara. Según Pate, la roca es caliza permiana unida con granos de cuarzo”.

Posteriormente, el 3 de julio, continuó con su cobertura, informando de este modo: “Los arqueólogos desplazados descubrieron un antiguo martillo de piedra en el lugar”. De esta manera, su antigüedad y su origen pueden seguir siendo un misterio a menos que un arqueólogo pueda ser persuadido pronto para ponerse al frente del proyecto.

Un sitio con grandes hallazgos

Por medio de la tecnología, cualquier información surgida de periódico puede girar por todo el mundo en menos de un minuto. Por eso no sorprende la trascendencia que tuvo la publicación que hacía alusión a los 200.000 años de antigüedad de la estructura descubierta en Oklahoma.

A priori, lo que más revuelo genera es la época en la que supuestamente fue encontrada, aunque es cierto que en esa ciudad hubo varios hallazgos curiosos.

Uno de ellos fue descubierto en 1912 en una mina de Wilburton por Frank J. Kennard: una especie de cazuela de hierro incrustada dentro de un trozo de carbón.

El carbón que se originó de las minas de Wilburton, Oklahoma, se estimó en aproximadamente 300 millones de años de antigüedad.  Al respecto, Kennard explicó que “mientras trabajaba en la Planta Eléctrica Municipal de Thomas, Oklahoma, en 1912, me encontré con un sólido trozo de carbón que era demasiado grande para ser usado. Lo rompí con un martillo. Esta olla de hierro cayó del centro dejando el molde de impresión de la olla en la pieza de carbón. Jim Stall (un empleado de la compañía) fue testigo de la rotura del carbón y vio caer la olla. Rastreé el origen del carbón y descubrí que provenía de las minas de Wilburton, Oklahoma.