Todas las plantas llegan a la etapa de su crecimiento en que necesitan ser trasplantadas, ya sea para poder extenderse y crecer en una maceta más grande, para que sus raíces se desarrollen con más espacio y fortalecerlas o para trasladarlas a otro sector o recipiente. Durante este proceso es clave trabajar con cuidado para proteger la planta y sus raíces, pero también lograr que su adaptación al nuevo ambiente ocurra de la forma más natural y menos invasiva posible.
¿Cuándo hacerlo?
Cada planta tiene sus procesos naturales específicos, para determinar el mejor momento de trasplante hay que observar el estado de la misma: cuándo disminuye su actividad o si el crecimiento es más lento. Si esto sucede, es hora de reubicarlas. El paso previo al proceso de trasplante consiste en realizar un saneamiento general de la planta. Revisar sus tallos y hojas, retirar aquellos que estén amarillentos o en mal estado, curar las plagas que puedan afectarla, etc. Respecto al horario más conveniente para el traslado, es mejor hacerlo cuando baja el sol o en un día nublado. De forma tal que no esté expuesta a los rayos del sol mientras se trasplanta.
Recomendaciones
Aunque puede parecer sencillo, trasplantar las plantas no es tarea fácil. Al tener en cuenta que es algo antinatural para ellas, el cambio de maceta puede afectar su desarrollo y bienestar. Así, para evitar que se debiliten conviene seguir una serie de pasos. Lo más importante y quizás el punto que requiere de más atención es la elección de la maceta y su material (Ver recuadro Macetas).
Si es muy pequeña no servirá, pero si es muy grande, tampoco. Por ejemplo: si se van a trasplantar plantas grandes (árboles, palmeras, etc.) es necesario un recipiente más ancho que profundo mientras que si se trata de un espécimen que alcanza hasta 50 cm. de altura, alcanzará con una maceta de 30 cm. de diámetro por al menos 20 cm. de profundidad. Otro paso muy delicado es al remover la planta de su antiguo hogar y su traslado hacia el nuevo.
En este aspecto, se debe tener mucho cuidado con la base para que no se desmorone. Lo ideal es regar la planta el día anterior al trasplante, de esta forma, será más fácil removerla. Antes de proceder, dar unos leves golpes en los costados de la maceta para aflojar la tierra y despegarla. Luego, dar vuelta el recipiente, con mucho cuidado, y dejar que la base vaya saliendo lentamente. Si está muy afirmada, pasar un elemento cortante por los bordes hasta que se despegue completamente. Quizá requiera cortar algunas raíces. De inmediato colocar la planta en su nueva maceta y cubrir con sustrato hasta enterrar las raíces. Regar algo para humedecer la tierra y dejarla reposar durante algunos días en una zona luminosa pero protegida de los rayos solares. Durante el período de adaptación habrá que vigilar la actividad de la planta y, ante cualquier signo de debilidad, chequear si la humedad, la luz o el sustrato son apropiados para el tipo de especie.

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