El fútbol es un juego en el cual el público va a ver si puede divertirse, y se divierte cuando un equipo está en plan de víctima... pero como el fútbol se ha modificado completamente, ahora todos los equipos están en la búsqueda de ganar un campeonato, y por eso no hay partidos fáciles. La búsqueda de un gol o dos, sería asegurarse un partido. Pretendo que mi equipo luche para evitar la discontinuidad, que guste y que tenga fútbol”.

Esta declaración refleja el pensamiento de Juan Carlos Lorenzo, quien sin dudas fuera el artífice del Boca ganador de la primera Copa Libertadores, de la siguiente y de lo que fue la primera Copa Intercontinental para el Xeneize, ante el Borussia Monchengladbach, en partido de ida y vuelta.

Muchos aseguran que su paso por Italia lo marcó definitivamente. Que su táctica, su estrategia, era puro catenaccio, forma de defender que apareció en aquel país a fines de los años ‘30 y que el Toto fue mamando como jugador en la Sampdoria. Luego, como DT, fue el impulsor de un estilo de juego sólido, de líneas impenetrables y de equipos adultos; con jugadores que eran verdaderos hombres dentro de la cancha.

Cuando arrancaba la temporada de 1977, Lorenzo comentaba en una entrevista que “el año pasado se nos dieron todas. Tuvimos la suerte de ganar Metro y Nacional. Espero este año ganar la Copa.

En este tipo de competición Boca no ha tenido suerte, no ha tenido vocación; así que espero que se nos dé”. La palabrita “vocación” es determinante. Desde su llegada, el Boca copero se fue construyendo de a poco. Fue un Boca con “vocación” a los torneos internacionales y que, lo ratificó el paso de Carlos Bianchi por la entidad. Quizás Lorenzo y el Virrey hayan sido el agua y el aceite; pero ambos formaron conjuntos casi inquebrantables, con la seguridad de saber qué hacer dentro de la cancha, sin la necesidad de mirar al banco de suplentes.

Chicanero...

El Toto fue también el gran autor de las chicanas futbolísticas. De incentivar a algún dirigido suyo para que anule a algún rival; o para que en la final con Cruzeiro les dijera a sus futbolistas que en campo de Boca tenían prohibido hacer falta para que Nelinho no hiciera gala de su poderoso remate de tiro libre. Cosa que, finalmente, sucedió.

Lorenzo sabía. Y sabía de verdad. No por nada en la final intercontinental con el Borussia entendió que debía jugarles a los alemanes con “ligeritos”. Por eso no dudó en dejar afuera del equipo a la zaga titular compuesta por Pancho Sá y Mouzo en defensa; y de recurrir a la velocidad de los atacantes como Mastrángelo, Saldaño y Felman.

Fue ese entrenador que hacía inundar los costados del campo de juego para que ese lateral rival, que venía “flojo” físicamente, se terminara desgarrando. O mostrarle a la prensa que tal jugador estaba con un yeso en una pierna y al rato se lo veía salir a la cancha para jugar...

Fue un adelantado hasta para comprar jugadores. O mejor dicho, rompía con los moldes... Una vez, de cara a la temporada de 1977, en otro reportaje, dijo: “Boca tiene un plantel importante, pero necesita un valor que estamos buscando. Esperamos que se concreten las gestiones. A mí se me ocurrió pedir a Houseman; les hacemos una oferta... le podemos dar tres jugadores y un partido amistoso. Sería interesante”. El Loco, se sabe, finalmente no llegó. Pero queda claro que Lorenzo también fue un adelantado en eso de que los técnicos tuvieran tanta injerencia en las negociaciones.

Desde hoy tendrá su estatua en La Bombonera.

Toto Lorenzo, fallecido en 2001 y ganador de las copas Libertadores 1977 y 1978 y de la Intercontinental 1977, además del Metropolitano y el Nacional de 1976 a nivel local, tendrá a partir de hoy su propia estatua en el Museo de la Pasión Boquense, en La Bombonera. La misma estará junto a la de otros ídolos del club como Juan Román Riquelme, Diego Armando Maradona, Martín Palermo, Guillermo Barros Schelotto, Carlos Bianchi, Silvio Marzolini, Angel Clemente Rojas, Antonio Rattín y el Chapa Suñé.