Por J.F.G.
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La discusión sobre si los animales piensan, si tienen alma, si se alegran o se entristecen no se termina, y se agranda cuando el debate roza el tema de los planos que habitan. Es real que poseen un instinto que, en algunos casos muy puntuales, como los perros, los gatos, algunos monos y otras especies consideradas mascotas, que conviven con los seres humanos, expresan emociones, pero no se conoce en profundidad si ese “sentimiento” es tal o resulta ser simplemento que su instinto de supervivencia los acerca. Aún así, muchas veces se nota que son confiados con sus amos, demuestran estados de “alegría” o “tristeza” según la ocasión, y sí son fieles seguidores de quienes los alimentan, los asean, los cuidan y les brindan amor.

Ese amor que los seres humanos, que en millones de casos son comparables al que le expresan a un ser querido, hacen que sientan en carne propia esa reciprocidad. Son ellos quienes defienden a rajatabla que la pureza de los animales, que actúan por sus instintos, los hace más considerados aún. Por eso mismo el dolor que provoca en una persona la muerte de su perrito o su gatito es comparable o mucho pero que perder a una persona. Porque sienten que son parte de sus vidas y que cada día con ellos sea todo un regalo. Que esa pérdida reparable no tiene retorno. Y cuando aún muchos les dan sepultura, como si fuese un humano, que el espíritu de esa mascota regrese a encontrarse con su amo, ya es algo más complejo de darse, aún cuando nadie puede discutir que pueda ser.

Sí existe

Algo es seguro, aunque la discusión aún no se ha zanjado, el alma de ese animalito también se eleva, por lo que muchos desconocen que el vínculo entre las mascotas y sus compañeros humanos no se rompe con la uno u otro. Sí está comprobadoi que algunas personas están más abiertas a la comunicación desde otro plano, pero eso no significa que se pueda percibir las señales que esas entidades envían.

En ese contexto, la forma o método de comunicación es idéntico al utilizado para contactar con aquellos seres queridos fallecidos. Es a través de esos signos que comparten su protección continua, y en ocasiones incluso para siempre. A través de las diferentes formas en que envían señales, sirven para calmar el dolor de la sensación física de pérdida que se experimenta.

Sucedió en Canadá

Eso es lo que ha experimentado una mujer canadiense, quien afirma haber fotografiado el fantasma de su perro fallecido en las cortinas del living comedor de su domicilio, apenas unas semanas después del fallecimiento del can. Michelle Creighton, de 44 años, no se ha resignado aún a aceptar el fallecimiento de Oakley, un gran danés de seis años, que murió en abril pasado. Aún así siente un marcado alivio, ya que asegura que el espíritu del perro se le apareció las cortinas de la sala de estar de su casa en Manitoba, Canadá, y pudo fotografiarlo.

Consuelo

A pesar de que para muchos se trata de una espeluznante aparición fantasmal, para Michelle fue un gran consuelo y alivio poder ver la imagen de su perro entre el cortinado, convencida de que su presencia aún está con ella, protegiéndola al igual que cuando estaba vivo. “Cuando vi por primera vez la sombra, pensé que mis ojos me estaban jugando una mala pasada, así que decidí fotografiarlo”, explicó Michelle al sitio británico Mirror Online. “Pero después de ver la imagen no podía creer lo mucho que se parecía a Oakley. Tomé rápidamente más fotos porque pensaba que nadie me iba a creer. Incluso me levanté y corrí las cortinas, y la silueta cambió y ya no podía ver la forma de mi perro. Se me puso la piel de gallina inmediatamente”.

A pesar de su sorpresa inicial, Michelle explica que la presencia de su fiel amigo Oakley le ha servido para para paliar su dolor, ya que está convencida de que se trata de una señal de que su perro siempre está cerca de ella.

“El encuentro me hizo sentir tranquila y decidí tomarlo como una señal de que él está bien y que está donde se supone que debe estar, en casa conmigo”, siguió explicando Michelle. “No he dejado de sonreír desde entonces y nada supera ese sentimiento, creo que su energía todavía está aquí. Cuando Oakley falleció me quedé completamente conmocionada y lloré durante días porque todo me recordaba a él y mi casa nunca volvió a ser la misma. Está enterrado en mi jardín trasero, por lo que siempre estará con nosotros, y sé que siempre me enviará una señal como esta, ya que significa que sé que está allí”.

La imagen del perro fantasma.