Por Conrado Moreno 
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Luego de cada elección, además de un sinfín de discusiones políticas, llega el dilema de si se debe implementar el voto electrónico o se debe seguir con el sistema tradicional de las boletas de papel. Sin embargo, la experiencia a nivel mundial no alimenta la idea de aquellos que desean instaurar esta modalidad de votación en la Argentina, donde ya hubo intentos en elecciones pasadas. Los principales problemas del voto electrónico son la inseguridad y la poca transparencia, mientras que su beneficio más directo es la rapidez en el recuento de los sufragios.

Su uso solamente se da en seis países en todo el mundo. Bélgica, Estonia, Brasil, Estados Unidos, Venezuela y la India son los únicos gobiernos donde se permite esta modalidad de votación. En Bélgica y Estados Unidos, su uso es parcial, ya que es utilizado en un 67% y un 35% respectivamente. Por otra parte, en Estonia no es obligatorio y, aquellos que deseen votar con la boleta de papel, puede hacerlo sin ningún problema. En nuestro país, solo se probó en las elecciones para jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires.

 Para entender la negativa de esta innovación, merece la pena analizar el caso en algunos países que, luego de probarla, la prohibieron. Holanda es uno de los casos más significativos porque ya en 1965 se implementó la medida. Desde entonces, más del 90% de los votantes usaban el sistema hasta que, en 2006, se detectaron numerosos casos de fraude en elecciones comunales.

Es así que en el 2008 el gobierno anuncio la vuelta al sistema tradicional de sufragio. Especialistas informáticos confirmaron que el voto electrónico ofrece más dudas que certezas. Explicaron que cuando se utiliza el denominado “e-voting” es más sencillo desplegar un ataque masivo de fraude electoral, que afecte al software que es usado en todo el territorio nacional. Mientras tanto, para manipular votos hechos con papel, uno tendría que atacar un número mayor de lugares donde se votó, tarea mucho más compleja.

Menor transparencia
Asimismo, el proceso del voto electrónico es menos transparente, ya que no todos tienen acceso a una tecnología como la utilizada para este sistema. Es más, en Argentina, el 30% de la población no tiene acceso a internet. De más está decir que usar una computadora no es lo mismo que dominar la tecnología gracias por la cual funciona.

Argentina no cuenta con un dominio generalizado de dicha técnica, lo que agrega aún más incertidumbre en el uso del voto electrónico. Con el correr de los años, veremos si esta herramienta favorece o no al proceso electoral pero, por ahora, no contamos con los requerimientos necesarios para garantizar su funcionalidad.