La COLUMNA DE JOS脡 NAROSKY

La leyenda de la Difunta Correa, un culto al amor inquebrantable de una madre

Un mill贸n de personas visitan cada a帽o el santuario que se construy贸 en su honor en Vallecito, San Juan. Su historia fue pasando de generaci贸n en generaci贸n y cada d铆a tiene m谩s devotos.

Por Jos茅 Narosky.

Hoy quisiera recurrir a una leyenda popular argentina聽que ilustra un sentimiento聽amor infinito, interminable e聽incomprensible para nosotros los varones: el amor de madre. La leyenda de la Difunta Correa.

Se sabe que se trata de una leyenda y las leyendas se caracterizan por ser m谩s cercanas a la ficci贸n que a hechos reales y adem谩s, porque las leyendas tienen autor desconocido. La Difunta Correa es una figura m铆tica semi-pagana que desde su ocurrencia en San Juan, se extendi贸 al sur de Argentina producto de la oleada de familias del norte atra铆das por el auge de la industria petrolera.

Lleg贸 tambi茅n a Chile y a Uruguay. En todos los casos, sus devotos pertenecen a las聽clases populares, entre las cuales cuenta con una gran devoci贸n. Su santuario esta ubicado en el peque帽o pueblo de Vallecito, en la provincia de San Juan, a 1160 kil贸metros聽de Buenos Aires y a 63 kil贸metros聽de la ciudad de San Juan. No se conoce el a帽o exacto de creaci贸n del santuario, pero se cree que fue entre 1935 y 1950. Se dice que all铆聽se producen milagros y cada a帽o聽miles de personas lo visitan cada a帽o para presentar sus respetos.

Deolinda Correa聽o Dalinda Antonia Correa聽fue una mujer cuyo marido, Clemente Bustos, fue reclutado forzosamente hacia 1840, durante las guerras civiles. Viv铆an en el departamento de Angaco (provincia de San Juan) donde viv铆a la familia.

Los soldados de la montonera que viajaba a La Rioja obligaron al marido de Deolinda聽 a unirse a las montoneras. Sin Clemente para protegerla, el comisario del pueblo comenz贸 a acosarla, 聽y lo hizo a tal punto que Deolinda, angustiada decidiera irse de su pueblo en busca de su marido, que le hab铆an dicho estaba en La Rioja. Desesperada tom贸 a su hijo lactante y sigui贸 las huellas de la tropa por los desiertos de la provincia de San Juan, llevando consigo s贸lo algunas provisiones de pan, charqui y dos chifles de agua.

Cuando se le termin贸 el agua de los chifles, Deolinda estrech贸 a su peque帽o hijo junto a su pecho y se cobij贸 debajo de la sombra de un algarrobo. All铆 muri贸 a causa de la sed, el hambre y el agotamiento. Cuando unos arrieros pasaron por el lugar al d铆a siguiente y encontraron el cad谩ver de Deolinda, su hijito segu铆a vivo amamant谩ndose de sus pechos, de los cuales a煤n flu铆a leche. Los arrieros la enterraron en el paraje conocido hoy como Vallecito y se llevaron consigo al ni帽o.

Al conocerse la historia, muchos paisanos de la zona comenzaron a peregrinar a su tumba, construy茅ndose con el tiempo un oratorio que paulatinamente se convirti贸 en un santuario. Hoy en d铆a mucha gente deja en el santuario de la difunta botellas con agua, para que "nunca le falte agua a la Difunta".

Las visitas al Oratorio de la Difunta Correa se producen durante todo el a帽o, pero son m谩s frecuentes en Semana Santa, el d铆a de las 脕nimas (2 de noviembre), la Fiesta Nacional del Camionero, durante las vacaciones de invierno y para la Cabalgata de la Fe que se realiza todos los a帽os entre abril y mayo. En las 茅pocas de mayor afluencia pueden llegarse a reunir hasta a trescientas mil personas; el promedio alcanzando 1.000.000 de personas por a帽o.

Por J.N.

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